OCTOGENARIO. Tiene sus méritos artísticos y una obra compositora

Acho, el hijo de Homero Manzi

Eclipsado por la enorme dimensión de su padre, este pianista, compositor y de una personalidad muy particular, cumplió el pasado 6 de marzo 80 años. Se lo identifica generalmente por su tango El último organito, compuesto en 1948, del cual realizó una interpretación memorable la orquesta de Aníbal Troilo con Edmundo Rivero, la voz gruesa, distinta, que estaba surgiendo. Un rico anecdotario adorna la vida de Acho Manzi.
Lunes 25 de Marzo de 2013 Hs.
Homero Nicolás Manzione Prestera (Homero Manzi) se casó el 31 de diciembre de 1931 con Casilda Iñíguez Vildósola. El 6 de marzo de 1933 nació su único hijo: Homero Luis Manzione (Acho Manzi). Este, además de músico, ha sido poeta, tuerca, inventor, sobreviviente de un cáncer y radioaficionado. Nació en Boedo, vivió en el barrio de Sur y luego se mudó cerca del hipódromo de Palermo para seguir la pasión burrera heredada de su padre. Pasó 15 años en los Estados Unidos, aligerado del título de Acho Manzi, el hijo de Homero, con el que todo aquel se precie de tanguero siente la necesidad de identificarlo. Cuando Acho era un fornido jovencito de bachillerato, escoltaba a su padre -debilitado por el cáncer- a estudios de filmación y salas de conferencia. Actividades que el poeta parecía multiplicar desesperadamente, apremiado por el acecho de la muerte. Tenía 17 años aquel día de 1951 en que Homero, el robusto Barbeta, demacrado hasta lo irreconocible, dejó de vivir.

COMPOSITOR. La única colaboración de Acho como músico con su padre es el tango El último organito, cuya autoría -repetidamente discutida- él mismo ratifica. Escribió un poema titulado Padre, en 1954, que luego musicalizara en ritmo de tango el mismo Acho, obviamente dedicado a Homero. Arranca así: Si ayer tan solo fuiste un gigante bueno y triste.../ qué garras despiadadas te arrancaron de mí./ Te fuiste en el instante en que mi alma te alcanzaba.../ y te necesitaba para poder seguir…El 1 de noviembre de 2007 se cumplió el centenario del nacimiento de Homero Manzi. Su hijo viajó a Polla, Italia, provincia de Salerno, de donde son originarios los Manzione. De allí, pasó a Roma, porque la Cámara de Diputados nombró a Homero ‘Hijo Dilecto de Italia’. Además, Acho compuso tangos para homenajear a su padre en el centenario. “Es cierto –reafirma Acho-, los hice con el Tata Cedrón. Entre ellos figura Padre, al cual le puso música e introdujo variantes en la poesía, adecuándola al homenaje, como en esta parte: A veces me sorprende la gente que te nombra.../ Es cierto; a cien años de tu nacimiento,/ todos aún nombran a Manzi./ Cosa que seguirá ocurriendo en los próximos centenarios…
El tango El último organito no fue la primera obra de Acho y lo aclaró así: “Mi composición inicial se tituló Rey del bosque, un fox trot que me lo grabó la Jazz Santa Anita. Le siguió otro fox trot, Ceniza al viento que, como el anterior, también hice en letra y música. Poco después, en 1948, me pasé a las filas del tango y compuse El último organito, que firmé simplemente como Acho, como a todas mis piezas iniciales. Luego de la muerte de mi padre, comencé a usar el Manzi”.
Respecto a que se le atribuye colaboración en la clásica Milonga sentimental (de Piana y Manzi), Acho aclaró: “Sí. Estaba en California cuando al enterarme de la grabación de esa milonga por Julio Iglesias, decidí hacer una versión en inglés y la titulé My Sentimental Song, es decir, Mi canción sentimental. Lo tomé como otra colaboración con mi padre, aunque bastante tardía”. En los años ‘60, pleno imperio del Club del Clan, logró asomar como autor de tangos con rasgos ‘de actualidad’, en colaboración con el músico Roberto Pansera. También Acho compuso un vals (prácticamente desconocido) que el Tata Cedrón incluyó en su disco Nocturno con su cuarteto, elaborado en París en 2003.
Después, huyéndole al peso de ser el hijo de Homero Manzi, prefirió el anonimato de una vida aventurera en los Estados Unidos. Lejos, se guardó los recuerdos de la vida y el sueño de ser poeta. Pero la experiencia de enfrentar él mismo un diagnóstico de cáncer cambió sus planes. Se repartió entre la recopilación de la historia integral del padre, el desarrollo de su propia obra como letrista en colaboración con el músico Juan Cedrón, y la organización de su regreso.

