La experiencia Coceramic
Por un trabajo sin explotación
En octubre cumple 20 años de historia como fábrica recuperada por los trabajadores. Es una de las primeras del país en abrir el camino de la autogestión obrera. Es Coceramic Cooperativa de Trabajo Limitada.
Martes 5 de Julio de 2011 | 11:32 Hs.
(Actualizado: 11:32 Hs.)
Con una larga historia que comienza a fines del 1800, fue una de las tantas empresas desarticuladas durante los ’90. En 1991, entró en concurso preventivo y fue a la quiebra. Pero los trabajadores no aceptaron la situación y buscaron la manera de mantener sus fuentes laborales.
“La fábrica nunca dejó de funcionar. Cuando se produce la quiebra de la sociedad anónima, un grupo de 50 trabajadores –de los 117 que estaban empleados en ese momento- continuaron con la producción. Logran recuperarla, generando una forma de trabajo autogestionada. En 1992 obtienen el acta constitutiva como cooperativa y al año siguiente el estatuto y la matrícula que les permite comenzar a funcionar con esta nueva razón social”, explicó a EL DIARIO Carlos Lencina, Jefe de prensa de Coceramic Cooperativa de Trabajo Limitada y delegado por Entre Ríos en la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajadores Autogestionados (FACTA).
Desde la recuperación, los 80 trabajadores que forman parte de esta organización se los denomina asociados. Son los dueños legítimos de la fábrica. Ellos conforman el órgano máximo de gestión, la asamblea, donde todos participan democráticamente con voz y voto para decidir la marcha de la cooperativa.
La Producción. La fábrica se encuentra en su nivel máximo de producción: 250.000 tejas francesas y 30.000 ladrillos huecos al mes. Estas cantidades durante el invierno se reducen a la mitad, debido a la restricción en el uso del gas natural que rige para las industrias.
Como materia prima utilizan la arcilla que extraen de los bañados del río Paraná, una zona propiedad de la cooperativa. Se calcula que allí hay 225 años de reserva renovable.
Las tejas se venden en Mendoza, Buenos Aires, Costa Atlántica, Corrientes, Santa Fe, Rosario, Córdoba, San Luis, San Juan, La Rioja y Neuquén. Los ladrillos, en el mercado local.
Mientras atraviesan por una buena situación financiera, tras diversos inconvenientes que debieron superar, los asociados planifican para lograr incrementar su producción. Entre los objetivos a lograr a mediano plazo, se encuentra la construcción de una nueva planta en los terrenos que la cooperativa posee en Bajada Grande. “Debido a la urbanización de la ciudad, quedamos en una zona poco apropiada para la existencia de una fábrica. Además, necesitamos modernizarnos con el objetivo de quintuplicar nuestra producción e incorporar otros modelos de tejas, pisos y ladrillos para techos. Para esto venimos realizando gestiones a nivel nacional con el Ministerio de Desarrollo y en la provincia con el gobernador y el ministro de Producción. Necesitamos apoyo para lograr el traslado. Las expectativas son buenas, pero creemos que hasta tanto pasen las elecciones no se van a tomar grandeones”, señaló Lencina.
Los orígenes de la fábrica El horno central que dio vida a este emprendimiento como calera, fue instalado por Izaguirre y Cia. a fines del 1800. En 1926 se fusionaron las firmas La Libertad, de Pedro F. Muttio, y Osinalde Hermanos, formando la Fábrica N º 1, denominada Libertad SA. La nueva conformación, adquirió un horno calero Hoffman a la familia Thompson, dando inicio a la explotación cerámica.
En 1933, con la aprobación de la ley que da forma a las SRL, se constituye la Compañía General de Cerámica SRL hasta 1946, cuando cambia su nombre a Sociedad Anónima Coceramic Industrial y Comercial.
En 1935 la firma recibe un gran aporte de capital por parte de un inmigrante francés, Mauricio Sido y se amplía del otro lado del arroyo Antoñico.
