“Los libros viven en la voz de la gente”

“Todos somos narradores”, sostiene María Héguiz, actriz, escritora y narradora, creadora de las Caminatas de lectura. Dictó una capacitación en Paraná.
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María Héguiz ha hecho de la palabra, y de su circulación, un eje central en su vida. Ha recorrido los caminos del mundo narrando historias que leyó y que la movilizaron al punto de querer compartirlas.

Así, durante su trayectoria, esta bibliotecaria porteña que en su momento recorrió gran parte del país con su proyecto de Biblioteca Oral Circulante -que ella misma encarnaba junto a una valijita llena de libros que siempre la acompaña-, ha trabajado con pasión sobre esta posibilidad de compartir relatos a otros, contagiarles entusiasmo y lograr que a la vez se conviertan en narradores. En ese tránsito recuperar un modo de ser más humanos, que tiene en la comunicación, en el encuentro, claves.

Recientemente distinguida con el Premio Pregonero, que otorga la Fundación El Libro, esta actriz, cantante, y docente, regresó a Paraná para brindar una capacitación sobre narración social y el rol del narrador. En una pausa de su trabajo con docentes y bibliotecarios de distintos niveles y establecimientos educativos de la región, fue entrevistada por EL DIARIO. Allí explicó cuáles son los alcances de esta iniciativa, la relevancia de la figura del narrador social y su incidencia y de la “Pedagogía del libro hablado” para formar lectores y ciudadanos en su Escuela de Lectura y Narración Social que intenta acercar a los participantes a ese concepto a través de un trabajo de aprendizaje metodológico. El objetivo es “hacer del libro un hecho social multiplicador; abrir las puertas de la biblioteca acercando sus libros a la comunidad, en la voz de su gente; y colaborar con el bibliotecario en la difusión de su labor”.

-¿Cómo se gestó el concepto de narrador y de narración social?
-De alguna forma, lectura y narración social son un proyecto propio de vida. Soy actriz y he desarrollado la narración escénica durante toda mi trayectoria. En 1982, abrí en el país el campo de la narración escénica como espectáculo. Durante mucho tiempo trabajé en espacios sociales a partir de las bibliotecas, cárceles y comencé a sentir que empezaba a preguntarme cosas, y que algo se despertaba. Fue fuerte y sentí que eso había que volcarlo a terceros. En 2005, fundé la escuela de lectores narradores sociales. Desde entonces comencé a desarrollar el concepto de lectura y narración social, que no tiene que ver con la promoción de la lectura ni con lo escénico en forma directa. La figura del lector narrador social nos cabe a todos, ya que seguramente tenemos algo para decirnos y contarnos. Ocurre que contar y hablar están muy teñidos de prejuicios.
Por ejemplo, la idea que al estar en público hay que leer bien, hay que `saber´ contar, o decir siempre cosas importantes. Y eso lleva a que se pierda la expresión genuina de las comunidades y de las personas; y sobre todo se pierde lo vincular. De allí que la idea que prima en mi propuesta es recuperar lo vincular, eso que nos incluye a todos, que es esencial a lo humano.

-Lo importante es el puente que establece la palabra.
-Es así. Cuando relato un cuento a mi hijo, a un chico, no estoy pensando si lo hago bien o mal, sino que lo importante es el vínculo que se genera. Y en ese momento trabajo sobre valores que quiero transmitir a ese pequeño. Es desde allí que la lectura empieza a ser social porque el foco no está puesto en el `elemento libro´ o en el `elemento escritor´, sino en cómo nos involucramos uno con otro; es decir en ese vínculo en el cual lo central no es ni el que lee ni el que escucha, sino el `entremedio´, en lo que generamos como personas uno con otro a través de esa lectura y lo que creamos como comunidad. A partir de ahí se establecen identidades, empieza la voz genuina de la gente a aparecer. Y nos `bajamos´ todos del escenario para comunicarnos como personas, como pares.

