SALUD. Se han producido grandes cambios en la comprensión de la enfermedad

Alzheimer, algo más que un diagnóstico errado

El investigador en neurobiología Luis María Sánchez corre el velo que hay en torno de esta afección, y en su lugar, aporta una mirada científica pero humanística que a la vez, conduce a otro diagnóstico y otro tratamiento posible.
Miercoles 28 de Septiembre de 2011 Hs.
Se han producido grandes cambios en la comprensión de la enfermedad.
Se han producido grandes cambios en la comprensión de la enfermedad.
Para no confundirse
Para no confundirse
Los amiloides no son la causa, la acetilcolina tampoco”. Eso afirma con referencia al Alzheimer, Luis María Sánchez, director del Centro de Investigaciones Neuro-psico-etológicas & Proyecto Alzheimer Argentina que funciona en la Facultad de Ciencia y Tecnología de la Universidad Autónoma de Entre Ríos. “Una pérdida personal muy penosa sin capacidad de afrontamiento o de encontrarle una salida, que arrastra tras de sí la identidad misma de la persona”, es lo que en realidad dispara o inicia esta patología, insiste este hombre de ciencias.
En este mes, concretamente el 21 de septiembre, se conmemoró el Día mundial del Alzheimer, fecha elegida por la Organización Mundial de la Salud y la Federación Internacional de Alzheimer, para dar difusión a este problema. Para desvelar lo que poco se dice sobre este gran problema sanitario, EL DIARIO indagó la opinión de Luis María Sánchez, quien desde 2004 investiga esta problemática en el ámbito de la Uader, pero antes ya lo venía haciendo en la Universidad Nacional de Entre Ríos y en el Conicet.
“¿Qué dice el saber popular? Que cuando una persona queda en ese estado–absorto, ensimismado, apático, desinteresado, sin capacidad de emocionarse-, con profunda desatención, con fallas en los reconocimientos sensoriales-, es porque se ha entregado, se ha rendido, que bajó los brazos, que quiere irse, tal como está asentado en diccionarios de diversas lenguas. Como en muchas cuestiones el saber popular ya anunciaba con su propio lenguaje al nuevo paradigma que ahora se va imponiendo”, dice Sánchez.


ERROR. Desde hace dos décadas, todo indicaba que lo que se daba en llamar el mal de Alzheimer “no se desencadena por una alteración genética, por un déficit de acetilcolina en el cerebro ni tampoco una perturbación neuro fisiológica producida por substancias tóxicas u otras causas físicas, químicas o biológicas orgánicas, sino por una profunda crisis psicológica, lo que ya está ampliamente reportado”, subraya el investigador y señala que lo más frecuente es que la persona “comience con una pérdida personal muy penosa sin capacidad de afrontamiento o de encontrarle una salida, que arrastra tras de sí la identidad misma de la persona, de lo que cree que es, que ha construido alrededor de lo que ha perdido (su esposo, o hijos, un hermano entrañable, un hijo, o el trabajo, una especial habilidad física o mental, la capacidad de seducción, el dinero, etc.). El caso emblemático y más frecuente es la mujer que ha perdido a su marido y que su vida era estar todo el tiempo detrás de él. Todos los casos presentan este tipo de antecedente, a poco que se rastree en su historia de vida”.
Para Sánchez ahí radica la clave, no sólo para la terapéutica sino también para la prevención de este tipo de afección. Pues a veces “no es una sola pérdida sino una cadena de ellas”, advierte y al mismo tiempo agrega: “Quien niega la influencia de la psicología sobre nuestro cuerpo y que somos una unidad interactiva entre el cuerpo y la psiquis, es ciego a esta causalidad. Ceguera que impone el pensamiento mecanicista para considerar muchos problemas del ser humano, muy funcional para el inmenso negocio de los fármacos”, remarca el director de estas prolongadas investigaciones.