En 1991, debido a los inadecuados manejos financieros, Coceramic se presenta en convocatoria de acreedores. Los trabajadores mantienen la fábrica en funcionamiento y dan origen a Coceramic Cooperativa de Trabajo Limitada.
Las recuperadas se fortalecen Coceramic se integró el pasado 1º de junio a la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajadores Autogestionados (FACTA), cuyo lema es “Trabajo sin explotación”.
“Es inadmisible que en nuestro país todavía haya muchas fábricas cerradas con las máquinas adentro y los trabajadores afuera. Argentina tiene actualmente unas 300 empresas recuperadas, pero faltan muchas más. Este camino es una respuesta concreta a la falta de trabajo. Actualmente, en Entre Ríos estamos trabajando con los obreros de Fundimetal que están gestando un proceso de autogestión”, dijo a EL DIARIO Horacio Lalli, integrante de FACTA.
Esta entidad se conformó en diciembre de 2006, fruto de un proceso de debate que se extendió por varios años y tuvo como protagonistas a trabajadores que recuperaron empresas quebradas y abandonadas por las patronales y coincidían en la necesidad de crear una firme herramienta organizativa.
Cuando a fines de los ’90 comenzaron las reactivaciones de las empresas, se dificultó la concreción de instancias asociativas, debido a la plena recesión económica. Entonces, los trabajadores se abocaban a ocupar las fábricas para preservar las maquinarias, casi siempre al cabo de largos conflictos por falta de pago de salarios. No tenían mucho tiempo para proyectar organizaciones nacionales.
En ese momento, lo urgente era resistir los intentos de desalojo y los operativos de represión ordenados por un poder político y comenzar a generar ingresos para sostener el inicio de la autogestión.
Con el tiempo, estos grupos se convirtieron en ejemplo de cómo resurgir ante la adversidad y comenzaron a delinear un modelo de producción que, más allá de algunas experiencias anteriores, significó una de las novedades políticas y económicas más importante desde la recuperación de la democracia.
Las cooperativas de las recuperadas se fueron consolidando y definiendo un perfil propio. Miles de trabajadores demostraron que era posible y viable una alternativa a los vaciamientos fraudulentos de empresas.
FACTA es un emergente de esa nueva etapa que se comenzó a transitar, ya con el acento más puesto en el producir que en el ocupar y el resistir. La Federación cuenta con más de 30 cooperativas de trabajo afiliadas en el país.
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“La fábrica nunca dejó de funcionar. Cuando se produce la quiebra de la sociedad anónima, un grupo de 50 trabajadores –de los 117 que estaban empleados en ese momento- continuaron con la producción. Logran recuperarla, generando una forma de trabajo autogestionada. En 1992 obtienen el acta constitutiva como cooperativa y al año siguiente el estatuto y la matrícula que les permite comenzar a funcionar con esta nueva razón social”, explicó a EL DIARIO Carlos Lencina, Jefe de prensa de Coceramic Cooperativa de Trabajo Limitada y delegado por Entre Ríos en la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajadores Autogestionados (FACTA).
Desde la recuperación, los 80 trabajadores que forman parte de esta organización se los denomina asociados. Son los dueños legítimos de la fábrica. Ellos conforman el órgano máximo de gestión, la asamblea, donde todos participan democráticamente con voz y voto para decidir la marcha de la cooperativa.
La Producción. La fábrica se encuentra en su nivel máximo de producción: 250.000 tejas francesas y 30.000 ladrillos huecos al mes. Estas cantidades durante el invierno se reducen a la mitad, debido a la restricción en el uso del gas natural que rige para las industrias.
Como materia prima utilizan la arcilla que extraen de los bañados del río Paraná, una zona propiedad de la cooperativa. Se calcula que allí hay 225 años de reserva renovable.
Las tejas se venden en Mendoza, Buenos Aires, Costa Atlántica, Corrientes, Santa Fe, Rosario, Córdoba, San Luis, San Juan, La Rioja y Neuquén. Los ladrillos, en el mercado local.