-Existe entonces un elemento clave puesto en juego en la propuesta de narrador y lector social que es del orden de la transmisión de la cultura.
-Sí, porque con este enfoque comenzamos a ser protagonistas de la cultura. Entonces no elegimos un texto de Cortazar por estar escrito por que es alguien `famoso´; lo seleccionamos porque es significante en lo social. Por ejemplo, en este momento algunas historias de vida pueden, para un grupo de jóvenes, ser muchísimo más significantes que algo que Cortázar escribió en determinado momento. Entonces, en mi propuesta, se trata, como primer paso, de comenzar a `leer´ la realidad en la cual vamos narrar o contar algo. No arrancamos tampoco desde alguien que se sitúa en lugar de poder del que tiene cultura; del que sabe leer frente a otros que no. La cultura es un bien de todos. Entonces es tiempo de que empecemos a sentir que la voz de los escritores, la voz de los libros, es una gran posibilidad para todos. Y no sólo para algunos que podemos creer que somos `los dueños´ de esa supuesta sabiduría.
Patrimonio común
-En lo esencial plantea entonces la posibilidad del narrador y la narración social como acceso a ese patrimonio común que es la cultura, algo que se recrea con el aporte de todos.
-Es la idea. Tomar el libro como un bien común, como una posibilidad que nos iguala. Entonces cuando por ejemplo, voy a un instituto penitenciario, no soy alguien `que va a leerle a los chicos pobres de la cárcel´. Se trata de comprender que, en algún aspecto, los jóvenes internos privados de libertad son también parte de mi responsabilidad social; que en cierta medida soy responsable por su condición, lo cual me interpela porque estamos viviendo –todos, de igual a igual- en una sociedad que necesita transformarse. Y allí es donde halla su fundamento la tarea del narrador y la narración social: la de modificar el mundo y humanizarlo. Desde este enfoque entonces: ¿cómo nos leemos? En un encuentro con los presos puedo leerles cosas y ellos leerme otras; y salir, luego de cada encuentro, transformados y más concientes unos de otros porque de esa manera nos estamos construyendo como sociedad.

-¿Puede pensarse que leer de este modo constituye una práctica que brinda la posibilidad a todos los interesados de generar espacios para el encuentro sin condicionamientos ni prejuicios y a la vez sentir que todos los que participan son parte de un hecho vital?
-Sí. Para mí la lectura nos iguala en el sentido que nos plantea imaginarios en los cuales podemos entender qué le pasa al otro. Desde ese lugar simbólico puedo entenderme mejor a mí mismo y al otro. Además, desde los libros, siempre hay gente que de alguna forma nos revela cosas, porque los escritores siempre nos permiten ver un poco más allá de lo que nuestra vida cotidiana nos permite. Y así podemos comenzar a comprendernos desde lugares nuevos y sobre todo recuperar la voz.
Voz social
-Hay, en esto que plantea una idea que amplía la noción de lectura, porque ya no se plantea sólo en relación al libro, sino también a la vida y al mundo como textos que pueden ser leídos para contárselos a otros.
-Claro. En este aspecto es que hablamos de la lectura y el libro como hechos sociales y de las bibliotecas, que necesariamente están comprometidas como voz social de las comunidades. La comunidad, muchas veces no se entera –por muy diversas razones- en demasía de lo que hay en los libros. A partir de la presencia de lectores sociales –que pueden ser representantes de los más distintos sectores- los libros empiezan a `iluminarse´ desde distintos sectores, pero no hay una sola voz que los cuente. Hay que entregar los libros a todos, leernos y desde allí construir una voz social con lo que es el libro; es decir voces que resuenan desde el pasado, en el presente y en el futuro que imaginamos. Si los libros empiezan a alejarse de esa idea de que son un objeto cultural cerrado y empiezan a ser abiertos como un espacio en el cual habitan voces que nos cuentan cosas, la gente comenzará a sentir que esos libros le pertenecen.

-¿En este concepto no restrictivo y social de la noción de lectura también aparecen la vida, las biografías de cada uno de los que participan de este hecho como fenómeno social?
-Exacto. Cambia nuestra idea de lo que el libro es, porque el objeto de trabajo no está puesto en ese grupo de páginas impresas. Está puesto en lo que nos pasa con ellas. Un libro siempre es lo que nos ocurre en relación a él. Qué cuestiones moviliza en nosotros. Y cómo lo incorporamos a nuestra propia experiencia vital. Porque podemos haber leído muchos textos, pero en definitiva puede suceder que el registro de esos textos no nos cambia o modifica en relación a ser mejores personas y mejorar nuestra existencia y la de los otros. Por ejemplo, podemos preguntarnos ¿Qué mundo queremos? Creo que esto es importante plantearlo en este momento del mundo, porque existe gente muy `culta´ que nos lleva en dirección a nuestra propia destrucción como especie. Y aquí me pregunto ¿hacia dónde nos leemos como cultura para hacer de este planeta un mundo mejor que nos involucre a todos?
Lectura y Tic´s
-¿Qué opinión tiene sobre la influencia que las tecnologías de información ejercen sobre los modos de leer?
-Amo la tecnología, me parece maravillosa y no representa un impedimento para la lectura. Un papá puede leer al hijo un relato a través del teléfono. El problema no es la tecnología en sí misma; el problema es que no se lo lee.

Por otro lado, la tecnología deja de estar al servicio de la gente. Y aclaro que esto no es una cuestión atribuible sólo a la tecnología, sino que es responsabilidad de los humanos ser responsables del empleo que hacen de estas tecnologías. Entiendo que se trata de pensar con una lógica que nos potencie en nuestras capacidades como especie y no con un enfoque que, por el contrario, nos limite en nuestras potencialidades y riquezas.

