ENTREVISTA

Pensar el teatro, en un camino que va de la imagen a la construcción del texto

Daniel Dalmaroni, autor, dramaturgo y director, es reconocido por sus textos teatrales en el país y el extranjero. Estuvo en Paraná en el marco del Encuentro Regional de Teatro.
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Daniel Dalmaroni
Una biblioteca familiar fue el punto de acceso de Daniel Dalmaroni al teatro y la literatura. La llama que se encendió entonces fue creciendo y en la adolescencia ingresó a la Escuela de Teatro y estudió Letras en la Universidad Nacional de La Plata, ciudad en la que nació. Cursó estudios de investigación teatral junto a Francisco Javier, y de dramaturgia con Ricardo Monti. Desde entonces ha transitado con constancia un camino que lo ha llevado de la docencia a la autoría y de allí a la dirección.

En 2003 el estreno en Buenos Aires de su obra “New York”, bajo la dirección de Villanueva Cosse lo situó como autor reconocido en el panorama teatral del país, y luego en el exterior. De hecho ha sido traducido al inglés, al francés y al portugués. Autor infatigable y prolífico, en 2006 presentó Una tragedia argentina; en 2007 “La vida de los demás” y en 2008 “Como blanca diosa”. Las tres pudieron verse en Paraná.

En 2008, con “Splatter, rojo sangre”, se introdujo en la dirección de su propio texto y comenzó una nueva etapa que, tuvo como un momento de brillo especial a “El secuestro de Isabelita”, en 2010. El trabajo estuvo más de tres años en cartel y una convocatoria fulgurante. Luego llegaron “Los Opas”, y una etapa intensa de dos años –entre 2015 y 2107 en la que registró 13 obras– que concluyó recientemente con “Pase de manos” y “La comunidad organizada”. Con estos dos últimos cerró una serie de cuatro textos que integran un futuro libro que espera dar a conocer en 2018. Mientras tanto, este año, se conoció su “Teatro reunido”, editado por Eudeba.

Su visita a Paraná, invitado para brindar la charla “Una imagen genera mil palabras”, en el marco del Encuentro Regional de Teatro Lito Senkman, fue la oportunidad para hablar sobre el proceso de trabajo del autor, las motivaciones y los temas que despiertan su interés en este momento de la vida del país.


- ¿Con qué claves trabajas, desde lo autoral, esta propuesta que llamás “Una imagen genera mil palabras”?

- Bueno, el título intenta ser provocador. Se dice que una imagen vale más que mil palabras. En este sentido se trata plantear que el proceso creativo, desde el punto de vista autoral, puede partir de la imagen generadora como matriz para la creación de una obra teatral, que tiene miles de palabras.

- ¿Qué debe tener la imagen para movilizarte a escribir?

- La imagen tiene varias condiciones. En principio debe ser una imagen propia, personal, que aparezca como genuina, que es tuya y no prestada. Es posible también que te la hayan contado; y en ese caso puede ser valiosa pero sólo si te resuena y por alguna razón queda dando vueltas dentro. A partir de ahí, la imagen tiene que tener básicamente dos condiciones: un tiempo, un espacio; y agrego algo primordial: al menos un personaje. Sin éste último es imposible que se genere lo que después necesitamos que pase con esa imagen, que es un conflicto. Aclaro, para no caer en reducciones, que incluso la imagen inicial, la generadora, primaria, puede ser el personaje mismo. Y luego derivar hacia el espacio o el tiempo.

- ¿Cómo caracterizarías un buen punto de partida para comenzar un texto?

- En general, lo importante es que la imagen generadora sea el producto de la unión de dos imágenes normales pero que no han sido vinculadas antes. Y que de la conjunción de ambas resulte una tercera novedosa. Se trata de unir dos imágenes que no son asociables normalmente como punto de partida. Para ello es central poder trabajar con un imaginario potente.
FOCOS DE INTERÉS
- Cómo autor ¿qué temas captan tu interés en este presente?

- Acaba de publicarse “Teatro Reunido”, un libro con 19 obras mías que editó Eudeba. El último texto que incluí ahí es de 2015. Así que lo que está en esas páginas no es lo último que escribí ni lo que más me moviliza actualmente. De todos modos, ese volumen es un cierre de una etapa. Lo más nuevo, va a conformar otro libro para el año que viene, que ya tiene título: “Perón vive. Cuatro obras peronistas”. Es un libro que tiene relación evidente con el peronismo, claro, y lo de “Perón vive” propone un juego porque las cuatro obras se desarrollan después del 1 de Julio de 1974, fecha de la muerte del ex presidente. Sin embargo en esos cuatro textos, y lo que en ellos sucede, Perón está vivo y casi no se habla de otra cosa más que de él. Desde ese lugar puedo decir que la política se apropió de mí en estos últimos años.

- ¿Podés adelantar algo de estos nuevos textos?

