Oda a la intemperie

El Museo Provincial de Bellas Artes abre el juego con una propuesta estética que combina lenguajes y materialidades, generando un diálogo entre la naturaleza y el arte.
El museo se embarra, la naturaleza lo invade. Tres artistas, tres mujeres, trabajan cada una en una sala, que en estos días deja de lado la tradicional exhibición para transformarse en una muestra del proceso de obra. “Oda a la intemperie” inaugura oficialmente el viernes a las 20 y quedará expuesta hasta el 26 de noviembre, pero quien visite el Museo Provincial de Bellas Artes “Dr. Pedro E. Martínez” hoy puede convertirse en testigo y hasta partícipe de la instalación, interactuando con Eugenia Bracony, Diana Campos y Victoria Ruiz Díaz. “Intentamos entendernos con la convicción de saber que hablamos de lo mismo. Dialogamos captando el interior de las cosas. El material nos reconecta y las formas se agigantan imponiéndose por sobre nosotras. Improntas de lo que está sucediendo que se reúnen para ser”, se presentan las autoras.
MESTIZA
“La gente puede traer algo para dejar un registro sobre la obra; puede ser un objeto pequeño, una palabra, su propia huella… algo que pueda quedar sumándose a la construcción”, invita Diana Campos, licenciada en Artes Visuales (UNL) que nació y vive en Victoria. “Se llama Mestiza y tiene que ver con una construcción que se genera entre todos y entre todas. No solamente somos agua, barro y ramas, lo que nos constituye como sujetos en un paisaje, sino todo aquello otro que es parte nuestra y que por ahí se reduce a una palabra, un objeto o un gesto. Eso es lo que puede quedar en el barro”, explica. Barro que instala en el piso de una de las estancias de la institución, mientras que del techo cuelgan manojos de ramas.
CUBRIR EL VACÍO
“Mi obra se mira y no se toca, porque se mancha todo”, acota sonriente Victoria Ruiz Díaz, nacida en General Ramírez y residente en Paraná. Su propuesta, Cubrir el vacío, trabaja dibujos de carbonilla sobre tela que ocupan prácticamente todas las paredes de la sala frente a la instalación de Campos. “A las tres nos une la idea de que lo que nos interesa es el proceso, más que cómo va a terminar. Cómo lo hacemos, en el tiempo que lo hacemos, qué es lo que nos va pasando cuando lo hacemos, y cómo eso nos varía o no para terminar en algo, o no”, sintetiza sobre la situación de grupalidad creativa.
MONTAÑA
La de la idea inicial fue Eugenia Bracony, que nació en Suecia pero creció en Paraná, hasta que se fue a estudiar a Santa Fe y Buenos Aires. Siempre busca excusas para volver, y está le resultó una muy válida. Presentó su proyecto de Instalación con modelado de arcilla, y recibió la contraoferta del museo de que la puesta sea colectiva. A pesar de la utilización de diferentes materiales, Bracony considera que las obras dialogan entre sí. “La materialidad de mi obra va a estar fresca, la arcilla se puede tocar y responde, esa es la idea. Pero no es una obra “para intervenir”, es para recorrer y meterte entre… Lo que no se puede es apretar mucho la arcilla porque se rompe, pero sí tocarla. El secado es paulatino y la muestra abre con el barro fresco”, propone. “Trabajo con 800 kilos de arcilla, una chanchada en todo el museo. La institución no se vincula en general con lo que estamos haciendo; siempre son cuadros estáticos, así que me parece linda la propuesta para el museo y para Paraná”, agrega. Sus pináculos de arcilla se van materializando en la Sala 1.
OBRA
A fines de noviembre, antes del Salón Anual que abre el 1 de diciembre (el jurado está reunido en otro ámbito analizando las 260 presentaciones, a la par que se trabaja en estas instalaciones), Ruiz Díaz desmontará sus dibujos en carbonilla y el resto de las artistas darán por finalizada la obra. En el caso de Bracony, plantea que se destruyan los pináculos de arcilla que está construyendo y que se registre ese momento, que se embolse y que se guarde (la arcilla se reutiliza); y Diana Campos afirma que su instalación “se puede quemar toda, se desmonta, vuelve a su origen y no existe más como obra”. Esta actitud interroga la nación del estatus de la obra. “En mi caso, el estatus de obra es el proceso en el cual se genera y el lugar en el cual se resguarda por un tiempo. Luego, la obra deja de ser porque acabó su momento”, indica Campos, que suele trabajar en el paisaje mismo que el tiempo modifica. “Lo que la hace obra es que todas estamos hablando de algo, nosotras a través de las materias. Sabemos de qué pero no hay palabras exactas para poner en un manifiesto. Sí los materiales se eligen en función de una idea y un concepto. Que estén adentro de un museo también habla de algo, tiene un porqué, no es accidentado”, reflexiona Eugenia Bracony. Su proyecto siempre fue pensado para museo, una institución fuerte en la que el barro irrumpa y rompa con la idea de lo estable y eterno.
ESPACIO
“Que alguien venga y traiga barro y ramas me pareció un quiebre grande, si bien en otros lugares sucede constantemente, acá no estamos acostumbrados. Así que también es una acción política exponer ocupando el espacio, y desde ahí es interesante el mensaje que se puede dar y que las personas que están dentro del museo también accedan a eso. Me parece un logro”, opina Ruiz Díaz.
Museo, crisis e institución
“Esto es la continuidad de una experiencia que empezamos hace un par de años. Por lo menos una vez al año en el calendario del museo programamos algún tipo de instalación de arte contemporáneo o que de alguna manera explora estas otras disciplinas y experiencias que en Entre Ríos no se dan, todavía, de manera masiva o profusa entre los artistas”, dice Marcela Canalis, directora del Pedro E Martínez. “La propuesta de esta instalación tiene que ver con el encuentro de estas tres artistas en un diálogo a partir de la naturaleza y del arte interviniéndola, y a su vez la naturaleza interviniendo al arte. Además, permite de alguna manera poner en crisis una institución como el museo. Es obligación de esta gestión empezar a recorrer estos caminos. Este es el sentido, el trabajo va a sorprender a muchos, son obras de cierta monumentalidad y complejidad en su realización”, agrega Canalis. “Las experiencias que tuvimos antes es que el público recibe con mucha más simpleza, alegría y disfrute determinadas propuestas que por ahí para nosotros, desde el lugar de programadores, nos generan cuestionamientos y preguntas. El prejuicio funciona más bien hacia adentro, porque el público lo recibe con mucha aceptación y las respuestas son inesperadas. Creo que tenemos que brindar este tipo de posibilidades”, concluye.
Tu comentario ha sido enviado, el mismo se encuentra pendiente de aprobación... [X]

¡Escribí tu comentario!

[X]
* 600 caracteres disponibles

Comentarios

El comentario no será publicado ya que no encuadra dentro de las normas de participación de publicación preestablecidas.

¿Deseas reportar este comentario?

No Si
Tu comentario ha sido enviado, el mismo se encuentra pendiente de aprobación... [X]

¡Escribí tu comentario!

[X]
* 600 caracteres disponibles
IMPORTANTE: Los comentarios publicados son exclusiva responsabilidad de sus autores. eldiario.com.ar se reserva el derecho de eliminar aquellos comentarios injuriantes, discriminadores o contrarios a las leyes de la República Argentina.