EN VICTORIA

Iglesia Nuestra Señora de Aranzazu

Sábado 2 de Julio de 2011 | 11:43 Hs. (Actualizado: 11:43 Hs.)
Es una joya arquitectónica característica del arte romántico del Medioevo. Fue inaugurada en 1875, combinando dos estilos de imponencia: el romano en el exterior y el barroco en el interior.
Dos torres macizas y sólidas caladas por pequeñas ventanillas, dos campanarios, una majestuosa cúpula, una cruz latina sobre el altar, un rosetón mimetizado con el vitral clásico, y un interior decorado por sofisticadas pinturas de Juan Augusto Fusilier, hacen a su estructura particular.
Se encuentra frente a la plaza principal y rinde especial veneración a la patrona de la ciudad, la Virgen de Aranzazú.
En su interior tiene forma de cruz italiana. La nave central termina en un ábside donde se encuentra el Altar mayor, construido en buena madera de pino estucado, pintado imitando mármol y ónix dorado a la hoja y consta de tres cuerpos, tiene más de doce metros de alto por ocho metros de ancho con cuatro nichos. Un detalle a tener en cuenta son los vitrales del porche que oculta el interior del templo.

PATRONA DE VICTORIA
La historia cuenta que la imagen de la virgen fue encontrada en el año 1469, en Oyarzum, en el país Vasco, durante tiempos de conflictos.
Rodrigo, un pastor que cuidaba su rebaño, encontró en un árbol de espinas una imagen, tallada en piedra, de María con el niño en los brazos. La exclamación de Rodrigo, fue: “Arantzan zu”, que significa ¿Tú en el espino? Fue un misterio que luego, María la del espino, agradeció con amor cambiando el destino del pueblo que dejó de tener problemas y comenzó a prosperar.
Ya en Victoria, Salvador Joaquín de Ezpeleta a quien se le atribuye el título de fundador espiritual de Victoria, donó enseres para el culto, entre los que se encontraba un cuadro de la patrona del país Vasco. En uno de los viajes a su tierra, Espeleta, trajo la imagen de vestir que figura en el inventario de 1839 y que el pueblo de Victoria conserva hoy como reliquia histórica en el Altar Mayor. Posteriormente, se le incorporó a la imagen un árbol de espino envuelto en una nube y un pastor a los pies.

PINTURAS DEL TEMPLO
El templo de Aranzazu de Victoria tiene en su interior, una rica decoración pictórica, fruto del esfuerzo de los vecinos de la ciudad. Fue realizada en su totalidad por uno de los más destacados pintores argentinos de obras de carácter religioso, profesor Juan Augusto Fusilier, entre los años 1951 a 1955.
La cúpula está dedicada a escenas marianas: La Coronación, la Anunciación, Pentecostés y la entrada de la Virgen al Templo. Está sostenida por un tambor con cuatro columnas en cuyas pechinas están representados los evangelistas: Juan, Lucas, Mateo y Marcos.
En el ábside se aprecia sobre un gran sol, la paloma, en la manifestación del espíritu Santo, sobre la pared, sus siete dones. A los costados del Altar Mayor hay dos emblemas: Cristo el Cordero Pascual y un ave que alimenta a sus polluelos a través de una herida en su estómago, esta última representa a la iglesia como madre espiritual que nutre a sus hijos.
En las paredes laterales al Altar mayor hay dos grandes murales, uno de contenido histórico: la huida a Egipto y enfrentando a este la única creación e inspiración del pintor: el Rey de Reyes, donde Cristo aparece glorioso ante los poderosos monarcas de la antigüedad. San Luis, rey de Francia, cambia su corona real por la corona de espinas de Jesús; Juana de Arco se inclina ante el Señor Resucitado; el Emperador Carlomagno luce sus atributos: el orbe y la espada.
La nave central: en su techo está la presencia de advocaciones marianas tales como: Nuestra Señora de Lourdes y Stella Maris e imágenes del Escudo Argentino, el escudo del Arzobispo Z. Guilland, el de Pio XIII y los escudos Mariano y Eucarístico. Cuatro pasajes del evangelio: Las Bodas de Caná; la Parábola del Hijo Pródigo; la Sagrada Familia; Epulón y Lázaro. En los arcos de medio punto se encuentran escenas de la vida pública de Jesús: la resurrección de lázaro, la pesca milagrosa, el mandato apostólico, la calma de la tempestad y la parábola del Buen Samaritano. La impronta benedictina se ve con la presencia de San Benito y sus discípulos San Plácido y San Mauro.

Ubicación: frente a la plaza principal de la ciudad de Victoria
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