- Una de las obras es “Estado del tiempo”, con estreno previsto en la ciudad de Buenos Aires para abril próximo, en el Teatro del Pueblo. Otra es “La comunidad organizada”, precuela de otro trabajo mío ya más conocido que es “El secuestro de Isabelita” -que se estrenó en 2010 y estuvo tres años en cartel en Buenos Aires con gran suceso-. La última es de las más comerciales que me han salido, pese a que el tema parecía no serlo. Se titula “Pase de manos” y tiene que ver con la profanación de la tumba de Perón y el robo de las manos del cadáver, en 1987. Allí planteo una hipótesis. Y como se trata aún de un caso no resuelto, existe la posibilidad de imaginar muchísimas cosas. En el caso real, hubo cinco o seis hipótesis. Mi texto puede ser la séptima u octava y allí planteo quiénes realizaron el robo, por qué y por qué nunca se encontraron las manos.

- Lo que planteas en “Pase de manos” lleva a pensar sobre lo verosímil y cómo se construyen certezas en lo social a partir de que algo esté dentro del orden de las posibilidades, aún cuando en realidad eso que se considera cierto no haya ocurrido del modo en que lo narrás.

- Es cierto. Se trata de una cuestión central en la literatura, y el teatro. En esta cuestión hay algo de lo más interesante. No importa si algo sucedió o no, mientras ese hecho sea verosímil. Si la gente cree que sucedió, aún cuando nunca haya pasado, sucedió. Y Punto. Esto es clave en el funcionamiento de una obra teatral. Y resulta válido también a la inversa: que un hecho haya sucedido en la realidad, no quiere decir que resulte verosímil en la ficción.
ACIDEZ
- ¿Qué potencia encontrás en el humor y la ironía para trabajarlos en tus textos?

- Lo que más me atrae para trabajar es el humor negro. El humor más llano me gusta, pero no es lo que nace en mí y lo que me divierte cuando escribo. En la vida cotidiana, yo mismo tengo un humor muy ácido. Muchas veces, a los temas que abordo, siento que la única forma de poder digerirlos es a través del humor negro. Quiero señalar que emplear este recurso no significa que el tema se “aliviane” y que un problema serio pase a ser superficial por ser tratado desde el humor.

- ¿Cómo tocar temas ligados a la política y la historia argentina y no caer en el panfleto y la “bajada de línea”?

- Es un desafío. En el panorama teatral abundan obras que convocan a la historia argentina. Creo que puede hacerse cualquier cosa. Incluso no estoy en desacuerdo con que alguien escriba un texto de corte panfletario si lo que quiere hacer es eso. A lo que huiría siempre es a la solemnidad. A esa idea de la “historia Billiken”, a la solemnidad, a esa imagen de los próceres en el bronce, de seres superiores y que hablaban todo el tiempo con una retórica compleja. Yo buscaría en la parte más humana. Contaría lo más humano de la historia que nosotros ya conocemos. Trabajaría con seres de carne y hueso, con sus claroscuros, con sus grandezas y sus miserias. Con esa complejidad propia del ser humano.
DECIR Y HACER
- ¿En relación al trabajo autora, que percibís en las obras que se presentan en este Encuentro Regional, con trabajos de Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos?

- Lo que noto es que hay mucha dramaturgia del director. Muchos dramaturgos que dirigen y escriben. Se percibe de inmediato al repasar el programa. El director es el autor de lo que se lleva a escena. Ese es un fenómeno que se está expandiendo, creo, fundamentalmente por dos razones. Una es que, en general, los elencos o los directores quieren decir lo que ellos quieren y cómo quieren y por eso evitan pedir prestados a otros las palabras, cuando ellos mismos las tienen. Por otro lado, hay autores que escriben una obra y dicen, “pero si yo también soy actor o director ¿por qué no montar yo mismo la obra? ¿Por qué entregársela a otro para que la haga? Creo que tengo en la escritura escénica cosas para decir que no he dicho en la escritura en papel. Creo que es un fenómeno interesante.
SOBREVIVIR
- ¿Es posible vivir de los recursos que se obtienen como autor teatral en Argentina?

- Depende. En primero lugar diría que sólo de escribir textos de teatro es dificilísimo. Hasta los autores más exitosos, que perciben derechos de autor por (la representación en el país y el extranjero) de obras que han escrito, suman la docencia y eventualmente la dirección. Ese “paquete”, ese “combo” hace factible vivir de la profesión. Sino sólo de escribir, es realmente difícil.

- ¿Cuando hiciste tus primeros trabajos, pensaste que iba a ser tu laburo, tu modo de vida?

- Creo que no. Me fue sorprendiendo a medida que las cosas se daban. Me di cuenta de a poco. Ocurre que durante mucho tiempo viví de la docencia. No la pasaba bárbaro, vivía ajustado, pero podía subsistir. A los 15 años comencé a estudiar actuación en la escuela de La Plata. Antes de terminar me moví a Buenos Aires. Y a los 23 años ya daba clases, “asistencia técnica” se les llamaba, en la provincia de Buenos Aires. Viajaba a distintas ciudades de los distritos bonaerenses. Desde entonces sigo en la docencia y eso siempre me permitió pensar un horizonte de supervivencia.

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