ENTREVISTA. Horacio Chango Spasiuk
Un artista que crece sin desprenderse de sus raíces
“Existen infinitas formas de ver la música”, dice el músico que subraya “la necesidad de ser fiel a uno mismo” y hacer “lo que uno realmente quiere en forma honesta”. A la vez, admite que, “en el fondo, todo mi trabajo tiene que ver con mis raíces, con mi lugar de origen”. El reconocido acordeonista charló con EL DIARIO antes de presentarse en el Festival Nacional del Chamamé, en Federal, donde, acompañado por un sexteto presentó temas de Puynandí, su último disco.
Domingo 19 de Febrero de 2012 Hs.
“La verdad es que será un gusto compartir lo que uno hace con honestidad con la gente de esa ciudad a la que hace tiempo que no voy”. La inconfundible tonada delata el origen fincado en la comarca de la tierra roja. Pero las palabras de este hijo de inmigrantes ucranianos, nacido en Apóstoles, denotan también su periplo por otras tierras. Radicado en Buenos Aires, Horacio Chango Spasiuk se asomó al mundo a través de conciertos en Europa y América del Norte, invitado a los principales festivales de lo que se conoce como músicas del mundo. El sabor esencial de su trabajo, con fuertes marcas de identidad, lo proyectó más allá de la comarca y le permitió situarse entre los más conocidos representantes de una generación de compositores que ha llevado a la música argentina a nuevos horizontes.
Fue una de las presencias destacadas en el 37º Festival Nacional del Chamamé del Norte Entrerriano. Su llegada a Federal le permitió reencontrarse con el público de la Ciudad de canto y esperanza tras 15 años de ausencia.
Mientras trabaja en los detalles de su nuevo CD, Spasiuk -representante de esa síntesis tan especial que se produjo en lo étnico y lo cultural en Misiones- disfruta al recorrer el país junto a un sexteto para interpretar temas de Puynandí (Los descalzos), su último disco. Con ellos ganó el respeto y el reconocimiento de un público exigente al que también cautivó con un recorrido con composiciones clásicas del género del Litoral, “con temas que forman un repertorio que cuando era niño, sonaba en la radio ubicada sobre la heladera y que escuchaba en el patio de mi casa”.
“Para mi llegar a este lugar es algo muy importante. Ha sido mucho tiempo sin venir. Demasiados años. Y estoy muy agradecido porque me hayan tenido en cuenta; y a la vez con muchas ganas de tocar”, confió el artista a EL DIARIO antes de presentarse en el escenario Ernesto Montiel.
- ¿Qué siente al volver a presentarse en este Festival después de tantos años?
- Mucha alegría, en especial por poder encontrarme nuevamente con el público, y poder entregarle lo mejor que uno tiene.
Es bello poder venir y compartir lo que uno hace en un contexto de gente que ama esta música. Yo me siento parte de esto. Federal es como una metrópoli si la comparo con el pueblo del cual vengo. De allí mi respeto por un lugar del que me siento parte, como me siento parte de esta energía, del calor, del amor por esta música.
Y estar en este encuentro en que se celebra este tipo de repertorio, a los compositores del género, estar en esto de lo que siento que soy parte, me da muchísima alegría. Y si no vengo, igual sigo sintiéndome parte, porque es desde lugares como éste que se nutre mi música.
De todas formas, poder estar aquí es un regalo que agradezco muchísimo.
- ¿Es volver a las fuentes?
- En realidad, recorrer el camino que transito sería imposible si no estuviese parado siempre sobre las fuentes. Si no estuviese en contacto con la raíz, no iría a ningún lado, no tendría dirección alguna.
Con una serena alegría, producto de la madurez, Spasiuk remarca que es necesario estar ligado a las raíces para proyectarse. Poco afecto a los estereotipos, Spasiuk compone entonces desde su visión de la música del nordeste.
Y si bien viajó por muchas partes del mundo junto a su acordeón y los sonidos de su comunidad, nunca, asegura, se alejó de su origen, aún hoy, en su casa ubicada en una localidad cercana a la Capital Federal.
“No he sentido que me alejara de algo. Existen infinitas formas de ver la música desde un lugar y cuando se es fiel a uno mismo y se hace lo que uno realmente quiere hacer en forma honesta, el resultado muchas veces puede arrojar algo que sea llamado vanguardista o tantos adjetivos más que se le pueden poner a mi música. Pero en el fondo todos tienen que ver con mis raíces, con mi lugar de origen”.
Por eso mismo es que el chango, que aprendió a tocar el acordeón junto a su padre, en la provincia de la tierra colorada, repite una y otra vez, como para despejar dudas: “No tengo necesidad de volver a mis raíces, (porque) nunca las dejé. Sí de expresar lo que siento en determinado momento de mi vida”.