OTRA MIRADA. La pérdida de la que se habla es una muy singular: “La persona entra en un duelo patológico, en melancolía, lo que no puede resolver y entonces, demudada e inerme frente a su nueva realidad, trata de desvincularse de ésta, la rechaza y no quiere luego ser parte de la misma porque ya no se siente contenida, y llega incluso a desear la muerte. Expresa por ejemplo, que quiere irse, que molesta, que está de más, que no sabe para qué vive”. Esta situación es la que lleva a la persona “a una desatención marcada de lo que ocurre a su derredor al quedar atrapada por el pensamiento penoso de la pérdida irreparable que no le encuentra salida, que es interpretada por sus interlocutores y hasta por profesionales como una pérdida de la memoria, que no es tal sino un epifenómeno de aquella persistente desatención. Su mirada perdida es uno de los indicadores precoces de tal situación, así como la apatía, una depresión esencial con descuido personal, la ausencia de emociones y por fin las fallas en los reconocimientos sensoriales en los diez canales. La desatención es tan marcada que apenas termina de hacer o decir algo habitual y mecánico, no lo recuerda porque no lo ha grabado. La mala interpretación de esto es lo que conduce a los errores de diagnóstico, que lleva a que los falsos positivos –error por el cual al realizar una exploración física o una prueba complementaria, el resultado indica una enfermedad determinada, cuando en realidad no la hay- sean hasta el 75 % en ciertos países y regiones”. Pero lo que ocurre es otra cosa: “Para cortar los lazos con la realidad la persona recurre en forma anormal a un mecanismo biológico de comportamiento que todos poseemos y al cual echamos mano habitualmente, que es el bloquear respuestas motoras y cognitivas a ciertos estímulos sensoriales recibidos para priorizar las respuestas frente a otros más urgentes y necesarios para la supervivencia, como al cruzar una calle peligrosa o prontos a ser atacados. La forma anormal o patológica de este comportamiento normal es uno de los típicos que se observan en todos los casos del proceso alzheimer, y que culmina en las fallas en los reconocimientos sensoriales en los once sentidos que poseemos (visión, audición, equilibrio, tacto, orientación espacial, gusto, percepción corporal, olfato, y los otros tres que se desarrollan a lo largo de la vida de relación: sentido de lo extraño o de la familiaridad, sentido del tiempo y sentido de la ubicuidad)”. Todos los comportamientos anómalos a los que se asiste pueden entenderse sobre esta base.


Un poco de historia
En 1995, con la colaboración del médico humanista Jorge García, entonces también en Paraná, se presentó el primer trabajo en el Congreso Mundial de Neurología que se hiciera en Buenos Aires, reportando que una crisis psicosocial estaba siempre presente en el origen del proceso alzheimer. “El auditorio entró en ebullición y rechazo: con una mayoría de médicos clínicos, psiquiatras y neurólogos no era para menos: se les estaba diciendo que no era cuestión de drogas, sino de la palabra, la empatía y el esfuerzo plural para ayudar a salir de ese duelo”, puntualiza el investigador. Pasaron 15 años largos y ahora la perspectiva mecanicista sigue con las manos vacías y peor aún: casi las tres cuarta partes de las personas son falsos positivos por confusión con otros diez síndromes, ninguna droga logra nada y niegan las recuperaciones realizadas en distintas partes del planeta.




Para no confundirse
Esta nueva perspectiva o paradigma constituye “una mirada holística y humanista del fenómeno que avala, justifica y fundamenta todos los esfuerzos terapéuticos no farmacológicos no médicos ya iniciados, ya sea por psicólogos, médicos humanistas, enfermeras, psicoanalistas, terapistas ocupacionales, psicólogos sociales, acompañantes terapéuticos, trabajadores sociales en salud y muchas personas de bien que fueron relegados en su accionar terapéutico bajo el dominio hegemónico de la fallida hipótesis del amiloide y otras conjeturas que ahora se han derrumbado”.
Basados en la teoría alternativa neuro-psico-socio-biológica, estos investigadores señalan un nuevo paradigma para la comprensión de este fenómeno y marcan groseros errores en torno del diagnóstico y abordaje de esta problemática. “En la Demencia Crónica Progresiva (DCP) o Alzheimer no hay una alteración de la memoria sino de su condicionante funcional previo, que es la atención. No hay pérdida de la llamada memoria inmediata, sino desatención. La pulsión de vida aflora sólo en recuerdos del escenario infantil con todos en su hogar de la niñez, padres y hermanos vivos, lo que se ha confundido con el mantenimiento de la memoria del pasado, lo que no es cierto; sólo hacen referencia a escenas con ese contenido”, aclara Sánchez.



Investigadores
El grupo de trabajo está conformado por la Licenciada en Psicología Patricia del Carmen Tudor, el médico especialista en sistemas de salud Jorge García, el médico neurólogo Carlos Cantero, la profesora de Biología Dana Banega, la becaria del Consejo Interuniversitario Nacional Constanza Lucía Bournissen, becarias de Iniciación a la Investigación de la Universidad y estudiantes de Biología, de Psicología y otras carreras.

Apoyo
Desde 2008 hasta la actualidad el equipo de investigación ha recibido un importante y continuado apoyo del Programa Nacional de Voluntariado Universitario, que le permitió ejecutar actividades en ciudades de la costa del Uruguay, de las provincias de Buenos Aires y de Santa Fe y en localidades de la República Oriental del Uruguay.

Más información
Los interesados en contar con más detalles pueden comunicarse con el equipo de investigadores de la Uader que funciona en Concepción del Uruguay, teléfono (03442) 43 1442, celular: (03442) 15488803.
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