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Jorge Enrique Martí: pasión por decir a Entre Ríos

Reconocido como `Procer de la cultura nacional´, Doctor Honoris Causa, destacado poeta, escritor, y periodista. Su muerte agiganta su figura y el legado de una obra que recorre seis décadas.
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El primer mes del año es un período signado por reencuentros y despedidas. En este último aspecto, distintos eneros la provincia ha visto partir a hijos apreciados y destacados, que le entregaron lo mejor de sus esfuerzos. Entre tantas, una de esas presencias inefables que alzó vuelo al encuentro con el cosmos fue Gloria Montoya. La calificada artista plástica, referente a nivel nacional, falleció el 15 de enero de1996.
Otro de los hijos queridos de la provincia, Miguel Martínez, noes dejó físicamente el 12 de enero. Fue siete años atrás cuando el inolvidable `Zurdo´, –referencia clave en el panorama musical argentino- partió al viaje infinito.
A esta serie se sumó el domingo, en este mes de calor impiadoso, un poeta y escritor que amó entrañablemente a esta tierra: Jorge Enrique Martí.
La triste noticia enlutó los cenáculos literarios y artísticos entrerrianos, que conocieron y aprecian el valor de la obra de este maestro, que falleció a los 92 años de una existencia transitada con luminosa intensidad.
Martí nació en Rosario, en 1926. Pero a los dos años llegó a Colón, donde se radicaron sus padres. Allí murió el domingo. Como su amigo –también poeta- Carlos Alberto Alvarez, sintió Entre Ríos como su terruño natal. Alvarez lo expresó en aquellos versos ahora eternos que por cercanía y coincidencia plena, Martí hizo también suyos: “soy el único entrerriano/ que aquí no pudo nacer”.
Su personalidad franca, abierta, expansiva con quienes apreciaba, fue una de las claves para el reconocimiento y el respeto primero y la amistad más tarde de la totalidad de la comunidad literaria de toda la región. En su casa en Colón, en extensos encuentros gastronómicos con el tradicional asado criollo como pretexto, y en no menos interminables sobremesas, el poeta supo cultivar la cercanía con sus pares artistas y también con aquellos a quienes entregó su afecto y reconocimiento.
Egresado del Colegio Histórico de Concepción del Uruguay, Martí –lector ávido e inquebrantable- se formó al calor de la brega literaria y, como tantos compañeros de ruta, hizo así su camino, abrió su propia picada en el paisaje de la poesía regional.

CARÁCTER Y ESTILO

Cultivó la reciedumbre criolla, propia de los paisanos entrerrianos, que se materializó en su voz grave, profunda, y en su estampa de cantor que reflejó el paisaje, la flora, la fauna y los vivires y sentires de su pueblo y plasmó en una docena de libros, el primero de ellos `Panambí´, publicado en 1949.
A esa voz poética que técnicamente se mantuvo dentro de las formas clásicas, aportó el decir florido, la verba frondosa. Eso se tradujo en versos que iluminan el firmamento comarcano y nacional, como su poema `Destino´, que fue musicalizado posteriormente por Miguel Martínez.
Resuenan en la memoria las palabras del texto, que ilustra el ser inconformista y montaráz: `Libre por toda señal/ y entrerriano por el canto,/ en mi guitarra levanto/ los sonidos provincianos/ porque me tiembla en las manos/ la tierra que quiero tanto.”
`Destino´ formó parte de `Rapsodia entrerriana´, poemario con el que Martí obtuvo el Premio Literario Fray Mocho, en 1974. El proyecto con ese trabajo mayor, ya en plena madurez del artista, fue –en sus palabras- el siguiente: “Quise decir, simplemente: `¡Aquí traigo mi provincia!´ y que todos la vieran y quisieran, según lo había reiterado en `Antigua Luz´, que en 1954 mereció la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, afortunadamente compartida ese año con Beatríz Guido, Pablo Rojas Paz y Adolfo Bioy Casares, entre otros escritores prestigiosos”. Esa línea, de acendrado amor terruñero, se confirmó en otro magnífico poemario: `Entre Ríos y canciones´, de 1970.
Su compromiso que se tradujo en inolvidables coplas, sonetos y poesías recibió el elogio de autores de solidez y talento indiscutible, entre los que se cuentan Delio Panizza, Marcelino Román –con el que cultivó una entrañable amistad- y Juan Filloy.

RECONOCIMIENTOS Y LEGADO

Además de la escritura fue la docencia la que ocupó parte de las inquietudes de este entrerriano a carta cabal. Y su afán por el hacer lo llevó a ocupar el rol de lo que hoy se denomina `gestor cultural´.
Designado `Procer de la cultura´ -junto a otras 26 personalidades de la cultura nacional- en el marco del `Segundo Cabildo Abierto Federal´, que se realizó en 2015, en la CABA; obtuvo asimismo numerosas distinciones, entre ellas el Doctorado Honoris Causa, entregado por la UCU. Su compromiso y militancia sin sectarismos lo llevaron a ocupar el cargo de Secretario de Extensión Universitaria y Cultura y asesor del Rectorado en la Universidad Nacional de Entre Ríos.
Sus hijos han seguido su camino. Entre ellos Leopoldo `Polo´ Martí -reconocido guitarrista y compositor- quien compuso la música de la cantata `En unión y Libertad´, sobre textos de su padre. La obra, un homenaje a Urquiza en el Bicentenario de su nacimiento, se presentó en Paraná en 2001, en el Teatro 3 de Febrero.
En sus últimos años –como lo hizo durante todo su vida- intensificó su tarea de divulgación de la cultura y la historia así como la difusión de la poesía y los autores de la provincia.
El foco de su interés se concentró –como en su momento lo hizo Linares Cardozo- en las nuevas generaciones y muy especialmente en la niñez. Su último libro, `Gurisada (para la lectura de escolares entrerrianos)´, publicado en 2016, es el luminoso reflejo de esa inquietud. En las páginas iniciales del prólogo y en la amorosa dedicatoria a su esposa, hijos y nietos, pueden hallarse algunas de las claves de lo que hoy –en el plano público- funge como última voluntad del poeta.
“Tengo un inocultable propósito docente, porque estoy convencido de que la poesía también puede ser, en manos del maestro, un apropiado instrumento que le permita recorrer y contemplar copla a copla y verso a verso las maravillas del paisaje comarcano y conocer la buena gente y los pequeños seres que habitan su entorno fluvial”, expresó.
Adios, Don Jorge. Acaso esté vibrando ya en la sintonía estelar junto a queridos amigos de una fraternidad universal, con los que compartió alegrías, luchas y tristezas -la vida misma-: Aníbal Sampayo, Marcelino Román y el `Zurdo´ Martínez, quien lo consideró un hermano.
Mientras tanto entre las lomadas y el río, su voz persistirá, entrelazada en el paisaje de la provincia a la que tanto quiso; en el viento y el canto de las aves; en la infinita melodía ancestral, eco de las palabras con las que se propuso capturar lo esencial de un pueblo.



Autor: Carlos Marín

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