El ex director de Cepal asegura que sigue siendo alto el nivel de primarización

Kosacoff: “Entre Ríos tiene potencial para captar inversiones industriales”

Uno de los más reconocidos analistas y consultores del sector fabril entiende que las condiciones macroeconómicas del país han mejorado sustancialmente y que se han recuperado inversión, empleo, ahorro, patrimonios y que no existe capacidad ociosa ni competitividad por tipo de cambio. Sin embargo habla con EL DIARIO de una agenda pendiente.
Sábado 30 de Julio de 2011 Hs.
Bernardo Kosacoff volvió a Paraná y entiende que la provincia tiene un gran potencial
Bernardo Kosacoff volvió a Paraná y entiende que la provincia tiene un gran potencial
Bernardo Kosacoff es uno de los principales economistas que tiene el país con un prestigio que trasciende largamente las fronteras; y sus conocimientos sobre política industrial, Pymes y competitividad son reconocidos a nivel mundial. Hace un año que dejó la dirección de la oficina de la Cepal en la Argentina, y hoy busca más la tranquilidad y concentra sus esfuerzos en ser el director académico del Cecyd (Centro Empresa Competitividad y Desarrollo) que llevan adelante ITBA y la Universidad de San Andrés; con estos pergaminos llegó jueves y viernes a Paraná a participar del seminario “Política Industrial y Economía Argentina” que organizó el departamento de Posgrados de Facultad de Ciencias Económicas de la UNER. Kosacoff tiene una visión optimista acerca de la evolución de la industria en los últimos años pero cree que todavía hay que trabajar en una agenda de la integración vertical, sobre sectores que tienen déficit externos y sobre “arbolitos” que crecen pero que todavía, sumados, “no alcanzan a constituir un bosque”.
–Ud. advierte que este modelo sigue siendo tributario a las reformas de los `90, y adolece de un alto grado de primarización...
–La economía argentina cambió radicalmente después del ocaso de la Convertibilidad y ha tenido un desempeño mucho mejor de lo previsto. Y esto ha permitido la recuperación del nivel de actividad, la recomposición de los procesos de inversión, aumento del ahorro, recomposición de las deudas, mejora en los endeudamientos del sector público y privado, en fin un conjunto de indicadores a que esta altura todo el mundo conoce.
Pero falta una tarea central para adelante y hay que sostener el desarrollo al largo plazo y continuar, no sólo con el mantenimiento del nivel de actividad sino que también lograr mayor inclusión social y entrar lo que en economía de desarrollo podemos denominar una dinámica de cambio estructural.
–¿Léase nueva matriz?
–Esto implica un cambio profundo en el patrón de especialización. Lo que Argentina no ha superado de los años ‘90 es la excesiva primarización de la economía donde las dos grandes dinámicas de cambio estructural que se dieron en los años anteriores es la vuelta de los recursos naturales en todos sus aspectos, pero obviamente quizá como el núcleo articulador más fuerte es la producción de los oleaginosos, y por otra parte en la estructura industrial en el desarrollo de las plantas de insumos básicos, donde la Argentina es un espectacular productor de aceros, petroquímica, aluminios, cemento, etc.
–¿Articulación debe leerse como una deuda en una verdadera integración vertical de la industria nacional?
–Exacto, y si bien se ha permitido recuperar la capacidad y el crecimiento del sector industrial y la creación de empleos, y esto es muy positivo. Lo que falta es justamente es una tarea de cómo entrar en un patrón de especialización para que aprovechemos esto de tener muy buenas materias primas, como elemento positivo, pero que en realidad con el desafío de que en vez de exportarlo sin valor agregado le podamos agregar empleo eslabonamientos, proveedores y desarrollo de capacidades domésticas.
–Sin embargo, no parece que la inversión acompañe este proceso
–Bueno, para esto la inversión es un punto clave. Para decirlo en términos sencillos: la Argentina es el mejor productor del mundo de insumos alimentarios, pero no vendemos alimentos diferenciados. Exportamos proteínas verdes pero no exportamos proteínas blancas o rojas. El acero que produce la siderurgia o el aluminio que produce Aluar es el mejor del mundo, pero tenemos que exportar más bienes de capital máquinas herramientas; somos productores de cueros manufacturados, pero lo que tenemos que evaluar es cómo exportamos zapatos o ropa de cuero de alta calidad. No hay mejor materia prima de las que producen los polos petroquímicos, pero nuestro desafío es cómo ponerle más valor agregado y armar la química fina y las especialidades. Y esa es la tarea que aún está ausente. Sin embargo aparecen pequeños arbolitos que nos evidencian que la argentina puede hacer esto, pero cuando lo sumamos macroeconómicamente todavía no definen el patrón de especialización.
–Una golondrina que no hace verano...
