EXPERTOS VS. INTELECTUALES
¿Qué se aprende en la universidad?
Cuando de un oficio se trata, resulta sencillo explicar en qué consiste un determinado trabajo. Con las profesiones universitarias el tema se complica: ejercer como abogado o médico no genera demasiadas dudas, pero, ser intelectual, ¿es un verdadero trabajo?
Sábado 27 de Agosto de 2011 | 10:31 Hs.
(Actualizado: 10:31 Hs.)
La universidad prepara al futuro profesional para trabajar en un campo específico del conocimiento, por ejemplo, ser médico cirujano, abogado penalista, profesor de historia americana. Los estudios universitarios imparten los conocimientos necesarios, en algunos casos, para que el estudiante se convierta el día de mañana en un experto.
El experto es un profesional formado profundamente en un tema. Está capacitado para dar cuenta de hasta dónde llega el conocimiento en ese recorte de la realidad que maneja. Puede ser una autoridad en el tratamiento de una determinada enfermedad o en alguna particularidad del clima.
El experto tiene una profusa experiencia en su materia, un saber fundado que lleva a la práctica eficazmente. Genera confianza, es creíble y por eso consultado. Presta un servicio a la sociedad de gran importancia: curar enfermedades, asesorar en materia de agricultura o qué tener en cuenta para aplicar un nuevo plan de estudios.
El especialista aplica el conocimiento científico para solucionar un problema, responder una pregunta, poner fin a una duda, aportar claridad en algún sentido. Ese es su trabajo, por todo eso es reconocido y valorado socialmente.
Su vigencia se basa en la actualización de sus saberes. Este profesional debe estar siempre al tanto de las novedades que día a día se producen en su ámbito de influencia, por eso asiste a congresos, cursos, lee la última bibliografía que se publica, está suscripto a revistas especializadas, realiza posgrados y doctorados. Los expertos serios y confiables, nunca dejan de estudiar, de informarse para brindar un asesoramiento confiable, basado en la última palabra en el tema, respaldado por los avances permanentes que propone la comunidad científica. “Ser un buen profesional”, en un sentido, pasa por llevar adelante todas estas acciones.
Pero hay otra figura que también se construye en la universidad: el intelectual, el investigador, el científico. Quienes elijen este camino, pueden empezar a transitarlo desde los primeros años, integrándose a equipos de cátedra, proyectos de investigación o becas.
Si el experto combate la duda, el trabajo de estos profesionales es reivindicarla. Si el especialista aplica saberes, el intelectual los cuestiona, busca otros puntos de vista, produce conocimiento, se interesa por lo que falta conocer.
El trabajo del experto es dar respuestas, brindar soluciones. El trabajo del intelectual es transformar, alterar, movilizar, discutir, poner en crisis. No siempre tiene fines prácticos. Algunas veces estas figuras se complementan, otras confrontan. Ambos son necesarios y se gestan en el seno de la universidad.
Ser intelectual
. “La historia de las ideas es impensable sin remontarse a aquellos intelectuales que, con su pensamiento indócil, más bien a menudo subversivo, han contribuido a poner en crisis los valores fundacionales de los dogmas (...) Todavía hoy los intelectuales se distinguen por su obsesiva manía de ´hacer cosas nuevas´”. (T. Maldonado, “¿Qué es un intelectual?, aventuras y desventuras de un rol”).
. “Ser intelectual consiste en hacer uso de un tipo de saber y de análisis que se enseña y se recibe en la universidad de tal forma que se modifique no sólo el pensamiento de los demás sino también el de uno mismo. Este trabajo de modificación del propio pensamiento y del de los otros me parece la razón de ser de los intelectuales”. (M. Foucault, “Saber y verdad”).
. “No me parece posible ni aceptable la posición ingenua o, peor, astutamente neutral de quien estudia, ya sea el físico, el biólogo, el sociólogo, el matemático o el pensador de la educación. Nadie puede estar en el mundo, con el mundo y con los otros de manera neutral. No puedo estar en el mundo, con las manos enguantadas, solamente comprobando. En mí la adaptación es sólo el camino para la inserción, que implica decisión, elección, intervención en la realidad. Hay preguntas que debemos formular insistentemente y que nos hacen ver la imposibilidad de estudiar por estudiar. De estudiar sin compromiso como si de repente, misteriosamente, no tuviéramos nada que ver con el mundo, un externo y distante mundo, ajeno a nosotros como nosotros a él”. (P. Freire, "Pedagogía de la autonomía").
