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Sustantivo aporte de Sergio Rossi a un género tan valioso como relegado

En “¿A dónde vamos?”, el autor nacido en Paraná conjuga su erudición con un vasto campo de temas e intereses. Entrega así un trabajo de formación política, escrito con inteligencia.
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En “¿A dónde vamos?”, el autor nacido en Paraná conjuga su erudición con un vasto campo de temas e intereses. El libro expone convicciones y lanza un desafío a quien desee recoger el guante. Entrega así un trabajo de formación política, escrito con profundidad e inteligencia; hecho para pensar la reconstrucción de un espacio social y político apelando a la discusión y el debate de ideas, prácticas poco usuales, pero necesarias.

¿A dónde vamos? Planteado así, a secas, el interrogante tiene, al menos, dos registros posibles. Puede, por un lado, ofrecer una explicación a un desorientado. Pero también, y a la vez, puede resultar una invitación a acordar un rumbo hacia el cual dirigirse; a escoger una opción.
Es entre estos dos andariveles por los cuales transita con más fuerza el enfoque y la propuesta que Sergio Rossi realiza en su nuevo libro editado recientemente, titulado precisamente “¿A dónde vamos?”.

El trabajo, publicado –no casualmente- por el sello editorial `Paso de los libres´, permite conocer más en profundidad a un intelectual militante que conjuga pensamiento y acción en su propia existencia. Y que propone en esta obra un material infrecuente (de allí su singularidad y valor): un libro de formación política. Que además propone un debate.

Nacido en Paraná, pero radicado en Rosario desde fines de la década del 70, Rossi ha tenido una intensa y destacada participación en la política, donde ocupó diversos cargos. Fue funcionario provincial y municipal, y concejal en Rosario, siempre ligado a los sectores populares, desde el peronismo, que integra desde su juventud –y del cual se alejó por un tiempo en los 90, para integrar el Frepaso-.

Lector voraz de aquello que cruce ante su vista y despierte su insaciable curiosidad, este autor puede, como Borges, enorgullecerse de los textos que ha transitado. Nada de lo humano y sus circunstancias parece serlo ajeno a juzgar por lo entrevisto en su trabajo anterior – “Relatos de viaje” - y en las 127 páginas de este nuevo volumen en las cuales compila una serie de textos. En ellos se desplaza con solvencia entre el análisis, la opinión, la crónica de costumbres, la reflexión filosófica y política.

AUTOR DECIDIDO. Como buen lector, Rossi es también un consumado escritor. Militante decidido, pasa al acto, es decir piensa y luego escribe –parafraseando al célebre filósofo francés-. Ello le permite desplegar interés por temas que conoce en profundidad y desmenuza desde una perspectiva particular que no oculta, verbigracia, su adhesión a un proyecto político determinado, de corte federal y emancipador que tiene como expresión más visible a Agustín Rossi, en Santa Fe.

Desde esta identidad política, propone en las páginas de la obra un plan de acción. Lo hace formulando preguntas pertinentes que, contestadas con honestidad, permitirán avanzar –con certidumbre- en la reconstrucción de un espacio político y social actualmente en crisis.

Su prosa exige por cierto un lector con sólidas competencias, formado; en eso Sergio Rossi no transige en la exigencia. Es claro que ha decidido expresarse con todo lo que tiene. Entre otros puntos notables ejercita una de las formas más elevadas de la inteligencia: el humor. Lo hace en combinación con una agudeza e ingenio en una panoplia de ideas que encuentra su soporte en el campo de la filosofía, el análisis político, la historia, la sociología.

Autor inquieto y ocupado por sus prioridades –que son no individuales, sino del colectivo social-, aborda en “¿A dónde vamos?” un amplio espectro de cuestiones.

Así, en esta obra vuelca su erudición –que transita desde la lectura del historiador romano Polibio hasta el conocimiento de la filosofía de Bertrand Russel y del comunicólogo Marshal Mc Luhan, o la obra de Arturo Jauretche- para sostener una posición política. También despliega el aguijón de la crítica sobre –entre otras facetas- los medios de comunicación, el neoliberalismo, cierto enfoque pragmatista de la educación y la economía.

Su erudición, cabe aclararlo, no se traduce en soberbia sino que expresa pasión por las convicciones: en todo caso puede hablarse de humildad, actitud tan necesaria no sólo en el nivel de toma de decisiones, sino en todos los órdenes de la vida.

También corresponde, en este punto, hacer notar que la vastedad del campo de interés y la multiplicidad de los conocimientos del autor, así como resultan una ventaja, también pueden ser a la vez escollo en el recorrido. Es que el lector poco avezado puede ser abrumado por los recodos y meandros en el planteo que sugiere el autor; Rossi propone la navegación por un cauce principal pero a la vez discurre por numerosos meandros de abigarrada fronda intelectual, en los cuales el navegante poco experto corre el riesgo de perderse y claudicar en su empeño de llegar finalmente a puerto.

APORTE SUSTANTIVO. “La escritura política sirve para convocar a la acción; para buscar un orden a las piezas de la realidad y tratar de darle un sentido único y un destino común a los actos de los hombres; o para anunciar algo nuevo, por el contenido, por la forma o por la oportunidad. Es necesario provocarnos un poco, mantener la curiosidad, alejarnos de la rutina y desconfiar siempre del sentido común y lo que se nos quiere dar por verdades consagradas”, sostiene el autor.

A partir del posicionamiento anterior, que el autor hace explícito en el prólogo, y más allá del posicionamiento y enfoque del libro –que por cierto no oculta ni disfraza- el lector honesto deberá reconocer en “¿A dónde vamos?” el fruto del compromiso con vocación social y emancipadora con referentes como José Martí.

Con su aporte, Rossi demuestra que este tipo de literatura conserva su sentido en este siglo, más allá de todos los períodos `post´. Aventando fantasmas de modas y tendencias; de `trending´ topics tan fulgurantes como efímeros rescata la tradición de un género - el de la polémica de fuste- que en el país supo cultivarse con ardor y elevada estatura y que resulta necesario en este presente.

En un panorama yermo, desolado, en que el debate en torno a ideas brilla por su ausencia, bienvenido sea entonces este volumen que -como lo planteó Simón Rodríguez en su exhortación a los habitantes de estas latitudes- afronta la tarea -desafío y riesgo a la vez- de pensarnos a nosotros mismos. Con aciertos y errores. Pero en movimiento, evitando el estancamiento que, como se sabe, finalmente concluye en podredumbre y extinción.

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