–La economía es dialéctica, no es lineal y primero tenemos que levantar nuestra autoestima. Sólo 10 países de los 200 países en desarrollo producen cosas tan complejas como las que se hacen en la Argentina. Cuando ve los ejemplos de Invap haciendo satélites o prototipos de reactores nucleares o los vinos finos de las provincias o que se puedan clonar vacas o aceite de limón en Tucumán vemos que la oportunidad está, pero no nos podemos quedar ahí. Tenemos que expandirlo, porque estos sectores que ingresan a la sociedad del conocimiento es menos del 10 % de la estructura productiva del país. Pocos países pueden hacer cajas de cambio como las de Córdoba o la gente de Rafaela haciendo válvulas para la Fórmula 1. Esto es lo contradictorio. Por un lado tenemos que levantar la autoestima porque la industria argentina tiene más de 100 años de historia y somos capaces de generar modelos de organización de la producción que están en frontera técnica internacional. El desafío es cómo ampliarlos y cómo difundirlos. Cómo estos arbolitos no hacen bosques. Hay que integrar mayormente el sector autopartista a la altura de la industria automotriz, porque cuanto más autos exportamos más grande es el balance comercial negativo por la importación de autopartes.
–¿Ve una dificultad en que la banda de la inversión esté anclada entre el 20 y el 23 % del PBI?
–Si, está anclado; ¿pero eso bueno o malo? Puede ser el vaso medio lleno o medio vacío. Cuando fue el ocaso de la Convertibilidad la tasa de inversión no superaba el 11 %, y ni quisiera amortizábamos el capital y la economía se estaba descapitalizando. Es fantástico que hayamos pasado del 11 al 22 %, y esa es la mitad del vaso lleno. Eso se hizo sin mercados de capitales y sin financiamiento externo. Se pudo hacer porque el desempeño microeconómico fue espectacular y permitió aumentar notablemente la tasa de ahorro de la Argentina en 7 u 8 puntos. Eso permitió financiar esta inversión y corregir los problemas de endeudamiento que tenían las empresas y ahora tienen una situación patrimonial espectacular y sin deuda, y al mismo tiempo permitió financiar una salida de capitales del orden de los 65 mil millones de dólares. Hay un fenómeno interesante. La tasa de inversión está en el 22 %, pero cuando uno la discrimina aparecen algunas cuestiones clave. Invirtieron las Pymes, el sector turismo, el de recursos naturales, hubo inversiones en minería, y el Estado volvió como actor clave. El sector construcciones también fue central en este proceso. Dónde está la mitad del vaso vacío es en que para mantener una tasa de crecimiento del 5 % hacen faltan 3 o 4 puntos adicionales de inversión. ¿Dónde faltan?: en el sector infraestructura.
–¿Debe ser directa extranjera, financiada por el sector privado, abierta desde el Mercado de Capitales...?
–Ese es otro problema. El otro tema que faltan son las nuevas grandes empresas que hagan la dinámica de cambio estructural. En términos de dinero son 13 o 14 mil millones de dólares anuales para poder aumentar la inversión. Recordemos que se fueron en estos cinco años 65 mil millones de dólares, con lo cual los argentinos tenemos el dinero como para financiar el aumento adicional de la inversión que nos permita el crecimiento en el largo plazo.
–Pero hoy se advierte un proceso opuesto a la recuperación de capitales...
–Sí, justamente. Esto es lo que hay revertir y están dadas las condiciones. Hoy la economía argentina tiene otros dilemas por resolver, pero hay margen técnico para hacerlo. No tenemos que recurrir como en el pasado a fuertes procesos devaluatorios o fuertes inflaciones para corregir desequilibrios macroeconómicos. Hay tres pilares fuertes para salir adelante: a) un escenario internacional que es muy favorable al país; b) una situación patrimonial de las empresas que es muy buena después de ocho años buenos; y c) y números macroeconómicos que desde el punto de vista externo y un punto de vista fiscal que constituyen un punto de partida positivo. Pero hay nuevos temas por resolver y entre ellos está el proceso inflacionario, la salida de capitales, la corrección en la calidad de los subsidios para que vayan por el lado de la eficiencia y la equidad...
–Hablando de correcciones, ¿Advierte riesgos de corrección del tipo de cambio atento a lo que está pasando en Brasil?
–Hoy Brasil juega por la Argentina, porque tiene el nivel de apreciación de su moneda más alto de la historia, con un mercado doméstico muy consolidado y con una demanda de productos industriales argentinos, especialmente del sector automotriz, realmente espectacular. Obviamente las condiciones que genera esta apreciación cambiaria en Brasil les está complicando los fenómenos de competitividad de la economía brasilera y se esperan correcciones que son inminentes.
–¿Y con respecto al resto del mundo?
–La estructura productiva argentina es muy heterogénea y los sectores exportadores y los más eficientes tienen condiciones de competitividad muy buena, en lo que hay que avanzar es en los sectores del conocimiento, y en este caso aparece un dilema muy distinto al que teníamos entre 2003 y 2007. Ahí fuimos muy competitivos porque teníamos capacidad ociosa y competitividad precio muy fuerte; hoy el desafío es mucho más complejo. Tenemos que ir al corazón que es el aumento de la productividad, acelerar la inversión, calificar los recursos humanos, acelerar los procesos de innovación, es decir acelerar los factores que no son de competitividad precio.

