NOTA CENTRAL. El próximo domingo 21 de agosto se conmemora el Día del Niño

Los juegos en el recuerdo

Juegos en la memoria que vale la pena recordar. Clásicos como la Rayuela y Martín Pescador; canciones que hoy suenan de otra manera; adivinanzas para volver a adivinar. Un repaso por los momentos de los niños.
Sábado 13 de Agosto de 2011 | 10:18 Hs. (Actualizado: 14/08/2011 | 14:20 Hs.)
Llegar al cielo en la Rayuela o el Elástico; aprender los colores para jugar a La Bruja de los Colores; armar un rompecabezas de más de 50 piezas sin ayuda de un grande; aprender a decir “Tres tristes tigres comían trigo en un trigal” sin que se trabe la lengua; darse cuenta de que perejil es la respuesta de “Pérez anda, Gil camina, ¿quién es el tonto que no adivina?”; aprender un truco difícil en el Yo-Yó... desafíos de la infancia que hoy representan un desafío recordar.
Estos recuerdos que, valga la redundancia, valen la pena recordar, tienen que ver con los momentos de la vida en los que la imaginación volaba más rápido que cualquier avioncito de papel y la ingenuidad reinaba con más fuerza que cualquier Imperio de la Guerra de las Galaxias.
En ese tren de recordar, uno puede sorprenderse al interpretar las letras de algunas canciones de la infancia y darse cuenta de que no eran tan tiernas como aparentaban. Hay más de un ejemplo: “Aserrín, aserrán/ los maderos de San Juan,/ piden pan no les dan, piden queso/ les dan hueso y les cortan el pescuezo”, canción española que refiere a la matanza en la hoguera en el día de San Juan. O “Mambrú se fue a la guerra/ chiribín chiribín chin chin,/ Mambrú se fue a la guerra y no sé cuándo vendrá/ Ja ja ja, Ja ja ja/ No sé cuándo vendrá”. O el “Mantanterulerulá” que canta la conversación de un hombre y una mujer cuando éste le pide la mano de su hija y la madre le consulta “¿y qué oficio le pondremos?”.
Para facilitar este juego de memoria para recordar -nuevamente valga la redundancia- los juegos de la infancia, un repaso por algunos de los juegos más clásicos y por una serie de adivinanzas.

JUEGOS CLÁSICOS

Rayuela
Se cree que este juego está basado en el libro La divina comedia de Dante Alighieri, obra en la cual el personaje, cuando sale del Purgatorio y quiere alcanzar el Paraíso, tiene que atravesar una serie de nueve mundos hasta lograrlo.
El jugador actúa a modo de ficha. Debe saltar de casilla en casilla, con un solo pié, empujando la piedra que se suponía representa su alma. Parte de la Tierra para conseguir el Cielo, vigilando no caerse en el pozo o en el Infierno durante su recorrido. En ningún caso la piedra debía pararse sobre una línea, ya que, de la Tierra al Cielo, no hay fronteras ni zonas de demarcación, ni separaciones, ni descanso.


Gallinita ciega
Se forman los niños y en el centro se coloca el que hará de gallinita ciega. Se le vendan los ojos y se dice:
- Gallinita ciega, ¿qué has perdido?
- Una aguja y un dedal (en la Cuesta del Totoral)
- ¿Qué estás haciendo?
- Jugando con los negritos.
- ¿Qué carne querés comer?
- ¿Carne de gente, o carne de gallina?
- Carne de gente.
- Bueno, date una vuelta y echáte a buscar
La gallinita ciega intenta pillar a cualquiera de los compañeros, siempre a ciegas y los otros niños intentarán despistarla pasando cerca, gritándole y tocándola. Al que lo atrapan hará de gallinita ciega


El Gran Bonete
Los chicos se sientan formando un círculo, y en el centro está el que hace de Gran Bonete. Cada participante tiene asignado un color.
El juego se inicia con las palabras del Gran Bonete: “Al Gran Bonete se le ha perdido un pajarillo y dice que el Negro lo tiene” (señalando a cualquiera de los participantes, tenga éste último el color nombrado o no, para tratar de confundirlos)
Si el Negro está atento dice:
- ¿Yo, señor?
- Sí, señor.
- No, señor.
- Pues, entonces ¿quién lo tiene?
- ¡El Verde!
La falta se produce cuando contesta alguien que no tiene el color al que se alude. En ese caso se anota prenda y a las 3 prendas, se paga penitencia.


