HOJAS SUELTAS

Las pymes y la burguesía nacional

Lunes 28 de Noviembre de 2011 Hs.
En la literatura política argentina, el tema de la burguesía nacional es una preocupación histórica, ya que su tratamiento encierra cuestiones esenciales por su vastedad teórica y por su incidencia práctica en el ejercicio del poder político. Unido a este tema se encuentra el problema de la hegemonía en sus diferentes dimensiones, esencialmente nos referimos al plano del dominio político y al plano de la preponderancia económica.
A mediados de la década de los 90, el patrón de acumulación asentado sobre la base de la valorización financiera, comienza a mostrar los primeros indicios de su debilitamiento. Ese patrón de acumulación, tenía al frente desde la conducción política a una fracción de capital que venía en la vanguardia del proceso, desde la época de la dictadura militar: Capitanes de la industria, grupos económicos concentrados locales, grandes propietarios de tierras, etc. Sin embargo, la fracción de capital extranjero, las grandes empresas transnacionales y la banca mantuvieron una preponderancia económica. Un control estratégico desde las bambalinas.[1]
En ese momento, la fisura en el bloque dominante llevó a que los grupos económicos locales, para salvarse de la crisis que se avecinaba, se posicionaron en propiedades agrarias, renta financiera o simplemente fugaron sus capitales.
Para la superficie de la discusión pública, comenzó a generarse una confrontación entre la propuesta de un modelo industrial de concertación nacional que propugnaba esencialmente la devaluación del peso con un, modelo de valorización financiera que apostaba a salir de la crisis, dolarizando la economía.
Esta fracción de capitales nacionales, que formó parte del frente nacional y productivo, junto al movimiento obrero, al movimiento social, la pastoral social de la Iglesia católica y otros sectores, mostraba en su desenvolvimiento una paradoja que hará carne más adelante. Esa paradoja hace a una constante en la historia de la burguesía nacional argentina. Ya se habían desprendido de importantes medios de producción industrial para pasar a ser rentistas o atesoradores. Razón por la cual a muchos se los vio junto a la Sociedad Rural Argentina y a la banca de mayor concentración, en el conflicto con la mesa de enlace entre marzo y julio de 2008. Los grandes grupos económicos locales si bien apoyaron una devaluación, ya habían perdido la hegemonía frente al capital financiero externo.
Como lo fuera en otros momentos de la historia argentina, la llamada burguesía nacional lleva en su ADN, un comportamiento que la hace poco diferenciada de los productores del campo, y cuando las circunstancia así lo exigen, no dudan para pasar a ser rentistas o negociadores de bonos en las bolsas de valores. Desde el triunfo de la postura devaluacionista, la fracción de capital extranjero se replegó en el plano político, aunque conservó su preponderancia económica.
Una nueva transformación de la estructura económica y social argentina, vuelve a mostrar que el comportamiento de la nunca definida burguesía nacional es estructural, hace a su esencia más allá de las circunstancias particulares.

El lugar de las Pymes. No obstante, el desarrollo de las políticas del gobierno nacional, generaron un renovado entramado de Pymes no sólo en la industria, que es nuestra intención ubicar en el plano del análisis político. Este entramado que en la industria generó unas 14.000 unidades económicas, con la consecuente generación de empleo productivo[2], puede ser parte de la recuperación de la base subjetiva de la burguesía nacional, aunque el volumen de lo que producen y su peso en la estructura económica no sea preponderante.
Nuestro país aún padece la influencia de una gran extranjerización y concentración económica con un soporte tecnológico dependiente, son estas las tareas que tenemos pendientes.
Las Pymes, son la base de la burguesía nacional. A este crecimiento de los últimos años en el marco de un proceso de profundización del modelo industrialista, es de vital importancia para el gobierno, para los empresarios nacionales y para el movimiento social organizado sindical y territorialmente avanzar en las tareas aún sin resolver.
Cuando el gobierno nacional se recuesta muy fuertemente con el campo popular, después de la derrota de la circular 125 en el Congreso, quedó demostrado que la participación y la respuesta a las necesidades colectivas es la garantía del éxito.
Pero los peligros de la nación argentina, en cuanto a la fracción de capitales extranjeros que controla áreas importantes de la estructura económica, en un momento de crisis internacional, será necesario focalizar el proyecto desde lo político en la consolidación de una alianza (sujeto), entre el capital nacional productivo el movimiento obrero y el gobierno.
Las Pymes son la base material de los nuevos cimientos, queda trabajar sobre la subjetividad y la toma de conciencia. Su importante recuperación está teñida de una fragmentación en la representación política. En el país existen más de 800 cámaras empresariales, donde se superponen ramas, regiones y productos.[3] La unidad en su accionar político favorecerá la necesidad de un nuevo Pacto Social.
(*) IAJ-CGT
[1] Nota: Puede consultarse entre otros trabajos, el más reciente de Eduardo Basualdo: Sistema Político y Modelo de Acumulación. Cara y Ceca, Bs. As., 2011 (página 123,Tercer ensayo)
[2] Ver detalles en Suplemento Pymes/ Ámbito Financiero, 28/10/2011
[3] Nota. LN/Económico, 23 /01/2010
Carlos “Chino” Fernández
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