INICIATIVA EN LA VECINAL FE Y ESPERANZA
La odisea de reunir libros y de armar una biblioteca
No sólo bregar por emparchar un bache, erradicar un basural, conseguir que aseen las calles, que se corte la maleza en las veredas, que se recambien las lámparas.
Martes 21 de Febrero de 2012 Hs.
No sólo eso. No sólo pedir que la basura salga a horario, que los cuzcos no hagan estragos con las bolsitas, no sólo encontrar la armonía con los vecinos, entre vecinos.
En Paraná la Vecinal Fe y Esperanza, nombre esperanzador, 12 manzanas, 900 viviendas, 100 negocios, una geografía que se extiende desde avenida Don Bosco hasta calle Fraternidad, desde avenida Ramírez, hasta Sudamérica, buscó cumplir con todo eso, y algo más también.
Gustavo Nuñez, que en 2010 asumió como vicepresidente de una Vecinal que hasta entonces estaba acéfala, propuso a los vecinos ocuparse entre todos de todo eso, pero también puso sobre la mesa la idea de armar de la nada una biblioteca popular en el barrio.
Todos dijeron que sí, todos aceptaron, y pronto, todos empezaron a colaborar.
Enseguida, hallaron el lugar adonde ubicarla: en el segundo piso del salón parroquial de la Parroquia San Roque, en Brasil y Vicente del Castillo de la capital provincial. Allí además Cáritas ocupa su lugar junto con un centro comunitario y un comedor comunitario, y donde pronto, también, habrá una biblioteca cada día de la semana.
El sacerdote Miguel Velazco recibió de buen modo la idea, y aprobó compartir el edificio. “El segundo piso del edificio no estaba bien, así que hubo que empezar con los arreglos”, dice Nuñez.
Y eso hicieron, empezaron: primero, una con campaña de donación de libros, y todo fue un éxito relativo, y después, otra campaña, del ladrillo, del cerámico, de los materiales de construcción, de los anaqueles adonde guardar los libros, y todo fue mejor aún.
Ahora, ese segundo piso, recompuesto, está en la última etapa, listo para inaugurarse, y dar paso así a la biblioteca popular del barrio. Si los planes marchan según lo previsto, a mediados de marzo estaría inaugurándose el lugar, abriendo sus puertas, empezando con los talleres.
De momento, sin embargo, no tiene nombre. Hay varias propuestas, muchas sugerencias, pero todavía no se deciden a escoger uno.
Lo que sí existe ya es una enorme cantidad de libros donados por gente del barrio, instituciones, vecinos y conocidos. Un total de 3.000, según el cálculo que llevan Iván Nevez, presidente de la vecinal, y Gustavo Nuñez, vicepresidente.
Falta, sin embargo, darle un empujón más a esta empresa. Resta completar parte de las estanterías, pero aguardan confiados en que las donaciones seguirán llegando.
Lo que sí cuentan es con computadoras. Y con sueños, muchos sueños. “Queremos darle a los chicos apoyo escolar gratuito, que se dicten talleres, pretendemos incentivar la lectura entre los jóvenes, porque eso es una falencia que vemos, y enseñarles a los adultos a que entren al mundo de la informática”, dice Nuñez.
Pero como no quieren que nada quede librado al azar, procuran que la biblioteca popular del barrio esté bajo las reglas que marca la ley: funcionará, como lo ordena la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares, de lunes a viernes, cuatro horas a la mañana, cuatro horas a la tarde, tendrá una comisión directiva propia, también estatutos y personería jurídica.
Pero por lo pronto habrá que aguardar un mes más para que la biblioteca abra sus puertas, enseñe su mundo privado a los vecinos, y busque despertar en muchos la pasión por los libros, por la lectura, por las historias, por los viajes y los encuentros que propone la literatura, por todo eso que se encuentra escrito en renglones parejos, en letras de molde.
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En Paraná la Vecinal Fe y Esperanza, nombre esperanzador, 12 manzanas, 900 viviendas, 100 negocios, una geografía que se extiende desde avenida Don Bosco hasta calle Fraternidad, desde avenida Ramírez, hasta Sudamérica, buscó cumplir con todo eso, y algo más también.
Gustavo Nuñez, que en 2010 asumió como vicepresidente de una Vecinal que hasta entonces estaba acéfala, propuso a los vecinos ocuparse entre todos de todo eso, pero también puso sobre la mesa la idea de armar de la nada una biblioteca popular en el barrio.
Todos dijeron que sí, todos aceptaron, y pronto, todos empezaron a colaborar.
Enseguida, hallaron el lugar adonde ubicarla: en el segundo piso del salón parroquial de la Parroquia San Roque, en Brasil y Vicente del Castillo de la capital provincial. Allí además Cáritas ocupa su lugar junto con un centro comunitario y un comedor comunitario, y donde pronto, también, habrá una biblioteca cada día de la semana.
El sacerdote Miguel Velazco recibió de buen modo la idea, y aprobó compartir el edificio. “El segundo piso del edificio no estaba bien, así que hubo que empezar con los arreglos”, dice Nuñez.
Y eso hicieron, empezaron: primero, una con campaña de donación de libros, y todo fue un éxito relativo, y después, otra campaña, del ladrillo, del cerámico, de los materiales de construcción, de los anaqueles adonde guardar los libros, y todo fue mejor aún.
Ahora, ese segundo piso, recompuesto, está en la última etapa, listo para inaugurarse, y dar paso así a la biblioteca popular del barrio. Si los planes marchan según lo previsto, a mediados de marzo estaría inaugurándose el lugar, abriendo sus puertas, empezando con los talleres.
De momento, sin embargo, no tiene nombre. Hay varias propuestas, muchas sugerencias, pero todavía no se deciden a escoger uno.
Lo que sí existe ya es una enorme cantidad de libros donados por gente del barrio, instituciones, vecinos y conocidos. Un total de 3.000, según el cálculo que llevan Iván Nevez, presidente de la vecinal, y Gustavo Nuñez, vicepresidente.
Falta, sin embargo, darle un empujón más a esta empresa. Resta completar parte de las estanterías, pero aguardan confiados en que las donaciones seguirán llegando.
Lo que sí cuentan es con computadoras. Y con sueños, muchos sueños. “Queremos darle a los chicos apoyo escolar gratuito, que se dicten talleres, pretendemos incentivar la lectura entre los jóvenes, porque eso es una falencia que vemos, y enseñarles a los adultos a que entren al mundo de la informática”, dice Nuñez.
Pero como no quieren que nada quede librado al azar, procuran que la biblioteca popular del barrio esté bajo las reglas que marca la ley: funcionará, como lo ordena la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares, de lunes a viernes, cuatro horas a la mañana, cuatro horas a la tarde, tendrá una comisión directiva propia, también estatutos y personería jurídica.
Pero por lo pronto habrá que aguardar un mes más para que la biblioteca abra sus puertas, enseñe su mundo privado a los vecinos, y busque despertar en muchos la pasión por los libros, por la lectura, por las historias, por los viajes y los encuentros que propone la literatura, por todo eso que se encuentra escrito en renglones parejos, en letras de molde.