Martín Pescador
Dos niños hacen de Ángel y Diablo. El resto no conoce cuál es cuál, y para ello ambos toman de común acuerdo el nombre de una fruta o de un color o una flor. Una vez hecha esta elección ambos se tomarán las manos levantando los brazos colocándose frente a frente, harán de puente o barrera. El resto formando una hilera vendrá cantando o recitantdo:
- Martín Pescador, ¿me dejará pasar?
El ángel y el diablo les responden:
- Pasarán, pasarán, pero el último quedará
Entonces la fila pasa por debajo mientras el ángel y el diablo siguen diciendo:
- Pase, pase quien podrá, pero el último quedará.
Al llegar el último, ambos bajan los brazos, y le pregunta, por ejemplo:
- ¿Con quién quieres ir?
- ¿Con la rosa o el clavel?
El niño elige y se coloca detrás de la flor que eligió. Así se procede con el resto hasta que todos estén repartidos entre ambos “bandos”. Luego los dos grupos tomados de la mano tiran en sentido contrario para decidir quién será el ganador.

Ponerle la cola al chancho
En una pizarra o tabla se dibuja un chancho bastante grande, al que no se le pondrá cola. Esto deberán hacerlo por turno los chicos, pero con los ojos vendados y después de dar unas vueltas para marearse y perder el sentido de la orientación. Gana el jugador que le acierte lo más aproximadamente posible.
Lógicamente, se verá un chancho con cola en los ojos, hocico o tal vez en la panza.


ADIVINANZAS

En una calle limpia
anda una niña a un compás
que camina hacia adelante
con sus ojitos atrás

Tijera


Salgo de la sala
voy a la cocina
y meneo la cola
como una gallina

Escoba


Vuela sin alas
silba sin boca
pega sin manos
y nadie lo toca

Viento

Hermanitos son,
uno va a misa
y el otro no

El vino y el vinagre


Horquetín, horquetín
a cada pasito
hace chilín

Espuela


Redondo, redondo
no tiene tapa
ni tiene fondo

Anillo


Fui por un caminito
encontré una dama
le preguntó su nombre
y me dijo Juana

Damajuana


Unas regaderas
más grandes que el sol
con que riega el campo
Dios nuestro Señor

Nubes


Cuando chiquitita
tiene dos puntitas
cuando grande
ya es redondita

Luna

Barbas tiene
y hombre no es
olas hace
y río no es

Trigal


Randa que randa
randadorita,
teje que teje
tejedorita

Araña


Tira el hilito
y grita el pajarito

Campana


Cuando me siento,
me estiro
cuando me paro,
me encojo
entro al fuego
y no me quemo
entro al agua
y no me mojo

Sombra


Verde como loro
bravo como toro

Ají


Siempre quietas
siempre inquietas
durmiendo de día
de noche despiertas

Estrellas


Chiquitito
como ratón
guarda la casa
como león

Candado


Tiene dientes y no come
tiene barbas
y no es hombre

Choclo


TESTIMONIO

“En mi corazón... el campo”

Siempre recuerdo cuando era chica los viajes al campo, como le decíamos a la casa de la Abuela Dorila y el Abuelo Chiro. Era un lugar soñado... un viaje no tan largo en la ruta pero el corazón latía por hora cuando entrábamos al camino de tierra (sabía que estábamos llegando).
Siempre pero siempre lo encontrábamos al Abuelo Chiro con su “amigo” Yacaré (su caballo) a mitad de camino y nos decía que más tarde iba.
Al llegar la inigualable tranquera blanca se veía a lo lejos....al acercarnos a la casa la Abuela Dorila se asomaba a la puerta.
Nuestra aventura comenzaba desde el momento en que nos bajábamos del auto. Los animales, el campo, en fin, la libertad del aire libre.
Los juegos detrás de la casa con las cremas de la Abuela, las comiditas con tierra y flores; el separar el maíz seco del marlo rodeados de gallinas esperando siempre el granito que se iba a caer.
La siesta era el mejor momento del día, donde más libres éramos... La sombra bajo los árboles era característica luego de la siesta de los grandes.
El peor momento era cuando mami nos decía que teníamos que irnos... nadie quería irse pero el atardecer se acercaba.
Sin dudas tengo el mejor recuerdo de cada una de las veces que lloré porque llovía y no podíamos ir...
Siempre voy a tener en mi mente cada instante vivido en ese lugar que sin lugar a dudas es el mejor que he vivido.
En mi corazón quedará para siempre ese lugar, los olores, la casa, mis abuelos, los animales....en fin: El Campo.
Ya nada queda de ese lugar pero estoy segura que algún día voy a volver y en ese instante recordaré todo esto y volveré a ser feliz de la misma manera que lo fui en mi niñez.

