GORRINDO

De niño se volcó hacia esa poesía

¿Es cierto que cantar verdades acorta la vida…? Por lo menos, tanto Discépolo como Gorrindo, así lo demuestran. Ninguno de los dos pudo llegar a la edad de jubilarse. Los tangos Las cuarenta, Paciencia, Mala suerte, Gólgota, La bruja, surgieron casi encadenados en el relativamente corto período de vida del personaje que hoy se evoca.
Lunes 3 de Octubre de 2011 Hs.
Francisco Gorrindo (izquierda) posando con un bandoneón junto a un cuarteto.
Francisco Gorrindo (izquierda) posando con un bandoneón junto a un cuarteto.
Recién comenzado el siglo XX nacía un poeta que marcaría un destino claro y definido en el tango. Froilán Francisco Gorrindo (Pancho), llegó al mundo en un modesto hogar de Quilmes, entonces suburbio del sur bonaerense. Era un año agitado. Desde muy pequeño perdió a su progenitor y conoció privaciones. Su carácter rebelde lo fue modelando en su lucha contra la miseria. No tuvo otra instrucción que la escuela primaria, que prontamente abandonó, tomando de la rigurosa disciplina callejera sus ácidas lecciones de realidad y crudeza. Quizás buscando instintivamente un equilibrio natural de sensaciones espirituales, se sintió atraído por la poesía. Quiso escribir y lo hizo, llegando a impactar en la preferencia popular. También fue bandoneonista de oreja. Llegó a tocar en algún conjunto y en la fila de la orquesta de Ricardo Tanturi.
Trasnochador bohemio, usaba siempre esos amplios moños oscuros, clásicos en los vates populares de aquellos años. Mezcla de orillero y hombre de asfalto, se desplazó cómodamente en círculos del ambiente nocturno. Buscó allí esa borrosa imagen de felicidad que se sueña y se presiente en la fragorosa ilusión de indagar en el misterio de la vida. Así se lo conoció y así muchos aprendieron a respetarlo.
La vida lo arrebató con sus doradas alas y se casó con Elma Lepanti en 1937, iniciando la parte más rescatable de su vida, que floreció a través de sus tres niños. Con mucho sacrificio compró una casa en su Quilmes natal, en la cual vivió su mejor tiempo de poeta y músico. Sin embargo, fue desgastándose progresivamente. Salidas nocturnas y desvelos no recuperados minaron su precaria salud. Entró en crisis su gastado sistema nervioso, pero entre su familia y la medicina lo pusieron transitoriamente a salvo. A todo esto, Gorrindo escribía sin pausas. Lo hacía con un tono áspero, lleno de rigor y algo despiadado, como repitiendo aquella parábola metafísica que legara el inefable Discepolín, tratando de transmitir su real filosofía al mundo y el por qué de las conductas humanas.

AUTODEFINIÓN. Un amigo de la infancia, Jorge Rodríguez Lizza, ha dicho que “Gorrindo se definió a sí mismo, en la letra del tango Mala suerte donde dice: …porque yo sé que mi vida / no es una vida modelo, / porque quien tiene un cariño / al cariño se ha de dar... / y yo soy como el jilguero / que aún estando en jaula de oro, / en su canto llora siempre / el antojo de volar...”. En 1959, un terrible virus atacó su organismo y debió luchar apelando a sus reservas vitales. Sin embargo, destrozado por ese flagelo, el 2 de enero de 1963, entregó su vida. Contaba con 54 años y el tango esperaba aún más de su inspiración. Quilmes ha honrado la memoria de su dilecto hijo, inmortalizando su nombre en una calle de la ciudad. El mismo Gorrindo había escrito: “Vieja calle de mi barrio /donde he dado el primer paso;/ vuelvo a vos, gastado el mazo.../ Es inútil, barajar...” Con emocionante simpleza y certeras palabras, dijo toda la esencia que el tango reconoce como suya. El fenómeno Gorrindo eclosionó en el fervor popular cuando una serie de tangos filosóficos, plenos de elocuentes testimonios del comportamiento humano, comenzaron a transitar la conciencia ciudadana, en las voces de sus trovadores.