Resta cumplir una compleja agenda de integración
–Intentando pensar la agroindustria provincial, ¿Cómo sucede que la variable científica se integra a la producción en una fuerte cultura por la producción primaria?
–En mis años universitarios en los `60 era difícil pensar en que sectores de recursos naturales podían tener innovación, y la verdad que nos llevamos una grata sorpresa, porque hoy la innovación no está sólo al interior del sector manufacturero, sino que está en el conjunto de la sociedad.
–En el ADN del siglo XXI...
–Sí, y hemos avanzado notablemente. Hoy los sectores productores de recursos naturales, los sectores productores de servicios que antes no existían como el software, el turismo, y otros tienen una cultura muy distinta e incluso una actitud emprendedora de la gente muy distinta. El punto de partida que tenemos hoy en el campo de la innovación es muy superior a lo que teníamos 20 años atrás. Hoy no hay ningún candidato a presidente que no reconozca la importancia de la educación y la innovación y los avances de la competitividad para tener crecimiento y desarrollo económico, pero también inclusión, equidad y brindar capacidades para que la gente pueda aprovechar las oportunidades e integrarse a un mundo mucho más justo.
Este es un consenso que todavía está en el discurso, pero que por los menos es muy distinto de lo que escuchábamos en la sociedad argentina décadas atrás. Hoy la sociedad ha incorporado dos variables clave para el desarrollo: la primera es el consenso sobre la necesidad de la consistencia macroeconómica; el segundo que eso solo no alcanza, y que hay que tener la agenda del desarrollo, allí no puede estar ajena a la agenda de la sociedad del conocimiento. El tema de innovación, de educación, son los dos canales fantásticos para recuperar la dignidad y la inclusión del conjunto de la sociedad a través de trabajo decente, y eso significa generar una base productiva distinta. Queda mucho para hacer. La Argentina es un país excesivamente primarizado, con una fuerte presencia de capitales extranjeros que, lamentablemente, tiene una calidad de presencia que no es acorde a la importancia de su participación en la economía.
–¿El país genera condiciones e induce esta integración?
–Sí, y de alguna manera eleva nuestra autoestima de estas islas maravillosas que tenemos pero que todavía no son suficientes para formar una masa crítica que forme un continente que brinde trabajo decente y equidad, donde la competitividad no sea el tipo de cambio o el trabajo precario, sino la calidad del trabajo y formal.
–¿Qué sucede para que un país que crece a tasas chinas, reconvierte su industria tiene una informalidad que superar el 35 %?
–Cuando uno ve el pasado cuando ve que la Argentina tenía el 7 u 8 % de empleo informal es una vergüenza. hay que seguir trabajando para modificar la base productiva que tenemos, y lo que hay que hacer es que estas pequeñas islas maravillosas se difundan y que todos los incentivos estén puestos en la que gente que invierte e innova, para los que califican los recursos humanos, para aquellos que piensan en una integración con el sistema educativo-científico-tecnológico con el aparato productivo, queda una agenda de desarrollo compleja que la argentina tiene la oportunidad que demanda un ejercicio colectivo de fuerte compromiso público-privado.


Integración público-privada
“Definitivamente”, responde Bernando Kosacoff cuando se le consulta acerca de si es optimista sobre las posibilidades de que las provincias puedan tener políticas de desarrollo industrial. Entiende que hoy hay una oportunidad espectacular de que haya expresiones de desarrollo local “donde se vean los problemas concretos y una fuerte construcción institucional público-privada para que el país pueda generar más y mejores riquezas de las que está generando”. Dice que el potencial de la Argentina es “espectacular”, y no duda de que “Entre Ríos es un territorio privilegiado a nivel de América Latina para aprovechar oportunidades de inversión y de negocios que apunten al desarrollo económico, y entender que los buenos negocios tienen que hacerse con responsabilidad, con equidad, con control del cuidado del medio ambiente y generando posibilidades de inclusión”.
–Si el Gobernador se sentara en esta mesa ahora y le pide asesoramiento para lograr un polo agroindustrial: ¿Cuál sería su principal consejo?
–Le digo que no se haga expectativas porque no puede una persona sola modificar un problema global. Hay que poner a todos los actores, rescatar las potencialidades que muchas veces se subestiman y al mismo tiempo ver dónde están las dificultades. Luego le hablaría de un fuerte trabajo público-privado y una fuerte política de transparencia, porque cuando uno hace programas de políticas públicas tiene que tener claro que son transparencias de ingresos. El desafío central que uno tiene que tener que esas transferencias de ingresos no sólo sirvan para rentas privadas sino que haya una coincidencia de competitividad. Las rentas del sector privado, que son muy positivas cuando se hacen en términos de actividades emprendedoras, tienen que tener coincidencias con los beneficios sociales. Esto significa tener muy buena conciencia de lo que se hace, muy buena transparencia y flexibilidad para ver si nos estamos equivocando.
Gustavo Sánchez Romero
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