Mientras atraviesan por una buena situación financiera, tras diversos inconvenientes que debieron superar, los asociados planifican para lograr incrementar su producción. Entre los objetivos a lograr a mediano plazo, se encuentra la construcción de una nueva planta en los terrenos que la cooperativa posee en Bajada Grande. “Debido a la urbanización de la ciudad, quedamos en una zona poco apropiada para la existencia de una fábrica. Además, necesitamos modernizarnos con el objetivo de quintuplicar nuestra producción e incorporar otros modelos de tejas, pisos y ladrillos para techos. Para esto venimos realizando gestiones a nivel nacional con el Ministerio de Desarrollo y en la provincia con el gobernador y el ministro de Producción. Necesitamos apoyo para lograr el traslado. Las expectativas son buenas, pero creemos que hasta tanto pasen las elecciones no se van a tomar grandeones”, señaló Lencina.
Los orígenes de la fábrica El horno central que dio vida a este emprendimiento como calera, fue instalado por Izaguirre y Cia. a fines del 1800. En 1926 se fusionaron las firmas La Libertad, de Pedro F. Muttio, y Osinalde Hermanos, formando la Fábrica N º 1, denominada Libertad SA. La nueva conformación, adquirió un horno calero Hoffman a la familia Thompson, dando inicio a la explotación cerámica.
En 1933, con la aprobación de la ley que da forma a las SRL, se constituye la Compañía General de Cerámica SRL hasta 1946, cuando cambia su nombre a Sociedad Anónima Coceramic Industrial y Comercial.
En 1935 la firma recibe un gran aporte de capital por parte de un inmigrante francés, Mauricio Sido y se amplía del otro lado del arroyo Antoñico.
En 1991, debido a los inadecuados manejos financieros, Coceramic se presenta en convocatoria de acreedores. Los trabajadores mantienen la fábrica en funcionamiento y dan origen a Coceramic Cooperativa de Trabajo Limitada.
Las recuperadas se fortalecen Coceramic se integró el pasado 1º de junio a la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajadores Autogestionados (FACTA), cuyo lema es “Trabajo sin explotación”.
“Es inadmisible que en nuestro país todavía haya muchas fábricas cerradas con las máquinas adentro y los trabajadores afuera. Argentina tiene actualmente unas 300 empresas recuperadas, pero faltan muchas más. Este camino es una respuesta concreta a la falta de trabajo. Actualmente, en Entre Ríos estamos trabajando con los obreros de Fundimetal que están gestando un proceso de autogestión”, dijo a EL DIARIO Horacio Lalli, integrante de FACTA.
Esta entidad se conformó en diciembre de 2006, fruto de un proceso de debate que se extendió por varios años y tuvo como protagonistas a trabajadores que recuperaron empresas quebradas y abandonadas por las patronales y coincidían en la necesidad de crear una firme herramienta organizativa.
Cuando a fines de los ’90 comenzaron las reactivaciones de las empresas, se dificultó la concreción de instancias asociativas, debido a la plena recesión económica. Entonces, los trabajadores se abocaban a ocupar las fábricas para preservar las maquinarias, casi siempre al cabo de largos conflictos por falta de pago de salarios. No tenían mucho tiempo para proyectar organizaciones nacionales.
En ese momento, lo urgente era resistir los intentos de desalojo y los operativos de represión ordenados por un poder político y comenzar a generar ingresos para sostener el inicio de la autogestión.
Con el tiempo, estos grupos se convirtieron en ejemplo de cómo resurgir ante la adversidad y comenzaron a delinear un modelo de producción que, más allá de algunas experiencias anteriores, significó una de las novedades políticas y económicas más importante desde la recuperación de la democracia.
Las cooperativas de las recuperadas se fueron consolidando y definiendo un perfil propio. Miles de trabajadores demostraron que era posible y viable una alternativa a los vaciamientos fraudulentos de empresas.
FACTA es un emergente de esa nueva etapa que se comenzó a transitar, ya con el acento más puesto en el producir que en el ocupar y el resistir. La Federación cuenta con más de 30 cooperativas de trabajo afiliadas en el país.