A LOS 97 AÑOS
Murió la actriz Lydia Lamaison
Martes 21 de Febrero de 2012 Hs.
Los restos de la actriz serán despedidos hoy en el Cementerio de La Chacarita.
La veterana actriz Lydia Lamaison falleció a los 97 años luego de un proceso de deterioro general de su salud, dejando tras de sí una extensísima carrera en la que se destacó en teatro, cine y televisión.
Los restos de la intérprete, que había expresado su deseo de que su cuerpo fuera cremado, serán depositados hoy a las 11 de la mañana en el Panteón de Actores del Cementerio de La Chacarita, a la espera de su posterior cremación.
Lo más reconocible de la actriz que se fue, además de su enorme talento, eran esos ojos absolutamente cristalinos, capaces de transmitir estados que iban de la ternura a la fiereza mayor, reforzados por una voz de inflexiones primorosas.
Nacida en Mendoza el 5 de agosto de 1914 como Lidia Guastavino Lamaison, se crió en Buenos Aires y desde muy pequeña soñó con la actuación.
Mascota infantil en el Club Billiken, maestra normal, avanzada estudiante de guitarra, abandonó Filosofía y Letras en segundo año para ingresar al elenco independiente Juan B. Justo, dando inicio a una carrera en la que no tuvo maestros formales.
Su primera actuación fue en “Cándida”, de Georges Bernard Shaw, a mediados de la década de 1930, tras lo cual recibió el Premio Revelación por “La vida de María Curie”.
El cine la convocó para una seguidilla de 25 títulos, incluidos “La hora de las sorpresas”, de Daniel Tinayre, y “La fiaca”, de Fernando Ayala.
Con Leopoldo Torre Nilsson brilló en “La caída”, pero su personificación de Doña Natividad en “Un guapo del 900” (1960) representó uno de los puntos mayores de su trayectoria, que fue premiada y dejó una imagen hierática difícil de olvidar.
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Los restos de la intérprete, que había expresado su deseo de que su cuerpo fuera cremado, serán depositados hoy a las 11 de la mañana en el Panteón de Actores del Cementerio de La Chacarita, a la espera de su posterior cremación.
Lo más reconocible de la actriz que se fue, además de su enorme talento, eran esos ojos absolutamente cristalinos, capaces de transmitir estados que iban de la ternura a la fiereza mayor, reforzados por una voz de inflexiones primorosas.
Nacida en Mendoza el 5 de agosto de 1914 como Lidia Guastavino Lamaison, se crió en Buenos Aires y desde muy pequeña soñó con la actuación.
Mascota infantil en el Club Billiken, maestra normal, avanzada estudiante de guitarra, abandonó Filosofía y Letras en segundo año para ingresar al elenco independiente Juan B. Justo, dando inicio a una carrera en la que no tuvo maestros formales.
Su primera actuación fue en “Cándida”, de Georges Bernard Shaw, a mediados de la década de 1930, tras lo cual recibió el Premio Revelación por “La vida de María Curie”.
El cine la convocó para una seguidilla de 25 títulos, incluidos “La hora de las sorpresas”, de Daniel Tinayre, y “La fiaca”, de Fernando Ayala.
Con Leopoldo Torre Nilsson brilló en “La caída”, pero su personificación de Doña Natividad en “Un guapo del 900” (1960) representó uno de los puntos mayores de su trayectoria, que fue premiada y dejó una imagen hierática difícil de olvidar.