BÚSQUEDAS Y RECORRIDOS. Convencido de que lo más importante es la interpretación “en vivo”, desde esa premisa, el misionero recorre el país junto a un sexteto que ha dado una impronta camarística a su propuesta. De todos modos señala que hablar de música es complicado. Ante todo, opina, “hay que escuchar y sentir”.
En un repaso por su historia, con la perspectiva de los años, reconoce que “el hecho de trabajar con diferentes formaciones me permitió transitar diferentes estéticas”.
“En un momento mi búsqueda fue más eléctrica y con el correr de los años estoy convencido de hacer lo mismo, mejor, a través de una propuesta con el sabor genuino de lo acústico”, explica.
De alguna manera transitar esos caminos, el recorrido internacional, la presencia en festivales de jazz y músicas del mundo, el estar en contacto con otras corrientes “me posibilitaron revalorizar elementos que siento que son esenciales, que hacen a mi origen, a mi historia, a mi pueblo. En ese camino, siento que mirarlos de lejos me permitió darles mucho valor, más incluso que los que tenían antes de salir a ese encuentro de otras músicas y culturas”.
“Mientras pueda desarrollar mi búsqueda y pueda sentir que hago algo honesto seguiré adelante. Lo mío no es la queja”, asegura Spasiuk que pese a la repercusión de su trabajo conserva el sentido de ubicuidad con relación a lo que considera su lugar en el mundo.
- ¿Esta idea de venir con un grupo de formación camarística forma parte de su búsqueda?
- Seguro, de alguna manera es parte de un camino. Cuando uno busca hay un montón de situaciones estéticas por las que pasa de las cuales, al mirar hacia atrás, algunas no son de las mejores. Pero hay que transitar por allí, para tener la experiencia, y sacarse el gusto de probar. Porque además es una necesidad y como uno nunca sabe de antemano cuál será el resultado de una búsqueda hasta que no lo intenta, no puede responder a las preguntas que tiene al principio. Y en ese caminar se hacen discos, se deja producción. Con cosas luminosas y no tanto. Hemos pasado por discos como Bailemos y..., que por ahí no es de lo que esté más feliz, pero al que rescato como un lugar de experimentación, de búsqueda. También en esa línea están Chamamé crudo y La ponzoña. Pero a partir de Tarefero de mis pagos, o ahora de Puynandí, me gusta el lugar al que he llegado y quiero quedarme bastante tiempo en este territorio. Me gusta el concepto acústico, camarístico, de la madera, el chelo, el violín, sonando ensamblados con el acordeón al que hemos conquistado.
Me siento bien. Siento que lo que tengo ganas de compartir, de alguna manera está expresándose así. Y estoy contento de tocar este repertorio.
Música sin géneros ni barreras
Contundente al momento de brindar definiciones, el músico remarca que el chamamé “es una música fuerte, con una estética muy potente. He llegado a tocar música bastante honesta, que para nada trata de ser complaciente o agradable o que esté hecha para gustar a los difusores o los medios de comunicación”.
Esto, de por sí es toda una definición política e ideológica, en un momento en que todos los circuitos de producción y distribución privilegian lo comercial sobre cualquier otros aspecto. Circuitos que, además, subestiman la capacidad de la gente en cuanto a las posibilidades de apreciar y gozar con sonidos `diferentes´ a lo que el gusto del sacrosanto mercado se empeña en proporcionarles.
Por eso, en realidad, la música de Spasiuk es para cualquier persona, no importa su edad, sexo o condición educativa y social. “No me gusta esa idea de compartimentar o adjetivar”, admite, por aquello de la insuficiencia de las palabras para dar cuenta de un hecho estético.
Y es aquí donde el misionero se vuelve esquivo a las definiciones. Más bien, él prefiere invitar a la gente “simplemente a disfrutar música del nordeste del país, que está dirigida a quien tiene ganas de escuchar”.
Regalo
- ¿Luego de la reconocida serie de programas Pequeños universos en canal Encuentro hay alguna idea de continuar con esa iniciativa que reflejó, desde lo cultural, el trabajo de personas en todo el país?
- Creo que sí. Es un regalo hacer ese programa. Por ahí nos gustaría escaparnos al Mercosur, ver cómo sería hacerlo en Uruguay, en Paraguay. Estamos en eso. Veremos si podemos editar algunos especiales que reflejen algo de esos países. Pero falta tiempo aún y recién estamos haciendo los primeros contactos.
Reconocimiento popular
Desde hace unos años la Comisión organizadora de la Fiesta Nacional del Chamamé decidió brindar un reconocimiento a quienes cuentan con trayectoria y han realizado contribuciones -con su vida y su obra- al género. Se trata del Cachencho de Bronce, estatuilla realizada tomando como modelo el personaje que identifica al festival.