Belén Orzuza


Una infancia feliz

Por Mario Pergolini y Eduardo de la Puente

Te acordás de aquellos tiempos en que las decisiones importantes se tomaban mediante un practico “Ta Te Ti suerte para mí”. Se podían detener las cosas cuando se complicaban con un simple “pido gancho!” . Los errores se arreglaban diciendo simplemente “va de nuevo”. Las discusiones terminaban con un “pan y queso”, o con un “biennnnnnnn!”. El peor castigo y condena era que te hicieran escribir cien veces “no debo”.
Tener mucho dinero sólo significaba poder comprar más provincias jugando al “Estanciero”, o comprarte un helado, o un paquete de palitos salados en el recreo. Llenar un frasco con hormigas podía mantenernos felizmente ocupados durante toda una tarde. Siempre había una forma de salvar a todos los amigos, y bastaba con un grito de “piedra libre para todos los compañeros”. No era raro que tuvieras dos o tres “mejores amigos”. “Es muy viejo...” y así te referías a cualquiera que tuviera más de veinte años. Siempre descubrías tus nuevas capacidades y habilidades a causa de un “a que no te animas?”. No había nada que fuera más lindo y prohibido que jugar con fuego, a pesar de que algún mayor te amenazara con que “el que juega con fuego a la noche se hace pis”. “El último es cola de perro” era el grito que te hacía correr como un desaforado, hasta que sentías que el corazón te salía del cuerpo. El Poliladron era sólo un juego para los recreos, y era mucho más divertido ser ladrón que policía. Las bombitas de agua eran la más moderna, eficiente y poderosa arma que se había inventado. La desilusión era haber sido elegido último para el equipo de tu escuela. Venenosa se refería sólo a un tipo de “mancha”, y no a ciertas alimañas o algunas personas. Para viajar desde la tierra al cielo, sólo tenías que jugar “Rayuela”. La red de una cancha de tenis tenía la altura perfecta para jugar un partido de vóley y las reglas... no importaban demasiado. “Verdad / Consecuencia”.... si eras nena siempre elegías el color amarillo, ya que sólo te preguntaban si era verdad que te gustaba... en cambio si eras varón, siempre e indefectiblemente elegías el color rojo... y ahí nomás pedías un beso... en la boca. Los hermanos mayores eran el peor de los tormentos pero también eran los más celosos, fieles y feroces protectores. Haber llevado un arma a la escuela significaba que te habían atrapado con una onda de rulero. Nunca faltaban los huevos de chocolate y golosinas que traía el conejo de Pascuas, ni el billete nuevo debajo de la almohada que te dejaba “el ratón Pérez”... todo a cambio de tus dientes de leche. Guerra... sólo significaba arrojarse trozos de tiza y bollos de papel durante las horas libres... la guerra era algo que había sucedido antes de que naciéramos y que nunca volvería a suceder. Los helados, por supuesto constituían el grupo de los alimentos básicos y esenciales. Tu bici se transformaba en una poderosa moto sólo con colocarle un cartón duro, o una chapita o una bombita de agua inflada entre los rayos de la rueda... si tu bici tenía el asiento banana... bue... eras el capo máximo de la cuadra. Cambiar figuritas en el patio del colegio....si eras de los más chicos siempre aparecía uno de los grandes y te decía que te daba un toco de figuritas por una tuya... claro, lo que vos no sabías era que esa que tenías en la mano era la más difícil del álbum. Las
situaciones raras las llamábamos “afilar”, “atracar”, “bailar cheek to cheek”, “chapar”, “contigo pan y cebolla”, “corto con”, “ir a más alto”, “franelear”, “fulana/señorita”, “fulana gusta de”, “fulano habla con”, “largaste o te largó?”, “me arreglé con”, “pirovar”, “te vino?”, “eso”, “vos te dejás?”.

Si ustedes pueden recordar la mayoría de estas cosas... entonces significa que realmente han estado vivos... que han tenido una infancia feliz y que el niño que todos tenemos adentro todavía sigue vivo. Por lo menos yo me acuerdo de todo eso. A todos nos viene bien tener siempre en mente esos tiempos en que todo era distinto. Preservemos siempre ese pedacito nuestro en el que todavía somos niños, porque es el que nos hace relacionarnos entre nosotros y con la vida de una manera más pura y más honesta. Esto se lo dedicamos a cualquiera de nuestros amigos que necesita un pequeño descanso en su agitada y estresada vida de adulto... Y que el ultimo grite “piedra libre para todos los compañeros!!!” así, nos salvamos todos.
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