Todos contra mi o yo contra todos
Una invitación a ensayar una mirada amorosa
Jueves 16 de Febrero de 2012 | 11:10 Hs. (Actualizado: 11:10 Hs.)La mirada de nuestros padres y otros adultos significativos son por las cuales fundamos nuestra identidad y en base a ella, ya sea por aceptación o rechazo, construiremos más tarde el personaje con el que nos identificamos, nuestro ego y desde él respondemos precariamente a las múltiples demandas que trae el vivir.
Nos constituimos como humanos debido a lo que incorporamos de los adultos significativos: miradas, descuidos, sostén, palabras, rechazos y amor. En base a ello construimos una instancia interior que será la encargada de recordarnos todo lo que nos dijeron acerca de lo que “no debemos” hacer, decir, sentir y mostrar para que otros nos quieran, intentando cubrir ineficazmente la falta de amor para con nosotros mismos. ¿Quién podría amarnos si muchas veces no lo hacemos nosotros mismos?
Es necesario comprender que nuestros padres nos pasaron lo que tienen y lo que a su vez les fue legado, por ello los invito a preguntarse: ¿Qué es lo que critico de mí?; ¿qué de los otros?; pues generalmente todo lo que critico del otro suele reflejar un aspecto mío, en el que me cuesta reconocerme y que por más que a esa persona a la que se lo pongo le calza perfecto, es necesario que descubramos el modo en que interpretamos ese papel para, desde la responsabilidad y el respeto por mi (y por ende por los otros), crear la vida que quiero.
¿Frente a qué situaciones me sería conveniente actuar, estar o sentir de esa forma?, ¿Cómo imagino que me mirarían los otros si lo hago?
Frente a elecciones vitales siempre encontraremos personas que nos apoyan, las que nos critican y a otras a las cuales les será indiferente nuestra acción; por ello, el desafío consiste en sostenernos en nuestros propios pies, desde el amor hacia nosotros mismos, para caminar hacia la vida digna que merecemos.
Es necesario que tengamos presente que cuando miramos críticamente algo de los otros, lo rechazamos primero en nosotros mismos, lastimando nuestra propia alma. Muchas veces transitamos nuestra existencia como si no dispusiéramos de las herramientas que nos habilitarían un pleno vivir, por temor a ser lo que somos en este aquí y ahora, en consonancia con nuestras emociones, sensaciones y pensamientos.
Por ello necesitamos ensayar una mirada amorosa primero para con nuestros dolores, aprendizajes y obstáculos, pues solo desde el contacto con esta forma de mirar y mirarme transitar por los desafíos que actualmente nos convoquen.
Adriana Retamoso
Lic. en Psicología / Terapeuta Gestáltica
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Nos constituimos como humanos debido a lo que incorporamos de los adultos significativos: miradas, descuidos, sostén, palabras, rechazos y amor. En base a ello construimos una instancia interior que será la encargada de recordarnos todo lo que nos dijeron acerca de lo que “no debemos” hacer, decir, sentir y mostrar para que otros nos quieran, intentando cubrir ineficazmente la falta de amor para con nosotros mismos. ¿Quién podría amarnos si muchas veces no lo hacemos nosotros mismos?
Es necesario comprender que nuestros padres nos pasaron lo que tienen y lo que a su vez les fue legado, por ello los invito a preguntarse: ¿Qué es lo que critico de mí?; ¿qué de los otros?; pues generalmente todo lo que critico del otro suele reflejar un aspecto mío, en el que me cuesta reconocerme y que por más que a esa persona a la que se lo pongo le calza perfecto, es necesario que descubramos el modo en que interpretamos ese papel para, desde la responsabilidad y el respeto por mi (y por ende por los otros), crear la vida que quiero.
¿Frente a qué situaciones me sería conveniente actuar, estar o sentir de esa forma?, ¿Cómo imagino que me mirarían los otros si lo hago?
Frente a elecciones vitales siempre encontraremos personas que nos apoyan, las que nos critican y a otras a las cuales les será indiferente nuestra acción; por ello, el desafío consiste en sostenernos en nuestros propios pies, desde el amor hacia nosotros mismos, para caminar hacia la vida digna que merecemos.
Es necesario que tengamos presente que cuando miramos críticamente algo de los otros, lo rechazamos primero en nosotros mismos, lastimando nuestra propia alma. Muchas veces transitamos nuestra existencia como si no dispusiéramos de las herramientas que nos habilitarían un pleno vivir, por temor a ser lo que somos en este aquí y ahora, en consonancia con nuestras emociones, sensaciones y pensamientos.
Por ello necesitamos ensayar una mirada amorosa primero para con nuestros dolores, aprendizajes y obstáculos, pues solo desde el contacto con esta forma de mirar y mirarme transitar por los desafíos que actualmente nos convoquen.
Adriana Retamoso
Lic. en Psicología / Terapeuta Gestáltica
