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“Sinfonía para Ana”

Del documental a la ficción, “Sinfonía para Ana”, la apuesta de los realizadores Virna Molina y Ernesto Ardito.
Dueños de una larga y reconocida trayectoria en el cine documental, los realizadores Virna Molina y Ernesto Ardito llegan a los cines con “Sinfonía para Ana” a su primer largometraje de ficción, un filme donde no pierden el pulso por el testimonio de época para contar la historia de un grupo de adolescentes en la primera mitad de la década del 70.

“El filme está basado en los recuerdos de Ana, por lo que el filme lo diseñamos desde lo que llamamos la estética del recuerdo que implica un montaje hipnótico, dinámico y conmovedor”, sostuvo Ardito durante una entrevista con Télam.

En el mismo sentido, su compañera Molina indicó a esta agencia que “teníamos la necesidad de que ‘Sinfonía para Ana’ tuviera un lenguaje feroz que incluyera al público, haciéndolo participe desde el vértigo mismo de esos años. Por esto, hacer dialogar desde el montaje, imágenes reales con ficción da un paso más hacia el hiperrealismo”.

En la película basada en la novela homónima de Gaby Meik, el rol protagónico recayó en la hija de ambos (Isadora Ardito como Ana) y centra su acción en el ámbito del Nacional de Buenos Aires, una institución educativa de élite con un fuerte activismo político lo que hizo que 108 alumnos y ex alumnos permanezcan en condición de desaparecidos, siendo el colegio con más víctimas durante la última dictadura.

El reparto de adolescentes sin antecedentes en cine reúne a Rocío Palacín (Isa), Rafael Federman (Lito), Ricky Arraga (Camilo) y Leonor Courtoise (La China) y suma a un consagrado como Rodrigo.

Noya (El Capi), pero también cuenta con la participación especial de Vera Fogwill, Javier Urondo, Mora Recalde, Manuel Vicente, Sergio Boris, Federico Marrale, Juan Luppi y Mariana Carrizo.

Desde un lenguaje cuidado, documentado y lejano de cualquier estereotipo, la película obtuvo el Premio de la Critica en el Festival de Moscú y los lauros a la Mejor película extranjera y Mejor Fotografía en el Festival de Gramado.

La dupla Ardito-Molina es autora de largometrajes documentales como “Raymundo” (2003), “Corazón de fábrica” (2008) y series para televisión (entre ellas “El futuro es nuestro” sobre los desaparecidos del Nacional de Buenos Aires), trabajos que merecieron 45 premios internacionales.
IDA Y VUELTA
–¿Cómo y cuándo decidieron dar el paso del documental a la ficción?

–VM: Nunca habíamos dado el paso a la ficción porque sentíamos que no llegaba la historia indicada. El momento llegó en 2012 cuando a nuestra hija Nika, que en ese momento estudiaba en 3er. año del Buenos Aires, le dieron a leer “Sinfonía para Ana” en la clase de literatura y, por supuesto, la historia ingresó a nuestras vidas. La temática central de los documentales que realizamos es la generación de artistas y militantes de la década del 60 y 70. Desde Alejandra Pizarnik hasta Raymundo Gleyzer. Porque fue una generación de ruptura. Pero siempre había un límite en el abordaje desde el documental, y es que podíamos viajar al pasado desde los archivos o desde testimonios de la actualidad. La ficción nos permite viajar en el tiempo y ser partícipes de momentos muy íntimos de los protagonistas, ingresando a sus vidas.

–La película aborda una época de grandes disputas y transformaciones pero evita una mirada idílica ¿Les costó encontrar ese tono que contradice los relatos lineales sobre aquel pasado reciente y todavía resonante?

–EA: No nos costó porque la novela propone ese punto de vista. Gaby Meik, desde una honestidad brutal y hermosa, narra los momentos más fuertes de su adolescencia. Nosotros acompañamos esta mirada que va en consonancia nuestra obra documental anterior,, centrada en este período. Generar una figura de bronce significa separarla de su carácter humano, natural, cotidiano, contradictorio. Traiciona la recuperación del sentir, pensar y actuar de un grupo humano con características propias. Por esto trabajamos el concepto del túnel del tiempo, de que el espectador pueda vivir el paso a paso de los protagonistas.
RECORRIDOS
–¿Cómo sienten que se inscribe “Sinfonía para Ana” en la profusa filmografía argentina sobre los 70?

–VM: “Sinfonía para Ana” tiene una propuesta nueva que es comprender o vivir los 70 desde la mirada de un grupo de adolescentes. En donde no domina el terrorismo de Estado como eje narrativo. No hay imágenes de tortura, sufrimiento o castigo. Ni siquiera se ve a los verdugos. Queríamos hacer principal hincapié en el período anterior al 76, cargado de un espíritu de transformación, rebeldía, música, amor, compañerismo y amistad. Pero a su vez, con todos los problemas que puede tener un ser humano en su relación con los otros y con la sociedad.

–¿Y de qué modo dialoga el filme con el presente?

–EA: propone un viaje al pasado que nos hace reflexionar permanentemente sobre el presente que vivimos. No porque nosotros nos lo propusimos, sino porque la historia que narra el filme lo permite. Por un lado, habla de valores universales, que están presentes en todas las épocas y por el otro, porque la juventud actual tiene muchos puntos en común con los jóvenes de los años 70 en su búsqueda de transformación de la sociedad, hacia un mundo más justo.

–¿Fue difícil decidir que su hija Isadora encarne a Ana?

–VM: Isadora trabajó desde niña como actriz en obras del teatro under para adultos. Más adelante trabajó en las reconstrucciones de nuestros documentales y en el filme “Moreno” haciendo de Guadalupe Cuenca. Luego de presenciar un casting de muchos chicos para varios personajes, Meik, la autora de la novela, nos dijo que veía en Isadora a la Ana que siempre imaginó y de esa manera pudimos dimensionar algo que sabíamos pero nos era muy difícil de ver porque no podíamos separar la percepción de padres de la de directores.

–¿Qué opinión tienen acerca de la Resolución 942 del Incaa?

–VM: Una película como “Sinfonía para Ana” no podría haberse realizado bajo esta nueva resolución. Porque tiene una estructura de producción muy especial, donde nosotros como directores y productores también fuimos los camarógrafos y montajistas. Esta nueva resolución sólo prioriza el financiamiento del fomento a las películas de formato más industrial, dejando afuera a las estructuras más modernas de producción, donde equipos pequeños pueden trabajar más intensamente la propuesta artística (estético-narrativa) con tiempos más prolongados que permiten rigurosidad técnica y estética con intimidad en el clima de rodaje y creación artística. El fomento que otorga el Incaa debería respetar la diversidad productiva porque ese es el camino de encontrar nuevos lenguajes, nuevas estructuras para avanzar en el crecimiento de nuestra cinematografía y no estancarnos en fórmulas probadas que son las únicas que hoy admite el mercado.

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