COMEDOR

Las voluntarias de San Miguel

Sábado 31 de Diciembre de 2011 Hs.
Solidarias las mujeres que aportan su  trabajo al comedor de la Iglesia San Miguel.
Solidarias las mujeres que aportan su trabajo al comedor de la Iglesia San Miguel.
Cerca de las 10, las mujeres llegan a la Iglesia San Miguel. Hay que sacar los menudos de pollos, las ollas inmensas, el arroz, cortar el pan y empezar a cocinar. A las 12 llegarán los comensales: entre 50 y 70 personas que día a día, de lunes a viernes, almuerzan en el comedor comunitario de la parroquia de calle Carlos Gardel.
La principal intención de las voluntarias y del padre Juan Marcos Schmitt al hablar con EL DIARIO es agradecer la solidaridad de toda la gente que durante el año se acerca con donaciones de alimentos, dinero, elementos de limpieza o utensilios. De esa manera es que funciona el comedor de la Parroquia San Miguel desde hace 40 años.
Poco quieren comentar acerca de sus trabajos, pero esa solidaridad que ellos agradecen es directamente proporcional a la que practican.

PERSISTENCIA. Son alrededor de 20 mujeres que todos los días, en grupos de cuatro, trabajan desinteresadamente cocinando para los que nada tienen.
Ayer fue el último almuerzo del año y Nelly, Graciela, Griselda y Julia prepararon choripanes para todos.
“A las 11 cortamos un rato para tomar unos mates entre nosotras”, comentan y comparten con el cronista la verde infusión.
Dicen que después de la última nota de EL DIARIO sobre el comedor, las donaciones no paran de llegar y ellas lo agradecen como si fueran beneficiarias directas.
“Todos los viernes, un comercio de la ciudad nos regala carcasas y menudos de pollo que nos sirven para hacer guiso. Eso es muy importante”, remarcan.
Graciela hace más de 20 años que hace este trabajo, todas las semanas, los días viernes. Para eso, cuenta con la colaboración de toda su familia.
“Mi marido me trae en auto para acarrear algunas cosas, mi hija se encarga de la cocina. En fin, todos hacen algo”, señala.
Es que sin el apoyo familiar, tanta dedicación sería imposible. Por ejemplo, mientras Griselda cocinaba ayer, su marido se ocupaba de su pequeña nieta que estaba de paseo.
Y a ellas no les alcanza con ofrecer su tiempo y su trabajo: además, cada día ponen 10 pesos para comprar lo que falta. O algún día llevan helado para que haya algún postre, o un botellón de jugo, o algo de pan.
Las voluntarias se ocupan de hacer el guiso diario, poner la mesa y ubicar los 70 platos, cucharas y vasos. Además, sirven a cada uno de ellos, conversan con ellos, los escuchan y alientan. Luego, los comensales colaboran en levantar la mesa, pero las voluntarias son las que lavan la vajilla, limpian y ordenan. Tipo 13.30 recién pueden volver a casa.
“Ya estamos acostumbradas, no nos cansamos y para nosotras es nuestra misión”, revelan orgullosas, satisfechas.
Sólo faltan si están enfermas, o si algún miembros de sus familias tienen algún problema urgente, pero después el día que les toca trabajar en el comedor es el compromiso más ineludible y el más importante sin dudas.
“Los grupos son estables y prácticamente es la misma gente que trabaja desde hace años. Es que se requiere un compromiso muy grande”, explica el padre.
No se trata de un entusiasmo pasajero, no es cuestión de tener ganas un día o dos, sino de ofrecer ese tiempo y hacerlo con constancia y sostenimiento. Ésa es la clave, ése es el secreto para que esta obra perdure desde hace cuatro décadas.


Tiempos difíciles

Graciela recuerda los tiempos más difíciles, los de la crisis de 2001-2002. “Venían más de 120 personas por día. Era terrible. Verdaderamente, María Reina Inmaculada multiplicaba el guiso para darles a todos. No sé como hicimos para mantener el comedor”, dice.
Aunque estos son tiempos mejores, igualmente el comedor comunitario de la Parroquia San Miguel sigue sosteniéndose con donaciones.
Vasos y platos han recibido suficientemente, pero siguen necesitando cucharas. También, arroz o fideo, jugos para preparar. Los elementos de limpieza son siempre necesarios: detergente, lavandina, trapos de piso, rejillas, repasadores. Pero además, necesitan dinero en efectivo porque se debe comprar el pan, el gas y otras cuestiones imprescindibles.
Los interesados en colaborar pueden acercarse a la sede de la Parroquia San Miguel, Carlos Gardel 80, de Paraná.
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