POR LA CIUDAD. Un recorrido a la siesta por el nuevo paseo local

Qué hace la gente en el nuevo shopping

Tal vez no compren nada, pero los paranaenses no se quieren perder la novedad del shopping. Ahora, en esos domingos de tedio, el hipermercado ubicado en el Parque Nuevo tendrá competencia: hay otro lugar para pasear. Qué hace la gente en el shopping si no le alcanza la billetera para buscar alternativas de consumo en los negocios. Un recorrido por el nuevo atractivo de la ciudad, a la hora de la siesta.
Miercoles 8 de Junio de 2011 Hs.
Además de un sitio de compras, se transformó en un lugar de recreación.
Además de un sitio de compras, se transformó en un lugar de recreación.
El shopping, un paseo novedoso.
El shopping, un paseo novedoso.
Qué cambia? Scutella está pintando las rejas de color verde para mejorar el aspecto de su comercio que ahora da frente al shopping. Su vecino todavía no hizo nada, pero el dueño de la bicicletería que asoma en Gualeguaychú planea, también, alguna mejora. Hay gente trabajando sobre la amplia explanada que anticipa la puerta de ingreso en calle Venezuela. Faltan detalles y falta que se equipen e inauguren algunos negocios.
El miércoles, decía Daniel, fue con sus hijos de noche y se detuvo en la imagen que le pareció vieja: un perro echado sobre la esquina –Pellegrini y Venezuela–, justo donde funcionaba un pub. Ahora no hay perros y el movimiento está menguado por el momento del día: son poco más de las 14, pero sin embargo anda gente por el shopping.
Poco tiempo atrás, un rato después del mediodía la ciudad entraba en un letargo profundo y prolongado. A las dos de la tarde sólo se podía encontrar abierto farmacias, quioscos y, en verano, heladerías. Ahora hay negocios de comidas que atienden de corrido en el shopping.
Todavía la experiencia es inaugural, nuevísima. La gente pasea descubriendo el lugar, curioseando en negocios probablemente inaccesibles para el bolsillo de buena parte de ellos. La gente pasea casi deslizándose por los cerámicos lustrosos y relumbrantes, mirando las vidrieras amplísimas, las mesas del café de abajo, la escalera mecánica algo angosta, y el piso superior con los juegos para chicos y unas 60 mesas sobre el codo de galería que balconea hacia el corazón del ex mercado. Cerca queda el techo restaurado y pintado a nuevo.
El recorrido no demanda más de 15 ó 20 minutos, pero uno también se puede detener o ingresar a los negocios y buscar algo a la medida de su gusto y su billetera. Hay perfumería, marroquinerías, negocios de ropa de hombre y ropa de mujer, chocolatería, lencería, joyería y también marcas para chicos. Arriba sólo queda espacio para una juguetería y una casa de deportes. El resto lo ocupan los juegos y dos locales de comidas.
VISITANTES. Valeria, que trabaja en uno de los negocios de ropa, dice que la actividad desciende a la siesta, pero que nunca deja de pasar gente. Desde las 9 a las 21. Todo el día. Eso sí, hay gente que entra, pregunta precios y respira profundo antes de musitar "gracias" casi en un hilo de voz. Luego tragan saliva y se van, derrotados.
Hay chicos en el segundo piso que dejaron la mochila en el suelo y juegan en esa máquina donde ensayan pasos de baile o algo así. Andan empleadas de uniforme que se tomaron un descanso a la siesta, bancarios de corbata que salieron a pasear y varias madres con sus gurises, que ya se entretienen con la escalera mecánica un rato y después atacan los juegos, que no son gratis. El lugar se ofrece como una alternativa de esparcimiento, en el caso de la familia, con un costo en juegos para los más chicos y algún café para los más grandes. Como fuera, será la opción, al menos al principio, para alguna gente que elegía pasar las tardes de domingo en un hipermercado.

PASEO. Ya están dispuestos carteles y espacios para negocios que todavía permanecen vacíos, incluso uno que está bien en la esquina y da a la calle, justo donde por 60 años vendieron frutas y verduras los hermanos Guerra. Ahí se emplazará un bar, sobre Chile y Venezuela, con vistas a la cuadra corta de la peatonal que cierra con una dependencia del Pami y una peluquería.
Adentro la gente da vueltas, sube por la escalera mecánica y baja sin apuro por la común, porque la otra mecánica no está en funcionamiento. Ahora, diez minutos antes de las tres, en el café de abajo se ocuparon cinco de las diez mesas disponibles. Un cortado vale 12 pesos, del mismo modo que un pañuelo para una joven puede alcanzar los 250 pesos en algunos de las marcas femeninas que se ofrecen por acá.
Arriba hay siete mesas ocupadas, pero el movimiento mayor se concentra en los juegos, donde hay una de esas calesitas que se montan en los shopping, de colores crema y caballos impecables, en que los más chicos se suben y en plena marcha detectan el próximo juego que pretenden: entonces se olvidan por completo de la diversión actual, ganados por la ansiedad de la otra propuesta. Así, sucesivamente.

SIESTA. "A las cinco empieza el movimiento mayor", calcula uno de los comerciantes que estima en un 60% la baja de concurrencia a la hora de la siesta. De todos modos, tal vez por la novedad o sencillamente porque la ciudad ya comienza a manejar otros horarios, la actividad no es poca y resulta llamativa. Hay familias paseando por el shopping, familias que renunciaron al descanso y llevan a los chicos a pasear por las vidrieras del shopping nuevo. El shopping que ocupa el lugar del viejo mercado, manteniendo su fisonomía, pero con el espíritu de estos tiempos. Aunque algo debe quedar en ese espacio intervenido, piensa Daniel, porque el perro echado sobre la esquina de Pellegrini y Venezuela que vio en la noche del miércoles, cree ahora, era parecido o directamente era el mismo que estaba antes, cuando en lugar de los vidrios espejados que no permiten ver el interior de los negocios, se veía la penumbra de los comercios viejos del mercado.


Placas
Quedan detalles por concluir, pero la obra está lista. Eso sí, lo que no faltan son placas al edificio del mercado devenido en shopping. En la puerta de acceso hay por lo menos cuatro: una de la primera inauguración firmada por Cándido Uranga en 1921, otra con la rúbrica de Humberto Cayetano Varisco, en 1987. Y las dos actuales: una de la Municipalidad de Paraná y su intendente José Carlos Halle y otra del Gobierno de Entre Ríos, firmada por Sergio Daniel Urribarri.
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