Rusia 2018

Argentina le ganó a Rusia y entusiasma

Con un gol de Sergio Agüero, le ganó a Rusia en el estadio donde se jugará la final del Mundial. El delantero, en su regreso al equipo, marcó el gol a cuatro minutos del final.
Agrandar imagen Sergio Agüero marcó el gol sobre el final del partido.
Sergio Agüero marcó el gol sobre el final del partido.
Si para llegar a Rusia había que pasar –paradójicamente- por Rusia, la selección argentina empezó a tomarle la temperatura a la sede del Mundial con un triunfo apretado, nada lucido, pero que ayuda y mucho para iniciar el recorrido en este sprint final hacia el Mundial con un gesto manso: siempre es mejor acompañar el crecimiento con victorias, por irrelevantes que parezcan. Después de una traumática Eliminatoria y una clasificación sellada recién en el último partido, el seleccionado argentino dio un paso adelante en su primera prueba posterior a la victoria en Quito que le permitió sellar el boleto a la Copa del Mundo. El seleccionado dirigido por Jorge Sampaoli consiguió una buena victoria 1 a 0 ante Rusia, anfitrión en próximo certamen ecuménico, en el imponente estadio Luzhnikí de Moscú, abarrotado por 81.000 simpatizantes. El único gol fue de Sergio Agüero tras una gran maniobra de la que participaron Lionel Messi y Cristian Pavón.


TRIUNFO


Aunque un resultado positivo no sea lo más importante en este tramo, el 1-0 a Rusia, sellado con un gol de Sergio Kun Agüero sobre el final del partido en el imponente estadio Luzhniki, dejó en la planilla de Jorge Sampaoli el dato de la paciencia en una doble entrada: fue buena para sostener la cadena de pases en la en la salida prolija desde el fondo pero fue nociva cuando había que cambiar el ritmo, sorprender, desestructurar a las estacas que el equipo local tenía clavadas en el fondo. Esto es: un mismo elemento puede ser positivo y también negativo. ¿Podía pretenderse más? Tal vez, aunque es real que el equipo está en una etapa de definición de un estilo, ahora que la angustia de la clasificación quedó atrás, y entonces el entrenador mueva piezas para hacer pruebas. Es aquí y ahora el momento de intentarlo. Con una combinación entre históricos y recién llegados (Germán Pezzella, Matías Kranevitter, Giovani Lo Celso), el seleccionado nacional disputó un buen primer tiempo. Como suele ocurrir, fue dominador claro del partido no solo por posesión, sino también por su manejo estratégico del juego. Tuvo buena salida desde el fondo, con la prolijidad de Nicolás Otamendi, mucho quite y recuperación de Matías Kranevitter en el medio y paciencia para buscar los caminos para penetrar la defensa rival. Más allá de una aproximación a los 4 minutos, cuando Javier Mascherano intervino in extremis para evitar que Konstantin Rausch rematara desde el borde del área, el local presentó un esquema muy cerrado (4-5-1) y optó por una postura conservadora. Agrupó futbolistas en su campo, cerró filas y apostó al contragolpe.

La primera ocasión para Argentina llegó a los 20 minutos, cuando Lionel Messi aceleró tras una mala salida del local y asistió a Ángel Di María.
El jugador de París Saint-Germain, desde una posición óptima, definió sin demasiada potencia y permitió la respuesta del arquero Igor Akinfeev. En el rebote, Sergio Agüero pifió su remate.El Kun intentó tomarse revancha tres minutos después, cuando recibió en tres cuartos de cancha, superó con velocidad y potencia a dos defensores y buscó el palo izquierdo, pero encontró una sólida respuesta de Akinfeev. Haciendo foco:
Lo mejor de la selección en el primer tiempo fue la confianza que demostró tener en sí misma. Se advirtió desde la jugada inicial, cuando entre Romero, Pezzella y Otamendi se animaron a dar tres pases seguidos en el área propia hasta conseguir sacar la pelota limpia, segura. Ese rasgo es algo de lo que pretende afianzar el entrenador en esta nueva etapa, la decisiva: que la cadena de pases no se agote ni siquiera en las condiciones más adversas.
DESTACADOS
Fue auspicioso ese tramo del partido de Kranevitter, también, el encargado de asegurar la transición entre la defensa y la zona de gestación. Aunque toda esa prolijidad no tuvo la conexión necesaria con la siguiente fase: la aceleración. Porque Enzo Pérez y Lo Celso (debutante) fueron mejores marcando que jugando. Y porque Messi se encendió sólo espasmódicamente, como si su sabiduría le hiciera ver que hay momentos para dar todo y otros, como éste, para regular. Cuando el capitán apareció, encontró a Di María tras un buen ejercicio de presión sobre la salida de Rusia, que el delantero resolvió con un remate suave que desvió Akinfeev, el arquero.Sobre el final de la etapa se observó otro detalle vinculado a esa confianza creciente: Otamendi -el más lucido de los defensores- se estiró hasta el fondo para cederle una asistencia a Agüero, que terminó en una volea rechazada otra vez por el capitán local. Que un marcador llegue a esa posición no fue casualidad: cuando la Argentina se comprime hacia adelante es capaz de asfixiar la salida del equipo contrario.
RUSOS
Rusia también tuvo las suyas. El modesto conjunto dirigido por Stanislav Cherchesov, que no logró superar la fase de grupos en los últimos tres torneos grandes que disputó (el Mundial de Brasil 2014, la Euro de Francia 2016 y la Copa Confederaciones de este año) estuvo cerca con dos apariciones de Denis Gloshakov, el patrón del equipo: un derechazo desde afuera que salió cerca del palo derecho de Sergio Romero y un remate, tras un balón que quedó suelto en el área, que tapó el arquero del Manchester United.

