Rusia

Un maestro, que no transige en la búsqueda de la excelencia

Eduardo Isaac ha impuesto su jerarquía artística y es requerido en Europa, Asia y América del Norte. En Brasil es invitado permanente para brindar clases magistrales y seminarios en Festivales de Música.
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Ha llevado la música de Piazzola a los rincones distantes del planeta en Asia, los Estados Unidos y Europa. Es, a su manera, un embajador cultural que representa a esta parte del mundo en calificados escenarios y en festivales en el mundo.

Sin embargo siempre regresa a la capital de Entre Ríos. Con la posibilidad concreta de radicarse en Europa, Eduardo Isaac optó por vivir en Paraná, donde nació. Y continua como docente en la institución en la que se formó: la Escuela Constancio Carminio.

La edición de su nuevo CD, el más reciente de una serie que excede la veintena de trabajos editados, marcó el inicio de una charla en la cual el afamado guitarrista reflexionó sobre los desafíos que encara y habló sobre su disco -que presentó en una gira de conciertos por Alemania, Francia y Bélgica- en que propone un repertorio no habitual en su trayectoria ya que se enfoca en compositores del período barroco. Se trata de música de autores muy conocidos con obras que no habían sido grabada antes en guitarra.

Antes de partir a Rusia, para participar de un festival internacional dedicado a la guitarra –en que el 25 de mayo estrenará una obra dedicada a él por un compositor brasileño- dialogó con EL DIARIO sobre su presente pleno de proyectos y reconocimientos.

CLASICO. - ¿Cómo llegó a este nuevo CD, con un repertorio que no había registrado anteriormente?
Cuando comencé a grabar mis primeros discos lo hice tratando de delinear un perfil propio. Era una época, me refiero a la década del 90, donde estaba descubriendo nuevos compositores del mundo. Así grabé por primera vez obras de autores de Estados Unidos, Brasil, ex Yugoslavia, cosas raras para ese momento. Y me hice conocer a partir de esta curiosidad que yo ponía en autores y lenguajes nuevos. Y por eso es que quedé, digamosló así, felizmente preso en esa perspectiva; de manera que el Barroco y sus autores quedaron como material de estudio y de trabajo de mis clases magistrales y seminarios. Así que allí había algo vacante que decidí cubrir con este nuevo disco que acaba de editarse a través del sello belga GHA, que es para el cual he hecho muchos trabajos. Incluí un repertorio novedoso porque se trata de obras que no han sido grabadas antes para guitarra. Principalmente obras para clave, como la Suite Francesa de Bach, o la Suite de Händel. También tiene piezas originales para violín de Telemann. Realicé todas las transcripciones. La verdad es que estoy muy feliz. Logré un sonido y un toque muy particular que hace falta para el Barroco. También he podido poner mi creatividad como intérprete en este repertorio y no solo en aquel del siglo XX que es un poco por el cual me conocían.

- En cuanto al sonido, y la búsqueda de calidad, hay un cambio de paradigma en los formatos de grabación, que ha generado controversias, especialmente por la calidad técnica de los registros. ¿Cómo se lleva con ese cambio?
Cierto. Estamos en un momento de cambios grandes. El paradigma de la música grabada, en disco ha ido cambiando. Internet y las tecnologías informáticas han cambiado las cosas. Más allá de que esto está instalado, sigo pensando en la belleza del objeto como el disco. Ahora vuelve el vinilo, que tiene un encanto que es único. Pero tengo claro que los jóvenes y no tanto escuchan música desde la computadora, el celular, en formato MP3, apropiado para música rock… Pero para un clásico es tremendamente claro que lo mejor que podes hacer es sentarte en un sillón y si tenés un buen equipo, mejor. Lamentablemente, por la vida que se lleva actualmente, eso se va perdiendo. Hoy día muchos de los técnicos de sonidos de Europa chequean si el sonido de una grabación es interesante a partir de escucharlo en el auto, porque saben que durante los traslados en la autopista es el momento que la gente tiene para escuchar música. La calidad queda en función de la practicidad. Como sea, este disco que he grabado tiene una calidad de sonido fuera de lo común, propone un mundo de sutilezas a tono con la majestuosidad de la guitarra, un instrumento tímbricamente muy rico.

EN LA CUMBRE. - El próximo 25 de mayo, en coincidencia con la fecha patria, vas a estrenar un concierto en Rusia.
Si, se da la casualidad absoluta, el encuentro en el cual estaré no tiene nada que ver con nuestra fecha patria, pero a mí me invitaron a presentarme el 25 de mayo. Participaré en el festival el más antiguo festival de guitarra que se hace en Rusia. Esta es la vigésima edición, en una ciudad que se llama Kaluga, a 150 kilómetros de Moscú. Es un encuentro amplio, diverso, en el que han estado Al Di Meola, John Mc Loughlin, Paco de Lucia. Ya hemos actuado con Daniel Binelli haciendo tango. En esta ocasión presentaré una obra del brasileño Marco Pereira, el primer concierto que compone para guitarra y orquesta. Es una obra de 25 minutos, muy potente, que está basada en ritmos de Pernambuco, la línea que tiene es sobre ritmos de Maracatú, Frevo. Es magnífica. Espero poder grabarla

PERSPECTIVAS. -¿Cuál es tu impresión del panorama guitarrístico local?
- Mi visión abarca un panorama que se ha extendido a través de más de 50 años. Tenía siete años cuando di los primeros pasos en esto y a los nueve comencé con Walter Heinze, de quien fui uno de los primeros alumnos. Ahí fue donde comenzó todo. Antes no había una dirección definida.