EXTENSA OBRA. Su producción total abarca casi 70 títulos, el primero a los 20 años: el tango Perdón de muerta, música del guitarrista Pablo Rodríguez, grabado por su esposa, la famosa cancionista Mercedes Simone, en 1931. Pero sus letras hicieron eclosión a partir de 1936. Sobresale el tango Las cuarenta, que musicalizara Roberto Grela. Fue estrenado por el chansonnier Fernando Díaz; más tarde lo interpretaron Azucena Maizani, Charlo, Jorge Omar, Roberto Maida con Canaro, Alberto Serna con las guitarras de Grela. Con esta obra, el nombre de Gorrindo alcanzó rápida y amplia popularidad, trasponiendo nuestras fronteras. Otro suceso fue el tango Paciencia, cuyos versos entregó Gorrindo a Juan D’Arienzo. Éste lo grabó con el cantor Enrique Carbel en 1937. Luego lo hizo con Alberto Echagüe (la versión más difundida); por tercera vez con Horacio Palma, y nuevamente (1970) con Echagüe. Ese vínculo le permitió dar a conocer muchos de sus tangos. También grabó Paciencia Agustín Magaldi, en 1938, poco antes de su muerte, dándole el espaldarazo definitivo al éxito.
Se sucedieron luego otros aciertos de Gorrindo, todos llevados al disco. Entre ellos: Gólgota, música de Rodolfo Biaggi, con su cantor Teófilo Ibáñez. En 1938 lo registraron Jorge Omar con Francisco Lomuto, y el rosarino Héctor Palacios. Siguió el tango Novia, cantado por Charlo (1937); Déjame ser así, música de Enrique Rodríguez, que este afamado director, registró con la voz de Roberto Chato Flores; el tango La bruja, música de Juan Polito, grabado dos veces por D’Arienzo, con las voces de Echagüe y Mario Bustos; Ansiedad, bella melodía creada por Domingo Moro (fueye de D’Arienzo) cantada por Jorge Valdez; Mala suerte, de Lomuto (1937) que cantó Jorge Omar y luego Julio Sosa lo grabó dos veces, con Rotundo y Federico; Dos guitas, otra obra conjunta con D’Arienzo (1954) y la voz de Echagüe; Magdala con Biaggi, que grabó D’Arienzo con Armando Laborde (1944), aventajando por un mes a Manos Brujas (1945) quien lo registró con Jorge Ortiz.

FINAL. En uno de sus últimos tangos, Mi cielo, musicalizado por Héctor D’Espósito, Gorrindo, se hace romántico abriendo así su corazón: En el cielo inmenso de tus ojos glaucos/ yo aprendí el latido de mi corazón;/ y en esa noche, cargada de estrellas,/ me he sentido bueno cerquita de Dios.../ . Froilán Francisco Gorrindo nació el 5 de octubre de 1908 y falleció el 2 de enero de 1963. Sus letras quedaron incorporadas a la emoción popular. Sentenciosas, entradoras, con un lenguaje directo y sentido, marcaban descreimiento e injusticias. Y todo ello había salido de la pluma de este bardo quilmeño. Sus versos, sus tangos y una calle de Quilmes están reteniendo su recuerdo. En ellos regresa siempre. Y volverá, además porque supo expresar, con sencillez y emoción lo que sintió y vivió agotando sus noches y sus copas, en las que vibró con cuerdas de auténtico poeta popular.

Fuentes: Jorge Fernández
y Gaspar Astarita


La vida es corta

Tango - 1940

A ver muchachos, quiero alegría,
quiero aturdirme, para no pensar.
La vida es corta y hay que vivirla,
dejando a un lado la realidad.
Hay que olvidarse del sacrificio,
que tanto cuesta ser, tener el pan.
Y en estas noches de farra y risa,
ponerle al alma nuevo disfraz.

La vida es corta y hay que vivirla,
en el mañana no hay que confiar.
Si hoy la mentira se llama sueño,
tal vez mañana sea la verdad.
La vida es corta y hay que vivirla,
feliz al lado de una mujer,
que aunque nos mienta, frente a sus ojos,
razón de sobra hay para querer.

Letra: Francisco Gorrindo.
Música: Ricardo Tanturi.
Grabado por la orquesta de Ricardo Tanturi, con la voz de Alberto Castillo, el 19/02/1941 para el sello RCA Víctor.




EFEMÉRIDE TANGUERA


El negro Alday
Se cumplen 20 años del fallecimiento de Rubén Alday (Rubén Sánchez), uno de los más reconocidos cantores de nuestro medio. El desenlace ocurrió el 9 de octubre de 1991 en Paraná, a raíz de una descompensación arterial. Se destacó por su registro alto de voz, decir expresivo y contagiosa simpatía, en actuaciones en la radio local LT14, escenarios nocturnos, el Teatro 3 de Febrero y en el interior. Una calle del sureste de la ciudad lleva su nombre. Había nacido en María Grande.
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