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Un final positivo, tras los tiempos revueltos

Mejoró su promedio, subió en la tabla de valores, creció el rendimiento de algunos jugadores y se va al descanso con la alegría de haber cortado siete partidos sin victorias.
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En el final deportivo de 2017 Patronato pudo tildar victoria en el casillero de triunfos. Un triunfo que referenció la campaña, con poco fútbol y altibajos. Pero también gozando en algunos minutos del torrente ofensivo capaz de viralizar el momento del éxito. Pero también el llanto por errores que le pudo costar el partido.
Se pudo ir con una sonrisa si se mira la tabla de promedios del descenso. Porque al ganarle el viernes a Olimpo de Bahía Blanca por la fecha 12 de la Superliga, rival directo en el promedio del descenso, salió del límite de la zona roja, la que bordeó en las últimas fechas por esa cantidad de encuentros sin sumar de a tres (7).
Y en el aspecto positivo volvió a mostrar argumentos que determinar la justicia de la sumatoria de unidades en el Grella. Por ejemplo Sebastián Bértoli. El arquero tapó varias pelotas claves en el partido. La mejor a Fornari cuando ganó en velocidad y se fue de cara al gol. Error del técnico al dejar como último hombre a Lemos. Fornari, un delantero veloz, fue presa fácil en un contragolpe que pudo ser mortal.
Siguiendo con los aspectos positivos, pareció encontrar regularidad en toda la línea defensiva. Sandona por la derecha llegó para quedarse. Un defensor sin estridencia, pero técnico y disciplinado en la marca. Vera y Sosa se han consolidando como una buena central y Urribarri, cerró su paso ante los bahienses y fue picante en un par de oportunidades que pasó al ataque. De Lemos solamente aplausos. Un volante de quite, que ordena el equipo y despierta a algún compañero dormido.
Imposible no hablar de la virtud hacia el gol de Ribas. Que parece encontrar en Patronato la horma de su zapato. A gusto, el uruguayo ya metió seis tantos. Y Balboa merece subir al podio de los virtuosos. Una actitud envidiable, no se queda nunca quieto, rota siempre la posición, es punzante y peligroso. Lo demostró ante Olimpo.
Situación particular se vivió el viernes en cuanto al momento de la salida de Balboa. Incluso después el match los hinchas se manifestaron en contra del cambio. Claro que el ingreso de Carrasco posibilitó la asistencia (¿pase o remate defectuoso al arco?) el gol de los Santos. Y ahí está el punto. Otra vez Guzmán (como carrilero) fue clave para la mejora del equipo en el segundo período donde hizo los deberes como para ganar el partido.
Párrafo aparte para Rivero. Patronato juega al ritmo del volante, que puso una bocha perfecta en el tanto del viernes. Y tuvo otro par de acciones que envalentonaron al equipo. Pero cuando desaparece, el Patrón se esconde en el terreno de la mediocridad. No es lúcido y de tanto dividir la pelota no termina reinando.
¿Qué le falta a este equipo? Mayor presencia de los volantes carrileros. El desfile de jugadores por ese sector fue importante. Un poco (pero poco de Cáceres) y Guzmán que cada vez que ingresa parece sentirse a gusto y ser el “8” del equipo.
La victoria le trajo desahogo al DT. Eufórico en el gol y eufórico tras el final del partido, sin dudas que sabía que estaba en una encrucijada. No se sabe si la intención de la dirigencia, ante una hipotética derrota, era poner fin al ciclo, como alguna vez se hizo con Miguel Amaya (Argentino A) en medio de la temporada. Acaso la victoria despejó esa duda, aunque aún no hay desde la tribuna voces que defiendan a Pumpido. Y escuchar las radios en la previa era escuchar “si no gana podría irse”. Ahora. ¿Cambia la tesitura por la victoria? El análisis por donde pasa. Solamente por el resultado o por la producción de juego. Quienes defienden el proceso mencionan que está en la búsqueda del equipo. Quienes lo detractan explican que perdió mucho tiempo en varios jugadores que no dieron pie con bola, que el famoso vuelco a las inferiores no se dio y que aún no pudo ensamblar las tres líneas y que a veces lee mal los partidos.
Por lo pronto ganó. Y ganar descomprime. Incluso la situación vivida de local ante Unión. Esta vez fue la familia, los que abonan la entrada. Y sí, no hubo trapos y fueron pocos los cánticos. Pero hubo un ambiente de fútbol exclusivamente. Limpió la imagen el Patrón (amén de que el recuerdo de lo sucedido con los pibes de Strobel quedó como una mancha que ahora limpiará la Justicia) y tendrá que ir por nuevos desafíos. Desde lo futbolístico y para que la gente siente que puede volver a confiar en Patronato.

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