Luego de un debate que se cerró con una votación días anteriores, el reconocimiento que otorga cada año el Festival, fue entregado a un histórico del género: Oscar Burgardt. El codiciado galardón –expresa y sintetiza la voz de los federalenses- le fue entregado el sábado por el intendente –preside la Comisión organizadora- en nombre del pueblo de Federal, en un emotivo momento de la noche central del encuentro.
Al recibir el galardón, el acordeonista expresó su emoción y a la vez agradeció el reconocimiento. “Me toma de sorpresa, no esperaba recibirlo. Muchas gracias a todos”, añadió el artista al que se le otorgó la estatuilla por la difusión permanente del género y su activa participación en apoyo “allí donde se lo solicite, sin distinciones en un acto en una escuela de campo hasta un importante escenario”.
Carlos Marín
¿Tenés twitter? ¡seguinos!
Fue una de las presencias destacadas en el 37º Festival Nacional del Chamamé del Norte Entrerriano. Su llegada a Federal le permitió reencontrarse con el público de la Ciudad de canto y esperanza tras 15 años de ausencia.
Mientras trabaja en los detalles de su nuevo CD, Spasiuk -representante de esa síntesis tan especial que se produjo en lo étnico y lo cultural en Misiones- disfruta al recorrer el país junto a un sexteto para interpretar temas de Puynandí (Los descalzos), su último disco. Con ellos ganó el respeto y el reconocimiento de un público exigente al que también cautivó con un recorrido con composiciones clásicas del género del Litoral, “con temas que forman un repertorio que cuando era niño, sonaba en la radio ubicada sobre la heladera y que escuchaba en el patio de mi casa”.
“Para mi llegar a este lugar es algo muy importante. Ha sido mucho tiempo sin venir. Demasiados años. Y estoy muy agradecido porque me hayan tenido en cuenta; y a la vez con muchas ganas de tocar”, confió el artista a EL DIARIO antes de presentarse en el escenario Ernesto Montiel.
- ¿Qué siente al volver a presentarse en este Festival después de tantos años?
- Mucha alegría, en especial por poder encontrarme nuevamente con el público, y poder entregarle lo mejor que uno tiene.
Es bello poder venir y compartir lo que uno hace en un contexto de gente que ama esta música. Yo me siento parte de esto. Federal es como una metrópoli si la comparo con el pueblo del cual vengo. De allí mi respeto por un lugar del que me siento parte, como me siento parte de esta energía, del calor, del amor por esta música.
Y estar en este encuentro en que se celebra este tipo de repertorio, a los compositores del género, estar en esto de lo que siento que soy parte, me da muchísima alegría. Y si no vengo, igual sigo sintiéndome parte, porque es desde lugares como éste que se nutre mi música.
De todas formas, poder estar aquí es un regalo que agradezco muchísimo.
- ¿Es volver a las fuentes?
- En realidad, recorrer el camino que transito sería imposible si no estuviese parado siempre sobre las fuentes. Si no estuviese en contacto con la raíz, no iría a ningún lado, no tendría dirección alguna.
Con una serena alegría, producto de la madurez, Spasiuk remarca que es necesario estar ligado a las raíces para proyectarse. Poco afecto a los estereotipos, Spasiuk compone entonces desde su visión de la música del nordeste.
Y si bien viajó por muchas partes del mundo junto a su acordeón y los sonidos de su comunidad, nunca, asegura, se alejó de su origen, aún hoy, en su casa ubicada en una localidad cercana a la Capital Federal.
“No he sentido que me alejara de algo. Existen infinitas formas de ver la música desde un lugar y cuando se es fiel a uno mismo y se hace lo que uno realmente quiere hacer en forma honesta, el resultado muchas veces puede arrojar algo que sea llamado vanguardista o tantos adjetivos más que se le pueden poner a mi música. Pero en el fondo todos tienen que ver con mis raíces, con mi lugar de origen”.
Por eso mismo es que el chango, que aprendió a tocar el acordeón junto a su padre, en la provincia de la tierra colorada, repite una y otra vez, como para despejar dudas: “No tengo necesidad de volver a mis raíces, (porque) nunca las dejé. Sí de expresar lo que siento en determinado momento de mi vida”.
BÚSQUEDAS Y RECORRIDOS. Convencido de que lo más importante es la interpretación “en vivo”, desde esa premisa, el misionero recorre el país junto a un sexteto que ha dado una impronta camarística a su propuesta. De todos modos señala que hablar de música es complicado. Ante todo, opina, “hay que escuchar y sentir”.
En un repaso por su historia, con la perspectiva de los años, reconoce que “el hecho de trabajar con diferentes formaciones me permitió transitar diferentes estéticas”.
“En un momento mi búsqueda fue más eléctrica y con el correr de los años estoy convencido de hacer lo mismo, mejor, a través de una propuesta con el sabor genuino de lo acústico”, explica.