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El experto es un profesional formado profundamente en un tema. Está capacitado para dar cuenta de hasta dónde llega el conocimiento en ese recorte de la realidad que maneja. Puede ser una autoridad en el tratamiento de una determinada enfermedad o en alguna particularidad del clima.
El experto tiene una profusa experiencia en su materia, un saber fundado que lleva a la práctica eficazmente. Genera confianza, es creíble y por eso consultado. Presta un servicio a la sociedad de gran importancia: curar enfermedades, asesorar en materia de agricultura o qué tener en cuenta para aplicar un nuevo plan de estudios.
El especialista aplica el conocimiento científico para solucionar un problema, responder una pregunta, poner fin a una duda, aportar claridad en algún sentido. Ese es su trabajo, por todo eso es reconocido y valorado socialmente.
Su vigencia se basa en la actualización de sus saberes. Este profesional debe estar siempre al tanto de las novedades que día a día se producen en su ámbito de influencia, por eso asiste a congresos, cursos, lee la última bibliografía que se publica, está suscripto a revistas especializadas, realiza posgrados y doctorados. Los expertos serios y confiables, nunca dejan de estudiar, de informarse para brindar un asesoramiento confiable, basado en la última palabra en el tema, respaldado por los avances permanentes que propone la comunidad científica. “Ser un buen profesional”, en un sentido, pasa por llevar adelante todas estas acciones.
Pero hay otra figura que también se construye en la universidad: el intelectual, el investigador, el científico. Quienes elijen este camino, pueden empezar a transitarlo desde los primeros años, integrándose a equipos de cátedra, proyectos de investigación o becas.
Si el experto combate la duda, el trabajo de estos profesionales es reivindicarla. Si el especialista aplica saberes, el intelectual los cuestiona, busca otros puntos de vista, produce conocimiento, se interesa por lo que falta conocer.
El trabajo del experto es dar respuestas, brindar soluciones. El trabajo del intelectual es transformar, alterar, movilizar, discutir, poner en crisis. No siempre tiene fines prácticos. Algunas veces estas figuras se complementan, otras confrontan. Ambos son necesarios y se gestan en el seno de la universidad.
Ser intelectual
. “La historia de las ideas es impensable sin remontarse a aquellos intelectuales que, con su pensamiento indócil, más bien a menudo subversivo, han contribuido a poner en crisis los valores fundacionales de los dogmas (...) Todavía hoy los intelectuales se distinguen por su obsesiva manía de ´hacer cosas nuevas´”. (T. Maldonado, “¿Qué es un intelectual?, aventuras y desventuras de un rol”).
. “Ser intelectual consiste en hacer uso de un tipo de saber y de análisis que se enseña y se recibe en la universidad de tal forma que se modifique no sólo el pensamiento de los demás sino también el de uno mismo. Este trabajo de modificación del propio pensamiento y del de los otros me parece la razón de ser de los intelectuales”. (M. Foucault, “Saber y verdad”).
. “No me parece posible ni aceptable la posición ingenua o, peor, astutamente neutral de quien estudia, ya sea el físico, el biólogo, el sociólogo, el matemático o el pensador de la educación. Nadie puede estar en el mundo, con el mundo y con los otros de manera neutral. No puedo estar en el mundo, con las manos enguantadas, solamente comprobando. En mí la adaptación es sólo el camino para la inserción, que implica decisión, elección, intervención en la realidad. Hay preguntas que debemos formular insistentemente y que nos hacen ver la imposibilidad de estudiar por estudiar. De estudiar sin compromiso como si de repente, misteriosamente, no tuviéramos nada que ver con el mundo, un externo y distante mundo, ajeno a nosotros como nosotros a él”. (P. Freire, "Pedagogía de la autonomía").
