Tatuajes

Tabú, moda o expresión personal

Costumbre milenaria. Los tatuajes son para algunos una forma de expresión personal, para otros, un nuevo modo de ser tribales.
Jueves 16 de Febrero de 2012 | 11:04 Hs. (Actualizado: 11:04 Hs.)
Una chica con sombrero de paja y bikini a rayas se pasea por la playa, por su pierna trepa una enredadera monocromática. Un dragón de colores ardientes amenaza con reducirlo todo a su paso, estaba a punto de escupir el infierno cuando a su lado emerge una ninfa de cabellos dorados. Todo parece detenerse. Entonces, un fénix, una libélula, una geisha, un escorpión gigante, decenas de animales, de seres mitológicos traídos de otros mundos se congregan… son los tatuajes.
El término tatuaje se refiere a los dibujos que se graban sobre el cuerpo al introducir pigmentos o tintas bajo la epidermis. El tatuaje ha acompañado al hombre durante miles de años. Los más antiguos se encontraron en los restos de Ötzi, un hombre que vivió hace 5 mil 200 años. Los científicos piensan que, Ötzi y sus contemporáneos, usaban los tatuajes con fines terapéuticos: para paliar el dolor en diferentes partes del cuerpo. Un poco más adelante, también se emplearon como amuletos. Las mujeres egipcias se grababan la parte alta de los muslos y alrededor del abdomen. Según la opinión de los arqueólogos, lo hacían para buscar protección durante el embarazo y a la hora de parir.
Además, los tatuajes se utilizaron para marcar a las personas de acuerdo con el grupo social al que pertenecían y a las creencias religiosas o políticas que poseían. Los escitas y tracianos fueron dos pueblos que recurrieron a los grabados para distinguir a la nobleza. De acuerdo con el historiador y geógrafo griego Herodoto, no tenerlos era para ellos señal de haber nacido humilde.
Con la introducción de la máquina de tatuar, hace cerca de cien años, la técnica del grabado ha variado poco. Todo comienza con el diseño de un motivo que –una vez revisado– se transfiere a la piel, se delinea el contorno con una máquina que inyecta tinta bajo la epidermis y se rellena el dibujo con diferentes pigmentos.
Entre los profesionales es común la práctica de dividir en varias sesiones los grandes proyectos por dos razones: la intensidad del dolor y la necesidad de que la herida sane. Por lo general, el dolor a la hora de marcar la piel dependerá del tamaño del tatuaje, su localización y el umbral de cada persona. Las áreas del cuerpo en donde el malestar suele ser más intenso son la parte interna del brazo y del muslo, así como la parte superior del pie.

ADICTIVO. “Tengo nueve tatuajes, todos mis amigos y conocidos están tatuados, poquísimos son los que no o los que sólo tienen uno”, declara Leila, una chica de veintinueve años. “Cuando nació Román, pensé en grabarme su huellita, todo se quedó en una idea”, agrega refiriéndose a su bebé de dos años. “Ahora lo pienso más antes de hacerme uno nuevo porque duelen. A los diecisiete años la cosa es muy distinta”.
Para muchas de las personas que se han tatuado, uno no es suficiente. Tampoco lo son dos, ni tres, ni… Según el Pew Reserch Center, entre la generación del milenio en Estados Unidos –que incluye a los jóvenes que entran a la edad adulta al inicio de este siglo– casi cuatro de cada diez tienen un tatuaje. Mientras que, entre los tatuados, la mitad tiene entre dos y cinco; y 18% tiene seis o más tatuajes.

EL ARREPENTIMIENTO. Con dos panteras a la espalda y unos ojos que compiten en intensidad con el azul turquesa del mar, Sandra expone: “Mi primer tatuaje me lo hice cuando tenía diecisiete. La mayoría de mis amigos ya tenía uno”. Sobre este tema, los expertos psicólogos y sociólogos explican que para los adolescentes el tatuarse es muchas veces como un rito de iniciación, una forma de adueñarse y decidir sobre el propio cuerpo.
Para Rafael, Lisa y Peter, el tatuaje que se grabaron en la adolescencia fue un acto de rebeldía contra sus padres y la sociedad. Lisa confiesa que a los quince años realizó varios intentos de marcarse la piel, pero ninguno con una idea o significado claros. Por su parte, Peter explica que el motivo gótico, que en un principio parecía correcto y adornaba su espalda, fue aclarado mediante un tratamiento de rayos laser y cubierto después por un dragón japonés. Explica: “No iba de acuerdo con mi actual estilo de vida”. Este sentimiento no es exclusivo de Peter, lo comparte con la mayoría de las personas que se arrepienten de haberse marcado la piel.
Los tatuajes no son desechables, intentar borrarlos requiere de un tratamiento con rayos láser que puede ser muy doloroso, implica varias sesiones a un costo elevado y, al final, no existe garantía de que la piel se restaure a su condición original. En algunos casos, el área tratada puede quedar marcada por cicatrices.
Hoy en día, el tatuaje ha cobrado gran popularidad, se ha puesto de moda. En el mundo occidental, 10% de las personas tiene algún tipo de modificación en el cuerpo. El tatuaje o el “arte en el cuerpo”, como ahora se le conoce, ya no se limita a grupos específicos como marineros, pandilleros o motociclistas, es para cualquier clase social o edad. Muchas compañías alrededor del mundo han advertido esta tendencia y han reflexionado al respecto. Esto las ha llevado a revisar su política interna y manifestar de forma explícita su posición.
Un tatuaje es una moda, una forma de expresión, una manera de crear una identidad propia, de ser especial y distinguirse del resto, un deseo de coleccionar bellas imágenes, arte, una forma de unirse a un grupo, de ser aceptado, de comprometerse, una protesta contra los padres, contra la sociedad… un tema polémico. Lo único indiscutible es que la vida del tatuaje es todavía joven, quedan muchos capítulos que grabar sobre la piel.
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