Colaboración

El bosque social: el dilema del árbol

Jueves 16 de Febrero de 2012 | 11:24 Hs. (Actualizado: 11:26 Hs.)
Por Álvaro Irigoitia

Las personas por definición somos seres sociales, no estamos solas en este mundo, convivimos con otros individuos y casi siempre estamos rodeados, somos unos con los otros y otros para todos.
El árbol que cae en el bosque cuando no hay quien pueda observarlo o escucharlo, ¿realmente cae?¿estuvo alguna vez de pie?¿es realmente un árbol? . Como el árbol, nuestro accionar coexiste con el accionar de otras personas, y creo que la percepción que estas tengan de nosotros muchas veces determina el valor social que poseemos como individuos.
Entonces, lo que somos en alguna medida viene determinado por la mirada de los otros sobre nosotros, sobre nuestro actuar, sobre nuestro comportamiento, sobre todo lo que hacemos y dejamos de hacer. De esta manera, cualquier acción, buena o mala, tiene su repercusión en la mirada de los otros. Mientras que algunas veces nos encontraremos con sentimientos de aceptación y comprensión, otras tantas el rechazo y los prejuicios serán la respuesta inmediata a nuestro comportamiento observado o percibido por los demás.
A mi forma de entender, nuestra visión final sobre lo que somos y hacemos viene dada por el análisis de tres niveles perceptivos. Primero, nuestro ideal como personas, aquello que queremos ser o lograr como individuos. Segundo, aquello que percibimos sobre nuestro comportamiento actual y real. Y tercero, lo que los demás perciben sobre nuestro comportamiento actual y real. En la fusión de esos tres niveles se encuentra el valor final de la persona como un individuo único pero a la vez social. De esta manera nuestra percepción final sobre lo que somos viene dada por una noción futura, esperada y propia, una visión personal de lo presente y real, y una visión social de nuestro comportamiento actual y real.
Así es que, en muchas situaciones, nos encontraremos a la merced de los ojos de la sociedad para poder llegar a una idea fehaciente de lo que realmente somos. Y aunque en algún momento puede hacerse difícil enfrentar la mirada de los otros, la verdadera voluntad está en llevar adelante lo que queremos sin importar lo que los demás piensen o digan al respecto, pero si, considerando las potenciales repercusiones de nuestro actuar en los otros.
Por esto, pienso que no hay nada mejor que superar las expectativas propias, y ajenas también, demostrando que todo lo que se plantea como un objetivo de vida, siempre y cuando se le ponga el corazón, se puede lograr sin importar el cuándo y el dónde.
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