SEGUNDA PARTE. En el segundo tiempo, la Selección se retrasó y aprovechó el adelantamiento de Rusia para encontrar esos espacios que tan poco había hallado en los 45 minutos iniciales. El combinado argentino ya no tenía tanto la pelota como en el primer tiempo y a veces sufría en el retroceso, pero no traicionaba su propuesta de toque paciente y parsimonioso, que por momentos exasperó y despertó silbidos en las tribunas del estadio Luzhnikí. El correr de los minutos coincidió con un mayor protagonismo de Agüero, decidido a rentabilizar su primer partido de la era Sampaoli. Ya había llamado la atención su look verano-invierno -camiseta de mangas cortas y guantes- en la primera parte, pero después sobresalió por su incidencia en la mayoría de los ataques de la Argentina. Sampaoli buscó renovar el ataque con el ingreso de Alejandro Gómez en reemplazo de Lo Celso, de modesta prestación en su debut en el combinado mayor. El Papu mostró credenciales rápido, con un pase cruzado para la entrada libre de Eduardo Salvio en el área, pero el jugador de Benfica disparó alto. Cerca de la media hora, Argentina cayó en un bache, tal como le había sucedido en el primer tiempo. Como ese boxeador que cambia el aire para llegar fortalecido a los rounds de campeonato. Y así fue: a los 40 minutos, el cordobés Cristian Pavón, otro de los recursos que Sampaoli guardaba en el banco y que se mostró mucho más punzante que Salvio en el rato que estuvo en cancha, aprovechó un gran pase de Messi, llegó al fondo por la derecha y sirvió el centro para Agüero. El Kun, muy activo en el segundo tiempo, no pudo en su primer intento, pero en el segundo empujó de cabeza con Akinfeev ya vencido, así pudo gritar y mostró que tiene buenos argumentos para discutir por el puesto de centrodelantero al que varios aspiran. Ese repunte del delantero de Manchester City fue inversamente proporcional a la participación de Messi. Si había elegido en cuáles jugadas involucrarse en el primer tiempo, en el segundo dosificó al máximo su intervención. Inventó una vaselina en aquel pase-gol de Agüero, que un defensor sacó sobre la línea y fabricó una aceleración que dejó marcando el aire a Glushakov en una arrancada... Eso era lo mejor suyo, pero le quedaba una carta más: generó la jugada del gol, en una pared con Pavón que dejó libre al delantero de Boca para que habilitara a Agüero. ¿Poco? Para la importancia del partido, suficiente: lo mejor que le podía pasar en los 2 grados de la tarde moscovita era irse sano de vuelta a Barcelona, un camino que emprendió un rato después del partido. Fue un paso adelante de la Selección, que mostró una mejora en el juego e insistencia en la apelación al mismo camino que había exhibido en las Eliminatorias con resultado dispar: tenencia, paciencia, búsqueda y aceleración en tres cuartos de cancha. La Argentina inició ayer en Rusia la recta final hacia Rusia con algunas señales positivas. No es poco, si se atiende que hace un mes estaba prendiendo velas para no ver el Mundial por televisión. La posibilidad de ratificar este progreso será el martes, frente a Nigeria en Krasnodar.
El Kun Agüero: regreso con gloria
Pasaron 35 segundos desde que Kranevitter cortó una pelota en el área argentina hasta que el Kun Agüero selló la victoria argentina en el estadio Luzhnikí de Moscú. En un partido en el que el conjunto de Jorge Sampaoli había tenido buenas oportunidades, pero había fallado en la definición, fue el hombre del Manchester City quien le puso el moño a una buena ráfaga de fútbol prolijo que el seleccionado tuvo a los 40 del segundo tiempo.

Cuando Kranevitter cortó en el área, jugó largo con Papu Gómez en el eje de la cancha, ya en la mitad del campo argentino. El hombre de Atalanta jugó con Diego Perotti e inició el ataque por la izquierda. Cuando el ex Boca llegó a mitad de cancha encontró cerrado el paso y dio el pase atrás, para Otamendi, que cambió de frente y encontró a Mascherano en la banda derecha.Y desde los pies de Masche comenzó el ataque por ese costado. Recibió Messi, y allí se produjo la mejor combinación del partido. La Pulga y Pavón tiraron paredes, hasta que el delantero de Boca recibió la última descarga del Diez, llegó al fondo y mandó el centro bajo que el Kun Agüero intentó definir de primera. La pelota pegó en Georgy Dzhikiya, pero el rebote fue a la cabeza del Kun, quien la empujó al fondo del arco.

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