Estamos trabajando en una experiencia con chicos de la quebrada de Humahuaca que se comunican a través de Skype y por Watsapp con chicos de una escuela de San Martín, en el conurbano de la provincia de Buenos Aires. Mientras unos cantan coplas, otros comentan leyendas urbanas. De ese modo intercambian culturas y se cuentan quiénes son. De esa manera nos conocemos y nos integramos como habitantes de distintas regiones de un país que es inmenso y al que le falta que sus habitantes se conozcan entre sí.
Bibliotecas narrantes
-¿Qué ocurrió con la Biblioteca Oral Circulante, ese espectáculo de narración con el cual visitó Paraná a fines de los 90?
-Bueno, lo de esa etapa se transformó. Pasó a ser biblioteca narrante. Ahora siento que lo mío es una biblioteca narrante, porque voy contando escritores, libros. Todo eso pasó al campo social. Entonces el proyecto de bibliotecas narrantes tiene que ver, por ejemplo, con una bibliotecaria de gran fuste técnico que ha editado un CD para que pueda ser trabajado comunitariamente en escuelas secundarias. O con otra chica que está en hospitales generando una propuesta de libros circulando en la sala del hospital en lugares de terapia con casos muy graves. Y también con alguien que trabaja y crea en una biblioteca narrante con niños judicializados. Todos casos que comparto en mi libro `Laboratorio de lectura y narración social´.

De ahí que el concepto es que las bibliotecas narrantes comencemos a ser nosotros mismos, que empezamos con alguna biblioteca que tenemos adentro para hacerla circular en espacios sociales construyendo espacios de libros. Y así revitalizamos los espacios de libros existentes a partir de narrarlos a otros. Y de ese modo hacemos de la lectura un hecho vivo. En las bibliotecas muchas veces no entramos, o pasamos de vez en cuando. Y allí están esos libros que salen tan caros, que sería tan difícil de conseguir y los tenemos ahí. En el principio de lo que planteo estuvo la pregunta: ¿Qué sucedería si las bibliotecas se transformasen en espacios `narrantes´ y pasaran a ser un ámbito en que todos los lectores hablasen, contasen los libros que han leído de esa biblioteca sintiéndolos propios? Lo que ocurre, creo, es que las bibliotecas se multiplican, ya que vamos cada uno de nosotros somos una de ellas. Y esto, entre otros puntos importantes, tiene un valor pedagógico enorme, además permite que las personas se vinculen más allá de edades, condición social, cultura, y reunirse convocados por la fascinación de escuchar relatos. Si todos nos leemos a todos en este enfoque de la pedagogía del libro hablado… quien dice, en algún momento podemos entendernos mejor.

-Hay un rescate de la cultura y el registro de lo oral, propia de esta parte del mundo. Una cultura que ha quedado desvalorizada y relegada en relación al texto escrito.

-Sí, porque si nos remontamos incluso a los orígenes de los libros, seguramente en el comienzo hubo un escritor que se contó su libro a sí mismo. Luego se lo contó a un amigo, lo hizo circular a través de la voz antes de escribirlo. El escribir es plasmar simbólicamente algo que antes estuvo circulando desde distintas voces. Y allí me parece que hay algo que desde algunos lugares de esta escena contemporánea se nos quiere escamotear, arrebatar. Si se destruyese todo, y quedara sólo un libro de Borges, tirado en un camino, sino hay nadie que lo lea sería un pedazo de papel. De ese modo se perdería una maravilla porque no habría ningún ser humano que lo pueda leer. Es desde allí que me parece importante tomar conciencia que no hay nada que exista que no sea una interpretación posible de nosotros mismos para ser mejores, para tratar de construirnos un poco más.
Hablan los libros
-¿Cuáles son los ejes de lo que ha denominado `Pedagogía del libro hablado´?
-Primero, el concepto que todos nos leemos, que somos lectores-narradores sociales y no hay lugares de poder. Estamos todos en un plano de igualdad, porque nos une la fragilidad humana. Desde esta perspectiva el libro es un canal de encuentro desde lo social.
Otra clave es no leer desde el rol. Generalmente estamos acostumbrados a manipular la cultura desde el lugar en el que estamos: por ejemplo el maestro porque la usa didácticamente, el bibliotecario porque informa. Entonces nos olvidamos de la emoción que el conocimiento tiene, genera. Y cuando leemos porque hay que `cumplir´, nos instalamos en cierto y determinado lugar que se percibe por quien recibe ese relato, en cierto sentido, perdemos nuestro registro de que somos personas. Y el libro, si no se vive desde un lugar profundo, difícilmente se transmita. Entonces sólo transmitimos cada vez más y más información, pero vivimos menos aquello que estamos informando. Entonces cada vez tenemos menos juicio crítico. La autonomía del ser no se da porque leamos mucho, sino porque elaboremos algo, algo que nos pase por dentro y por la vivencia de eso que nos ocurre. Desde allí, la clave sería no intentar leer tanto, sino intentar vivir lo que estamos leyendo y el libro como una experiencia vital que nos ayude para la vida, para la comunicación en el lugar en el cual estamos y en el que queremos proyectarnos.
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