Arturo Luna, Director de Cultura de la Municipalidad de Federal.
Toda una vida dedicada al chamamé
Miercoles 8 de Febrero de 2012 | 09:32 Hs. (Actualizado: 09:32 Hs.)Arturo Luna es el Director de Cultura de la Municipalidad de Federal. Es el único que sobrevive como integrante de la primera comisión organizadora, y el que dedica al menos dos horas de su vida a la organización del Festival. “Por una cuestión de mandato interior”, explica.
“Hay una modalidad de interpretar el chamamé muy particular en Entre Ríos que es en tonos menores, a los chamameceros nos identifica. Es un chamamé muy pausado, melódico, elaborado, como somos los entrerrianos. Y en las letras tenemos la suerte de contar con buenos poemas: en Corrientes hubo buenos músicos, pero aquí nos quedaron los poetas”, reflexiona Arturo Luna en su escritorio de la Dirección de Cultura de Federal. Entre mate y mate dulce, rememora aspectos de los cambios que se han vivido en el Festival Nacional del Chamamé.
Los cambios generacionales “son obvios, son inevitables, son lógicos y son imprescindibles. El cambio generacional le va dando otro color al festival, pero a través de los años se ha mantenido la esencia del chamamé. Por ejemplo, en el certamen Nuevos Valores no permitimos que se tomen temas musicales de otros géneros para transformarlos en chamamé. Porque es un modo de resistir a un sistema que cada vez más pretende que todos seamos iguales, que la música tradicional se estandarice o se pierda”, opina.
Hombre de convicción firme, cuenta que en 2009 llegaron las primeras discusiones acerca de ciertos cambios que debían hacerse dentro de la organización, en cuanto a la cartelera de números musicales. Alguien dijo: “Hay que crecer”, pero crecer en qué era el problema. “Entonces creamos la Cátedra Abierta del Chamamé”, detalla, “con la finalidad de profundizar el conocimiento. Porque hay un concepto del chamamecero muy simple, el de tocar el acordeón y un poco de melodía. Pero aquí tenemos la ley (nacional Nº 26.558) que determinan las `cuatro patas´ que sostienen nuestra convicción: rescatar, sistematizar, defender y difundir el chamamé. Es difícil trabajarlo, pero no imposible”.
Cómo dar esa cátedra surgió como segundo problema. “Tiene que haber profesores, pero profesores con título no hay. Pero existen los que saben, así llamamos a Mario Alarcón Muñiz, Antonio Tarragó Rós, Mario Bofil, Gonzalo Abella. La modalidad que encontramos es la de talleres de una vez al mes, y junto al presidente municipal logramos hasta darle un marco educacional haciendo que el Consejo General de Educación reconozca la asistencia a los talleres con puntaje docente. Además se declaró de Interés Provincial e Interés Municipal”.
EL FESTIVAL. Luna se encarga de la programación de los espectáculos y el guión de la ceremonia, y todo lo que sea visible en el escenario. “La cartelera trata, en la manera de lo posible, de abarcar todas las vertientes. Que haya para todos los gustos, sin caer en lo chabacano y vulgar. Lo que pretendemos es que desde el escenario baje un sano mensaje cultural, de calidad”. Además de estar en cada detalle debido a que es la única persona que queda de aquella primera comisión organizadora que se conforma en la década del ´70, Luna asiste a los organizadores de las bailantas, que se hacen previamente y durante el desarrollo del festival. “En verdad, como en todo pago chico, aquí todo el mundo hace de todo, pero estamos bien organizados. En lo que a mí respecta puedo decir que dedico al menos dos horas de mi vida a la organización del Festival, por una cuestión de mandato interior, siento que alguien me puso aquí y lo tengo que hacer”, explica.
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“Hay una modalidad de interpretar el chamamé muy particular en Entre Ríos que es en tonos menores, a los chamameceros nos identifica. Es un chamamé muy pausado, melódico, elaborado, como somos los entrerrianos. Y en las letras tenemos la suerte de contar con buenos poemas: en Corrientes hubo buenos músicos, pero aquí nos quedaron los poetas”, reflexiona Arturo Luna en su escritorio de la Dirección de Cultura de Federal. Entre mate y mate dulce, rememora aspectos de los cambios que se han vivido en el Festival Nacional del Chamamé.
Los cambios generacionales “son obvios, son inevitables, son lógicos y son imprescindibles. El cambio generacional le va dando otro color al festival, pero a través de los años se ha mantenido la esencia del chamamé. Por ejemplo, en el certamen Nuevos Valores no permitimos que se tomen temas musicales de otros géneros para transformarlos en chamamé. Porque es un modo de resistir a un sistema que cada vez más pretende que todos seamos iguales, que la música tradicional se estandarice o se pierda”, opina.
Hombre de convicción firme, cuenta que en 2009 llegaron las primeras discusiones acerca de ciertos cambios que debían hacerse dentro de la organización, en cuanto a la cartelera de números musicales. Alguien dijo: “Hay que crecer”, pero crecer en qué era el problema. “Entonces creamos la Cátedra Abierta del Chamamé”, detalla, “con la finalidad de profundizar el conocimiento. Porque hay un concepto del chamamecero muy simple, el de tocar el acordeón y un poco de melodía. Pero aquí tenemos la ley (nacional Nº 26.558) que determinan las `cuatro patas´ que sostienen nuestra convicción: rescatar, sistematizar, defender y difundir el chamamé. Es difícil trabajarlo, pero no imposible”.
Cómo dar esa cátedra surgió como segundo problema. “Tiene que haber profesores, pero profesores con título no hay. Pero existen los que saben, así llamamos a Mario Alarcón Muñiz, Antonio Tarragó Rós, Mario Bofil, Gonzalo Abella. La modalidad que encontramos es la de talleres de una vez al mes, y junto al presidente municipal logramos hasta darle un marco educacional haciendo que el Consejo General de Educación reconozca la asistencia a los talleres con puntaje docente. Además se declaró de Interés Provincial e Interés Municipal”.
EL FESTIVAL. Luna se encarga de la programación de los espectáculos y el guión de la ceremonia, y todo lo que sea visible en el escenario. “La cartelera trata, en la manera de lo posible, de abarcar todas las vertientes. Que haya para todos los gustos, sin caer en lo chabacano y vulgar. Lo que pretendemos es que desde el escenario baje un sano mensaje cultural, de calidad”. Además de estar en cada detalle debido a que es la única persona que queda de aquella primera comisión organizadora que se conforma en la década del ´70, Luna asiste a los organizadores de las bailantas, que se hacen previamente y durante el desarrollo del festival. “En verdad, como en todo pago chico, aquí todo el mundo hace de todo, pero estamos bien organizados. En lo que a mí respecta puedo decir que dedico al menos dos horas de mi vida a la organización del Festival, por una cuestión de mandato interior, siento que alguien me puso aquí y lo tengo que hacer”, explica.