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El que siempre está, Juan Dreiszigacker

Nació y creció deportivamente en el Rojo. Siendo juvenil dio la vuelta olímpica en el ’98 y, tras su regreso a la entidad, repitió en las últimas dos temporadas.
Agrandar imagen “Salir campeón con el club de mis amores es increíble”, dijo Dreiszigacker.
“Salir campeón con el club de mis amores es increíble”, dijo Dreiszigacker.
CRÉDITO: José Carminio.
Es la historia dentro de la misma historia. Suena a juego de palabras, pero no lo es. El tiempo lo ubicó en el momento justo, preciso y soñado como para que su nombre quede grabado para siempre, como un sello indeleble.

Sin dudas que el protagonista en cuestión está marcado por el destino. Él lo sabe, aunque todavía no cae en la situación en la que se encuentra.
Talleres acaba de sumar su tercer título de campeón del torneo local de la Asociación Paranaense de Básquet y en cada uno de ellos hay un denominador común: Juan Dreiszigacker.

Aquel pibe que nació deportivamente en el club y que trascendió por sus cualidades, hoy ya es padre de Tiziana (15 años) y de las mellizas Guadalupe y Bernardita (5). Trabaja, vive en San Benito y todos los días se traslada al club para entrenar y estar listo para jugar con la camiseta de su querido Talleres.

“Es mi club, entendés”, repite una y otra vez a lo largo de la entrevista, dejando bien en claro el significado de pertenencia.

En 1998 fue el primer campeonato del Rojo. Repitió en el 2016 y ahora acaba de ser bicampeón. Tres estrellas, tres vueltas olímpicas. Juan siempre está.

“Es muy lindo todo lo que pasa en este momento. Y tal vez mañana sea mejor. Sé que estuve en los tres títulos pero es como que no caigo que es histórico. Es mi club, entendés. Nací acá, crecí acá y eso tiene un valor muy lindo. Porque así como disfruté el torneo del ’98 más lo hago ahora.

Volví a mi club después de mucho tiempo y salir bicampeón es algo increíble”, dijo al respecto.

-No busco que definas cuál fue el mejor de los tres títulos, pero sí que cuentes sensaciones de cada una de las consagraciones.

-Cuando pasan los años y sos más grande es como que lo disfrutas más. Entiendo que el sacrificio es otro y más exigente, entonces, le das sentido a las situaciones. En el título del 98 era juvenil. Estaba recontento pero es como que no magnificaba el momento. Fue el primer título de Talleres, pero el ser tan pibe no me dejó comprender lo que era. El año pasado sí lo disfruté más. Se dio con mi vuelta al club. Es como que el sabor fue especial. Y este campeonato es un orgullo inmenso, increíble. Cuando regresé no pensé que se iba a dar esta chance, y se dio.

-Dormiste, o te quedó dando vueltas el festejo?. Al otro día había que ir a trabajar.

-En realidad, pienso, disfruto y recuerdo situaciones cuando voy en el auto para mi casa. Vivo en San Benito. Son 10 kilómetros de ida y 10 kilómetros de vuelta. En ese tramo es cuando me imagino cosas. Lo del otro día fue inolvidable. Es mi club, entendés. Se me vino a la mente cuando jugaba al básquet descalzo, cuando íbamos a la pileta, o corriendo por el club. Salir campeón con el club de mis amores es increíble.
-Estos son los momentos que te das cuenta que el sacrificio vale la pena.

-Sí, claro. Pero el sacrificio no lo hago solo. Está mi mujer y mis nenas. Al mediodía no almuerzo con ellas porque estoy trabajando, y a la noche tampoco ceno con ellas porque estoy en el club. Es un sacrificio de todos. A veces me reprocho, pero bueno, el club es el club.


En detalles

-Recibiste muchos abrazos, pero hubo que fue muy especial: con José Lenardón.


-Sí, el Gordo es un fenómeno. Pasa que con él crecimos juntos. Jugamos desde chiquito. Encontrarnos a nuestra edad en una cancha, con la misma camiseta y salir campeones es muy lindo. Con él jugué en Unión de Crespo, en Olimpia y ahora en Talleres. Nos conocemos mucho. El sabes de mis mañas y yo las suyas. Con él no nos hablamos, nos miramos y ya sabemos lo que cada uno está pensando.

-Hablando de mañas, ¿por qué sos tan mañoso para jugar?

-Antes corría, ahora no tanto. Algo tengo que hacer. Además, no te olvides que yo jugué contra Daniel Rhul, Goyi Jarupkin, Luli Caire y unos cuantos cuerpitos más. Las mañas me las hicieron a mí. De ahí aprendí. Lo importante es ganar, las mañas son un detalle.

-¿Ahora bien, porque nunca sabés las jugadas?

-Sí me las sé. Es mentira eso. Me las sé. Pasa que a mi me ponen de tres, de cuatro o de cinco. Sabés las veces que iba a entrenar y jugaba de cuatro, y después en el partido me ponían de tres. ¿Qué culpa tengo yo?. Esa es la mala fama que me hicieron. Las jugadas las sé, pasa que por ahí me cuelgo.

-Dame un quinteto ideal de todos los compañeros que tuviste en tu carrera.

-(Piensa)... Raymundo Legaria de base, Román Princic o Guille López de escolta, y yo o el Male Solanas de alero. Abajo el Gordo Lenardón o Salvador Bahler y el Flaco Agasse o Coki Pastori.

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