De alguna manera transitar esos caminos, el recorrido internacional, la presencia en festivales de jazz y músicas del mundo, el estar en contacto con otras corrientes “me posibilitaron revalorizar elementos que siento que son esenciales, que hacen a mi origen, a mi historia, a mi pueblo. En ese camino, siento que mirarlos de lejos me permitió darles mucho valor, más incluso que los que tenían antes de salir a ese encuentro de otras músicas y culturas”.
“Mientras pueda desarrollar mi búsqueda y pueda sentir que hago algo honesto seguiré adelante. Lo mío no es la queja”, asegura Spasiuk que pese a la repercusión de su trabajo conserva el sentido de ubicuidad con relación a lo que considera su lugar en el mundo.
- ¿Esta idea de venir con un grupo de formación camarística forma parte de su búsqueda?
- Seguro, de alguna manera es parte de un camino. Cuando uno busca hay un montón de situaciones estéticas por las que pasa de las cuales, al mirar hacia atrás, algunas no son de las mejores. Pero hay que transitar por allí, para tener la experiencia, y sacarse el gusto de probar. Porque además es una necesidad y como uno nunca sabe de antemano cuál será el resultado de una búsqueda hasta que no lo intenta, no puede responder a las preguntas que tiene al principio. Y en ese caminar se hacen discos, se deja producción. Con cosas luminosas y no tanto. Hemos pasado por discos como Bailemos y..., que por ahí no es de lo que esté más feliz, pero al que rescato como un lugar de experimentación, de búsqueda. También en esa línea están Chamamé crudo y La ponzoña. Pero a partir de Tarefero de mis pagos, o ahora de Puynandí, me gusta el lugar al que he llegado y quiero quedarme bastante tiempo en este territorio. Me gusta el concepto acústico, camarístico, de la madera, el chelo, el violín, sonando ensamblados con el acordeón al que hemos conquistado.
Me siento bien. Siento que lo que tengo ganas de compartir, de alguna manera está expresándose así. Y estoy contento de tocar este repertorio.
Música sin géneros ni barreras
Contundente al momento de brindar definiciones, el músico remarca que el chamamé “es una música fuerte, con una estética muy potente. He llegado a tocar música bastante honesta, que para nada trata de ser complaciente o agradable o que esté hecha para gustar a los difusores o los medios de comunicación”.
Esto, de por sí es toda una definición política e ideológica, en un momento en que todos los circuitos de producción y distribución privilegian lo comercial sobre cualquier otros aspecto. Circuitos que, además, subestiman la capacidad de la gente en cuanto a las posibilidades de apreciar y gozar con sonidos `diferentes´ a lo que el gusto del sacrosanto mercado se empeña en proporcionarles.
Por eso, en realidad, la música de Spasiuk es para cualquier persona, no importa su edad, sexo o condición educativa y social. “No me gusta esa idea de compartimentar o adjetivar”, admite, por aquello de la insuficiencia de las palabras para dar cuenta de un hecho estético.
Y es aquí donde el misionero se vuelve esquivo a las definiciones. Más bien, él prefiere invitar a la gente “simplemente a disfrutar música del nordeste del país, que está dirigida a quien tiene ganas de escuchar”.
Regalo
- ¿Luego de la reconocida serie de programas Pequeños universos en canal Encuentro hay alguna idea de continuar con esa iniciativa que reflejó, desde lo cultural, el trabajo de personas en todo el país?
- Creo que sí. Es un regalo hacer ese programa. Por ahí nos gustaría escaparnos al Mercosur, ver cómo sería hacerlo en Uruguay, en Paraguay. Estamos en eso. Veremos si podemos editar algunos especiales que reflejen algo de esos países. Pero falta tiempo aún y recién estamos haciendo los primeros contactos.
Reconocimiento popular
Desde hace unos años la Comisión organizadora de la Fiesta Nacional del Chamamé decidió brindar un reconocimiento a quienes cuentan con trayectoria y han realizado contribuciones -con su vida y su obra- al género. Se trata del Cachencho de Bronce, estatuilla realizada tomando como modelo el personaje que identifica al festival.
Luego de un debate que se cerró con una votación días anteriores, el reconocimiento que otorga cada año el Festival, fue entregado a un histórico del género: Oscar Burgardt. El codiciado galardón –expresa y sintetiza la voz de los federalenses- le fue entregado el sábado por el intendente –preside la Comisión organizadora- en nombre del pueblo de Federal, en un emotivo momento de la noche central del encuentro.
Al recibir el galardón, el acordeonista expresó su emoción y a la vez agradeció el reconocimiento. “Me toma de sorpresa, no esperaba recibirlo. Muchas gracias a todos”, añadió el artista al que se le otorgó la estatuilla por la difusión permanente del género y su activa participación en apoyo “allí donde se lo solicite, sin distinciones en un acto en una escuela de campo hasta un importante escenario”.