El misterioso final de la cabeza de Ramírez y el ocultamiento del cuerpo de Urquiza

Los caudillos y la oscura tradición de ensañarse con el cadáver del enemigo

La profanación del cuerpo del Supremo Entrerriano constituye un capítulo más en la oscura tradición de ensañarse con el cadáver del enemigo. El destino de la cabeza de Francisco Ramírez sigue siendo una incógnita. Y si el cadáver de Urquiza escapó a ese final fue porque su esposa logró mantenerlo oculto durante ochenta años. Un día de 1951 los huesos del ex presidente aparecieron en la Basílica de Concepción del Uruguay.
Domingo 19 de Febrero de 2012 Hs.
El hallazgo del cuerpo de Urquiza fue registrado en 1951.
El hallazgo del cuerpo de Urquiza fue registrado en 1951.
Antes de ser sepultado, el cadáver de Urquiza fue registrado por un fotógrafo.
Antes de ser sepultado, el cadáver de Urquiza fue registrado por un fotógrafo.
¿Qué insondable sentimiento motiva la necesidad de dominar al enemigo más allá de la muerte? ¿Es un sentimiento? ¿O es instinto perverso, necrófilo y fetichista, que se aproxima a hacer realidad la fantasía de perpetuar la derrota del enemigo?
La historia argentina cuenta varios ejemplos de profanación de cuerpos, de humillación de la memoria de quien portó ese cuerpo, ahora inerte y entregado a la fiesta perversa de risotadas y mutilaciones.
Facundo Quiroga, Chacho Peñaloza, Eva Duarte, más acá en el tiempo Juan Perón. Una galería de historias lúgubres.
Si el cuerpo de Lavalle evadió la profanación fue porque sus seguidores escaparon con él, lo descarnaron en un arroyo, embolsaron las partes blandas y pusieron en un frasco con miel la cabeza para que luego reciba sepultura. Eso evitó que las fuerzas federales decapitaran el cuerpo y claven la cabeza en una lanza como era la costumbre cuando arreciaba el odio y la indignación. Lavalle se había ganado el odio de miles por la funesta orden que dio de fusilar a Dorrego.
La profanación de los cuerpos del enemigo no es exclusiva del acervo histórico de los argentinos. Acaso los guerreros de estas provincias del sur del continente, siempre adeptos a las leyendas épicas de griegos y romanos, tenían bien sabido que Aquiles mató al caudillo troyano Héctor y se ensañó luego con su cadáver: lo arrastró durante nueve días por el campo de batalla.
Y así a lo largo de la historia. Cuenta Fernando Vallejos que un Papa “juzgó” a su antecesor Formoso, que llevaba nueve meses de muerto en un proceso que se llamó “el sínodo del cadáver”. “Hizo vestir al muerto con sus ornamentos pontificios y lo sentó en la silla de Pedro. Lo juzgó por tres días y lo condenó “por ambición desmedida” del papado. Le arrancaron las vestiduras papales, lo vistieron con harapos, le cortaron tres dedos para que se curara del vicio de bendecir, lo arrastraron por las calles entre risotadas y burlas, lo volvieron a enterrar (ahora en una cueva), lo desenterraron de nuevo, lo desnudaron, y así, desnudo, mutilado, vejado y putrefacto, lo tiraron al río Tíber”.

LA CABEZA ENJAULADA. El caudillo federal Francisco Ramírez que gobernaba con decisión la Mesopotamia encontró la muerte en tierra cordobesa. Las virtudes guerreras del entrerriano eran evidentes y el prestigio ganado en ese terreno derramaba más allá de la geografía en la que gobernaba. Puso su valor y el arte de la guerra a favor de las causas federales, a disposición de repeler la prolongación del dominio realista. Como muchos hombres de su tiempo y su condición, también él fue ganado por la contradicción y el tropiezo de sus acciones. ¿Cómo entender el enfrentamiento con José Gervasio Artigas? ¿Y cómo entender la redada que le tendió el santafesino Estanislao López?
Ramírez fue asesinado en una localidad cordobesa llamada Chañar Viejo, el 10 de julio de 1821. Podría haber estado a salvo de las tropas santafesinas, pero –cuenta la historia– decidió regresar a rescatar a su amor, la Delfina. Ahí le dieron muerte con una lanza.
“Su muerte heroica y romántica a la vez imprime a su figura un aura de leyenda. Pero el derrotero de la tragedia no terminó con su vida en los confines de la geografía cordobesa, donde fue ultimado tras haber salvado la vida de su amada Delfina. Los restos del caudillo entrerriano continuaron un tortuoso camino hasta un destino aún hoy incierto”, escribió el historiador Rubén Bourlot.
Bourlot es uno de los estudiosos que más horas ha dedicado a intentar responder la pregunta sobre el destino de la cabeza del Supremo Entrerriano. Para el investigador es posible que el cuerpo decapitado haya quedado abandonado en el campo de batalla, en las proximidades de San Francisco del Río Seco, al norte de Córdoba. La cabeza, en tanto, fue la parte que se reservó López para descargar una suerte de revancha que no queda claro de dónde le nace.
“La cabeza fue tomada como trofeo de guerra y ofrecida al vencedor, el gobernador santafecino Estanislao López, que la envió a la capital de su provincia para que fuera exhibida en un lugar público, dentro de una jaula”, cuenta Bourlot en su blog de temas históricos entrerrianos llamado La Solapa Entrerriana.
“Por la información periodística de la época sabemos que estuvo expuesta en una de las arcadas del Cabildo (de Santa Fe), ante la imposibilidad de hacerlo en el frente de la iglesia matriz debido a la oposición de las autoridades eclesiásticas. Finalmente el cráneo tuvo un destino aún no develado totalmente. Por información de los cronistas de la época tenemos noticias que por iniciativa del gobernador López, ante recomendaciones de representantes de la Iglesia -tal vez con intervención del influyente padre José Amenábar-, se dispuso su cristiana sepultura en un cementerio de la ciudad”, dice el investigador para agregar luego las versiones hablan del cementerio de la Iglesia de la Merced, o en el interior de ese tempo o en un antiguo camposanto del convento mercedario e incluso uno dominico.
Rubén Bourlot encabezó el proyecto que se denominó “Recuperación de los restos de Francisco Ramírez”, que realizo la tarea de rastrear diversas hipótesis sobre el destino de la cabeza hacia 1998 tuvo por tarea rastrear siguiendo las hipótesis sobre el destino de la cabeza del Supremo. “La hipótesis que planteamos –dijo Bourlot a este cronista– era que podía haber sido sepultada, con la correspondiente discreción, detrás del altar de la iglesia Nuestra Señora de los Milagros, que en aquella época era nombrada como La Merced. Esta versión que mencionan algunos historiadores, como Beatriz Bosch, fue ratificada en entrevistas con antiguos pobladores de Santa Fe que conservaban recuerdos familiares de sus antapasados”.
Sin embargo el destino de la cabeza de Francisco Ramírez sigue siendo un misterio.