TRANCES DUROS. Acho vivió paso por paso todo el proceso de la enfermedad de su padre, que empezó a sus 14 años. Mientras cursaba como pupilo en el Colegio San José, los fines de semana se quedaba en su casa. Veía salir a su madre en silencio del dormitorio, con las bandejas de las curaciones. Seguramente, imágenes que no se le borran. Cuando le dieron a él su diagnóstico, lo tomó de tal manera que decidió irse lejos a curarse solo. Unos amigos que partían a radicarse en España, le dejaron una casa enorme de campo en California. Se llevó sus muebles y la computadora en la que pasaba los poemas del Viejo. Entró en un espiral descendente, empezó a sentir síntomas físicos nada alentadores. Pero no estaba decidido a tratarse, hasta que conoció a Silvia, una licenciada en letras radicada allá, que estaba investigando sobre el tango. Se hicieron amigos, y para él fue un encuentro mágico. Ella lo convenció de la necesidad de hacerse atender.

Anécdotas
y algo más


En distintos reportajes, Acho Manzi solía narrar anécdotas vividas junto a su padre, que investigadores y el propio Acho han recopilado.
-”Cuando fue presidente de Sadaic revisaba y corregía una por una las nuevas letras –de distintos ritmos- que se registraban. Tenía gran capacidad de trabajo”.
-”El Viejo siempre tenía buen humor y en el barrio todo el mundo lo conocía. Era una época en que muy pocos porteños gastaban barba y su estampa se había hecho popular. Hablaba con todos desde el balcón. Al canillita le gritaba ‘¡Señor periodista! y luego le pedía el diario”.
-”Ya avanzado el cáncer, mi padre ingresó al Instituto del Diagnóstico para ser operado por segunda vez. Se recuperaba en el primer piso, mientras en el segundo era atendida Eva Duarte”.
-Acho contó que un día sorprendió a su padre mirando en el espejo su rostro demacrado, mientras decía: “¡Y pensar, Barbeta, que te vas a morir!”.
-“En la última operación de médula espinal, propuesta por el Dr. Matera para quitarle los dolores, Manzi pidió que retrasaran su paso al quirófano, porque tenía un dato en la segunda carrera de San Isidro. En el hipódromo a veces perdía todo; un día volvió sin el auto”.
-”Tenía unos dolores espantosos, alguna vez tuve que ponerle yo mismo una inyección calmante, porque no podía esperar a que llegara la enfermera. Pero en cuanto le hacía un poco de efecto, se ponía a trabajar de nuevo... ¡Padre, nunca claudicaste tu forma de vivir!”.


El último organito
Tango - 1949


Las ruedas embarradas del último organito
vendrán desde la tarde buscando el arrabal,
con un caballo flaco y un rengo y un monito
y un coro de muchachas vestidas de percal.

Con pasos apagados elegirá la esquina
donde se mezclan luces de luna y almacén
para que bailen valses detrás de la hornacina
la pálida marquesa y el pálido marqués.

El último organito irá de puerta en puerta
hasta encontrar la casa de la vecina muerta,
de la vecina aquella que se cansó de amar;
y allí molerá tangos para que llore el ciego,
el ciego inconsolable del verso de Carriego,
que fuma, fuma y fuma sentado en el umbral.

Tendrá una caja blanca el último organito
y el asma del otoño sacudirá su son,
y adornarán sus tablas cabezas de angelitos
y el eco de su piano será como un adiós.

Saludarán su ausencia las novias encerradas
abriendo las persianas detrás de su canción,
y el último organito se perderá en la nada
y el alma del suburbio se quedará sin voz.

Música: Acho Manzi. Letra: Homero Manzi.

El Día de las Malenas

El 6 de marzo del 2003, en el Salón Roberto Noble de Sadaic, se informó a los medios de comunicación los motivos que impulsaron la idea de establecer el 6 de marzo como el Día de las Malenas. Coinciden con el 6 de marzo: la fecha en que fue registrado el tango Malena en Sadaic en 1942; el fallecimiento del compositor de la música, Lucio Demare en 1974; el nacimiento, en 1933, de Acho Manzi; el nacimiento de Romina Manzione, bisnieta de Homero Manzi en 1989 y el día de la presentación de Las Malenas, a cargo de María José Demare, quien cantó el tango Malena en Madero Tango.
HUGO GREGORUTTI hugocgregorutti@yahoo.com.ar
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