Desde entonces hasta hoy han ocurrido muchas cosas. Lo que vemos en Paraná es importante. Personalmente no me gusta hablar de este fenómeno como una `Escuela´. Todos los guitarristas que han surgido y están haciéndolo son distintos por estilos e intereses, o sea que no existe una escuela, una línea única y definida. Justamente es la variedad el fuerte de lo que pasa aquí; y marco la diversidad y la inclusión como aspectos
clave. Eso de incluir músicas del mundo y esa comodidad que se maneja entre lo popular y lo académico, lo permite justamente la guitarra. Con este enfoque, creo que ese gran viaje entre aquella escuela que empezó con Walter y lo que apreciamos ahora, goza de muy buena salud. Hay una generación de músicos notables, que me sorprende. A Paraná llegan estudiantes chilenos, colombianos, bolivianos y eso habla claramente de que estamos posicionados en un lugar de referencia.

¿Qué reflexiones te merece la labor docente, en el campo de la enseñanza, en el tránsito de este medio siglo que va desde aquella etapa inicial a este momento de proyección de un proyecto?
Bueno, recurro nuevamente a la palabra que empleé antes: los paradigmas han cambiado. Actualmente hay un ingreso irrestricto de la facultad, de la universidad lo cual genera una dinámica distinta a la que había cuando yo comencé. Actualmente, en buena cantidad de jóvenes interesados que han ingresado en los últimos tres años, percibimos una característica que me da cierta perplejidad de acuerdo a mis épocas de estudiante: ahora los adolescentes llegan a la escuela a los 18 años sin haber hecho algún trayecto previo en referencia a la música. Muchos llegan y plantean: `quiero ser músico´. Pero no existe una base más o menos firme en lo técnico para poder trabajar. Nos encontramos a partir de considerar esto con un panorama que nos lleva a modificar aspectos como la metodología, el plan de estudio de las carreras, y otros puntos importantes. En función de lo que estaba planteado en una etapa anterior, es un desafío no menor. No quisiera ubicarme como `el ´ ejemplo ni mucho menos, pero a los 10 años yo ya tocaba un repertorio. Hoy hay jóvenes que ingresan a la universidad y todavía no saben bien qué quieren hacer ellos con la música; es un paradigma totalmente distinto al que yo me formé. Para mí es claro que entre los 12 y los 20 años de edad se atraviesa una etapa en la que se da todo para poder desarrollarse. Sin embargo, la impresión que me queda en función de lo que observo en los últimos años en los jóvenes, a partir de una realidad que vivo en Paraná, es que la mayoría aún duda qué hacer. Una cosa insólita es lo que me ha ocurrido en el ciclo de ingreso a la Escuela Constancio Carminio: hay 50 inscriptos por ejemplo. Pero a una primera charla ya sólo asisten 25; el cincuenta por ciento, y me pregunto ¿por qué? Me parece importante discutir ésta y otras cuestiones en profundidad, seriamente. No quiero ser mal interpretado. No es una crítica a los jóvenes. Existe mucho talento, capacidad de trabajo. Pero me parece clave que puedan desarrollarse más que nosotros, que nos superen, a partir de todas las posibilidades con las que cuentan: gozan de un mundo más amplio y llevan una vida de relaciones con una libertad hermosa que yo, como tantos más de mi generación, no tuvimos.

CLAVES. Entre esas posibilidades es bueno mencionar el acceso a múltiples fuentes de información que veinte años atrás eran impensadas.
Es así. Y eso es algo fabuloso. Pero el hecho que tener acceso a múltiples fuentes de información es solo un comienzo. Si no tenés ese fuego interior que te lleva a decir `quiero esto, y lo voy a lograr, con esfuerzo, con inteligencia, curiosidad, disciplina´, el camino se hace muy difícil. Hay algo que no cambia más allá de las innovaciones tecnológicas: si se quiere ser un artista de peso, es necesario trabajar como burro. El hecho de que de tanto en tanto un autor logre destacarse con alguna cancioncita y tenga algo de éxito, no autoriza a otorgarle la categoría de arte; es otra cosa. Algo que acaso tenga más relación con el marketing, y eso vale tanto para la música popular como para la clásica.
El camino de la superación personal se asocia también al trabajo riguroso.
Llegar a ser un músico con todas las letras, ser docente, como tantas otras profesiones, exige ser sistemático, riguroso, tener cierta disciplina personal. Y son aspectos que los jóvenes podrían potenciar. No nos engañemos: si alguien quiere ser un músico, un creador, no puede hacerlo a partir de la nada. Hay fundamentos que es necesario aprender. No puedo pretender ser compositor sin haber analizado en sus distintos aspectos una fuga de Bach… salvo que mi objetivo final sea escribir una cancioncita para una novia que me dejó maltrecho; eso es otra cosa. Hay elementos constitutivos del arte que no podemos desconocer. Y hacer crecer el conocimiento en nuestro interior es como cultivar un arbolito, al cual hay que regar todos los días.

Autor: Carlos Marin / cmarin@eldiario.com.ar
Fuente: EL DIARIO

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