ESCONDITE SUBTERRÁNEO. Si Urquiza fue el apellido fuerte de Entre Ríos durante medio siglo XIX, esa situación tuvo su final el 11 de abril de 1870. Ese día murieron tres personas con ese apellido: el mismísimo general, Justo José, que dotó de poder al apellido y dos de sus hijos, Justo Carmelo y Waldino. El caudillo en su palacio de San José, y estos dos últimos en sendas casas de Concordia.
Era el inicio de una Semana Santa y en el Palacio la vida discurría sin sobresaltos, cuando irrumpió una tropa de medio centenar de hombres al mando del cordobés Simón Luengo. Salvo para revisionistas, casi para la totalidad de los historiadores hoy no hay dudas –tampoco ayer las hubo– de que el instigador del asesinato fue Ricardo López Jordán, ex ahijado político de Urquiza.
Urquiza tenía la sentencia de muerte pendiendo en la cabeza. José Hernández se lo advirtió públicamente con varios años de anticipo. Y el vaticinio del escritor-periodista, no por más poderes que el de la lógica y la observación, se cumplió esa tarde de abril de 1870.
Con el devenir político, de Pavón en adelante, a Urquiza se le multiplicaron los enemigos en el propio territorio donde desplegó por años su don de mando. En la tarde del 11 de abril de 1870, el balazo que le dio de lleno en la encontró portando un arma para defenderse y defender su familia. Cayó muerto, y sobre su cadáver le aplicaron cinco puñaladas. Estaba claro que la orden era matarlo.
El velatorio se produjo en la casa de su hija, Ana Urquiza de Victorica, en un medio de un clima de indisimulable tensión social. Hay que considerar que el instigador del asesinato, Ricardo López Jordán, no quedó se quedó en su casa a esperar que lo lleven detenido. No. Asumió inmediatamente la gobernación de la provincia.
Hay diferentes versiones sobre el devenir del velatorio. Lo que es seguro es que la familia debió dar por concluido el acto fúnebre, despedir a quienes se animaron a ir a dar su último adió al caudillo y cerrar las puertas de la vivienda con el féretro en su interior. Llevar el cuerpo al cementerio, y en horas improbables montar un operativo para esconder el cuerpo y que quede libre de la posibilidad de profanación.
¿La cabeza de Urquiza colgada en la Plaza de Concepción del Uruguay? Su familia no lo permitió, si es que acaso alguien llegó a pensarlo.
El cuerpo de Justo José de Urquiza fue una incógnita que no se develó sino hasta 1951, año en que por casualidad fue descubierto en una cripta de la Basílica de la Inmaculada Concepción, en Concepción del Uruguay.
Hay numerosos trabajos escritos sobre el hallazgo. Y también mucha leyenda, como aquella que afirma que el rostro estaba intacto y que al tomar contacto con el oxígeno, se desintegró. Pero no fue así.
La idea de que el caudillo estuviera escondido en el templo que él mismo mandó a construir era una sospecha general de la población. Quizás por eso alguien se dedicó a golpear paredes y piso hasta descubrir que en determinado lugar el ruido sonaba distinto, como a hueco. Así se descubrieron tres cuerpos. Uno de ellos el del General Justo José de Urquiza; los restantes de parientes suyos.
Al abrir el féretro, no hubo dudas: la calavera tenía un perfecto agujero allí donde la bala dio muerte al ex presidente constitucional. Las vestimentas estaban casi intactas, y la suela de una de las botas doblada como un rulo llamaba la atención de los testigos.
Se conformó una comisión en torno de la cual hubo historiadores, médicos y hasta un fotógrafo para registrar el momento. Tras ochenta años, el misterio sobre el cadáver de Urquiza llegaba a su fin.
La conjura de Dolores Costa de Urquiza para evitar que se repita una vez más el festival necrófilo de ensañarse con los enemigos muertos había dado resultado
Jorge Riani
1 hdluna  - 20/02/12 | (16:53 Hs.)
En la localidad de Río Seco (Córdoba) existe un monolito construído para recordar que allí estuvo expuesta en una pica la cabeza del caudillo entrerriano. Respecto de "ensañarse con el cadáver" no hay que dejar de tener en cuenta lo que hicieron "los conquistadores" en la plaza del Cuzco con Tupac Amarú....
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