SEGUNDA VISITA. La Iglesia busca establecer líneas pastorales comunes entre los curas sanadores

Volvió el padre Ignacio para hablar sobre misas de sanación

En abril último celebró por primera vez una misa abierta en Paraná, fuera de su ciudad, Rosario, y convocó a 40 mil personas. Ahora, regresó para un encuentro en el Arzobispado con 20 curas enrolados en las misas de sanación, y les recomendó evitar los “excesos” y no confundirse con curanderos.
Jueves 30 de Agosto de 2012 Hs.
El padre Ignacio se reunió el martes en Paraná con los sacerdotes sanadores
Crédito: ARCHIVO
El padre Ignacio se reunió el martes en Paraná con los sacerdotes sanadores
Ignacio Peries Kurukulasuriya, conocido como el padre Ignacio, así, a secas, nacido en 1950 en Sri Lanka cuando Sri Lanka se llamaba Ceilán, ordenado sacerdote católico en 1979, en Gales, afincado en Rosario desde 1980, estuvo otra vez en Paraná, pero a diferencia de aquella otra visita, la del 24 de abril, cuando convocó a 40 mil personas en la Parroquia Sagrado Corazón, esta vez fue un encuentro con pocos.
El sacerdote, cuya fama de cura sanador trasvasa los límites de su parroquia, Natividad del Señor, del barrio Rucci, en Rosario, llegó sin ningún anuncio previo y pasó inadvertido para la mayoría de los paranaenses, como ocurre con sus habituales visitas, que tienen lugar por lo menos una vez al año. Lo hizo especialmente invitado por el arzobispo de Paraná, Juan Alberto Puiggari, y fue para participar de un encuentro con un grupo de 20 sacerdotes, la mayoría volcados a lo que él mismo hace: las misas de sanación.
En el encuentro se fijaron líneas pastorales comunes para todos los sacerdotes que encabezan las denominadas misas de sanación, y se pidió especialmente que se evite caer en los “excesos” y en lo “mágico”. En particular, Puiggari reclamó que dejen de llamarse misas de sanación, y pasen a denominarse “misas por los enfermos y los afligidos”. Además, se convino que ese tipo de celebraciones litúrgicas, que suelen ser multitudinarias, no sean exclusivamente de la Renovación Carismática, la corriente católica que las popularizó, sino que estén bajo la responsabilidad de la Pastoral de la Salud

CONCURRENCIA VARIOPINTA.A pesar de lo reservado de la visita que realizó anteayer a la ciudad el padre Ignacio, hubo fieles que, alertados del hecho, lo aguardaron a la salida del Arzobispado, donde tuvo lugar el encuentro con los sacerdotes locales. Pero no hubo forma: evitó detenerse y sólo destinó un tiempo breve para bendecir a una embarazada; al resto, los saludó a la distancia. De haberse detenido, hubiese generado un tumulto de gente enseguida, contó un sacerdote que participó del encuentro.
Al cónclave con el padre Ignacio asistió un grupo heterogéneo de sacerdotes, muchos de los cuales son conocidos exponentes de las misas de sanación, pero otros no; más aún, son críticos de ese tipo de expresiones religiosas. Allí estuvieron, entre otros, los sacerdotes Diego Rausch, de Santa Teresita; Miguel Velazco, de San Roque; Leonardo Tovar, de San Benito Abad; Agustín Hertel, de San Francisco de Borja; Alfredo Nicola, de Nuestra Señora del Rosario de Pompeya de Oro Verde; Javier Marheim, de La Paz; Orlando Mattiassi, del Inmaculado Corazón de María de Bajada Grande; y Walter Minigutti, de Santo Domingo Savio.
Pero también hubo otros religiosos que están en las antípodas de las misas de sanación. Así por ejemplo, estuvo José María Pincemín, quien adquirió notoriedad pública cuando encabezó una curiosa celebración de exorcismo en las escalinatas de la Catedral cuando se realizó el Encuentro Nacional de Mujeres, en 2010, ahora residente en la Parroquia San Miguel. Otro de los contertulios fue el sacerdote español Luis Martín García, quien forma parte de la congregación Legionarios de Cristo, una orden cuyo fundador, el mejicano Marcial Maciel, fue acusado por graves hechos de abuso.
“Fue un encuentro positivo –contó uno de los tres sacerdotes a los que EL DIARIO consultó, y que tiene un afecto especial por el padre Ignacio: lo curó de una ceguera en el ojo izquierdo cuando era seminarista-. Se nos hicieron muchas aclaraciones, y se nos pidió que las celebraciones tuvieran un mensaje esperanzador para los fieles, no centrado en la culpa y el pecado, sino en el perdón”.

EVITAR ABUSOS. Puiggari se mostró particularmente interesado en que todos los sacerdotes de la Iglesia local observen reglas comunes, y se eviten las “confusiones” y los “excesos”, y para eso hizo que todos los curas leyeran un documento elaborado por el Vaticano, cuando el actual papa, Benedicto XVI, no había sucedido a Juan Pablo II y estaba al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Se trata de la “Instrucción sobre las oraciones para obtener de Dios la curación” en donde se dan a conocer las normas a seguir en las misas de sanación, de modo de evitar abusos y confusiones.
“El obispo quiere que las misas no se llamen de sanación sino misas por los enfermos y afligidos. La idea es que haya una guía común para todos, con los aportes que hizo el padre Ignacio en la reunión. Lo que se busca es que haya criterios comunes para hacer las cosas bien. Se busca que no haya exageraciones, que no se genere confusión en la gente, que no se deje de lado centralidad de la eucaristía, y que se elimine cualquier tipo de pensamiento mágico. Nosotros no tenemos nada que ver con el pare de sufrir”, ironizó un sacerdote que participó del encuentro.
Ignacio habló también de la realidad de cada sacerdote, y les dijo de los “peligros” que acechan. “Hay que tener cuidado con buscar su propia fama –les recomendó Ignacio, según contó uno de los oyentes de la charla--. Somos instrumentos de Dios porque no es uno el que sana, sino Dios. Además, nos pidió que nos olvidemos del reloj, y que le demos tiempo a la gente, que escuchemos a la gente, y que nos preparemos muy bien cuando vamos a celebrar una misa de este tipo”.
Un apartado especial mereció un análisis de los abusos litúrgicos en los que pueden caer las misas de sanación, que usualmente se extienden más del tiempo habitual de cualquier celebración. “Y cuidarse de no mezclarse con los curanderos, porque no somos curanderos”, dijo un tercer asistente que aceptó contar de qué se habló.
Pero no sólo se habló de recomendaciones, sino que hubo pedidos. Uno en particular: la necesidad de que el obispo designe a los sacerdotes encargados de los exorcismos en la Iglesia de Paraná.





1979
Ese año el padre Ignacio Peries, natural de Sri Lanka, llegó a la Argentina, a un pequeño pueblo cordobés, Tancacha, enviado por su congregación, la Cruzada del Espíritu Santo, de la que hoy es superior general. Ese mismo año, en diciembre, se trasladó a Rosario, y allí permanece hasta hoy.
Ricardo Leguizamón
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