OPINIÓN

Empresas recuperadas: ¿Nueva economía o nuevos capitalistas?

El conjunto de actividades y experiencias solidarias y asociativas que surgieron como reacción a los efectos de la crisis generada por el neoliberalismo, cayeron dentro de la caracterización teórica y genérica de “la economía social”. Por Luis Lafferriere, Profesor Titular de la cátedra Economía / Comunicación Social/ UNER
Martes 5 de Julio de 2011 | 11:53 Hs. (Actualizado: 11:56 Hs.)
El conjunto de actividades y experiencias solidarias y asociativas que surgieron como reacción a los efectos de la crisis generada por el neoliberalismo, cayeron dentro de la caracterización teórica y genérica de “la economía social”. Tenían como elementos comunes el hecho de realizarse con el objetivo de mejorar la situación de vida de sus protagonistas (y no de maximizar beneficios), de priorizar la cuestión humana de las actividades (antes que la supremacía del capital), de promover el accionar cooperativo (antes que el individualismo egoísta), entre otros puntos.
En paralelo al crecimiento de estas numerosas experiencias en todo el territorio nacional, se fue dando una proliferación del análisis teórico, una mayor difusión de trabajos de intelectuales de diversos ámbitos, como también de proyectos y políticas que pretenden impulsar el desarrollo de este sector. Universidades, municipios, provincias, organizaciones sociales, y hasta el gobierno nacional y organismos internacionales, comenzaron a hablar de la Economía Social, y a proponer programas y acciones para su promoción.
Pero no todos darán al concepto de economía social el mismo significado. Mientras para algunos, la economía social se considera una parte constitutiva del sistema económico actual, que tiende a mejorar el funcionamiento del mercado capitalista y a atemperar y ocultar los males que éste puede ocasionar; para otros, la economía social es un espacio que debe crecer como alternativa sistémica al capitalismo salvaje que hoy rige en el país y en todo el planeta.
Las fábricas recuperadas, que pertenecen a este “recorte teórico” de nuestra realidad económica concreta, se consideran una parte componente de la economía social, y han sido objeto de numerosos estudios y análisis. Su forma de funcionamiento cooperativo, su modalidad de autogestión, el objetivo que buscan con la actividad, entre otras cosas, son claros elementos que diferencian esos emprendimientos de una empresa típicamente capitalista. Pero no pueden incluirse todas en la misma “canasta” de la “economía social” (aunque se utilice el mismo vocablo).
En síntesis, las numerosas experiencias de fábricas recuperadas en la Argentina presentan una diversidad de situaciones.
Para unos, son parte de la solución a los déficits del mercado, atemperan sus males, y coexisten con las empresas privadas típicamente capitalistas. No ponen en riesgo, ni se plantean siquiera, un cambio del sistema. Se convierten en instrumentos útiles para aumentar la sobre explotación, para llevar adelante la flexibilización laboral, y todo lo que esta situación conlleva. Son absorbidas por la lógica mercantil del capital.
Para otros, sin embargo, esas empresas pueden constituir un germen de una nueva forma de organización más humana y solidaria. Y entienden por ello que deben luchar por un objetivo más amplio, que es la transformación social.
No se trata sólo de una cuestión teórica, de un debate de intelectuales ‘de laboratorio’, sino que su lucha actual se expresa tanto en el marco de las ideas, como en el de la construcción de la realidad.
Para quienes pensamos que es necesario construir un futuro mejor, consideramos a la economía social como un espacio favorable para impulsar el desarrollo de una alternativa a este sistema salvaje, que pone como máximo valor la búsqueda desenfrenada de ganancias, a costa de cualquier otra cosa, y de crecimiento a cualquier precio. Creemos, por el contrario, en un desarrollo donde el valor supremo y el centro de las preocupaciones sea el de mejorar la calidad de vida de todos los miembros de la sociedad.
El desafío de los emprendimientos de la economía social es enorme, en el contexto de un sistema que impone otras lógicas y otra cultura. Hay que procurar en forma creativa los modos de fortalecer las nuevas experiencias, recrear nuevos instrumentos de gestión, nuevas formas de vinculación con el Estado y con la sociedad, en una búsqueda constante de la mayor participación, protagonismo y democracia de quienes integran los más variados emprendimientos de la economía social, con integración de redes horizontales de intercambio solidario, de complementación productiva, de comunicación cooperativa.
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