Música

El jazz, expresión del pulso ancestral, en busca de su espacio en Paraná

La edición del primer festival local, la aparición de una nueva generación de músicos interesados y de ciclos dedicados específicamente al género, permiten abrigar esperanzas de la revitalización del j
El jazz, como género, supo tener en Paraná, momentos de gran vitalidad. En las décadas del 50 y 60, nombres como Tito Luna, Carlos Cacho Barrionuevo, Pepe Sabattini y Manhattan dieron brillo a un fenómeno musical que dejó además recuerdos imborrables, como la visita del inolvidable Oscar Aleman a los bailes de carnaval en las terrazas del Paraná Rowing Club y otros espacios. Pero a fines de los 60 este estilo musical nacido entre los esclavos, en el sur de los Estados Unidos, fue desplazado por la conjunción de diversos acontecimientos.

El naciente Rock nacional –que captó el interés de cierta parte de la juventud y que se tradujo aquí en la creación de grupos como Los relámpagos y Los brujos– la aparición del pinchadiscos o disck jockey, que reemplazaron a las orquestas en vivo, entre otros elementos, hicieron que el gusto y el interés por el jazz se diluyese en el público, quedando como un reducto para conocedores.

La consolidación de grupos y solistas –en vinculación directa con la industria– impusieron tendencias y modas modelando el gusto hacia otras direcciones.

Se desconectó así una cadena de transmisión en el campo de la música popular que llevaron a que el jazz, a nivel local, sea una vertiente con escaso desarrollo, salvo ejemplos aislados y puntuales de músicos como el guitarrista Sergio Scacchi o el baterista José Luis “Flaco Viggiano”.

Contrariamente a este poco fértil –en décadas anteriores– panorama local, en Santa Fe, el incansable y continúo trabajo que desde inicios de la década del 80 ha realizado la Jazz Ensamble, ha fructificado en una serie de talentos que hoy despiertan cálidos elogios de la crítica y especialistas en el país y el exterior. Acaso un ambiente de mayor cosmopolitismo y el intercambio con corrientes de pensamiento, estéticas y filosóficas hayan modelado en parte el movimiento cultural de la vecina capital generando condiciones propicias para incubar fenómenos como el jazz.

En este sentido, Santa Fe Jazz Ensamble ha otorgado un gran impulso al género en esa ciudad y toda la región, a través de la big band, convirtiéndose en un embajador musical.

En Paraná el tango, con las milongas, el folklore y las expresiones regionales –con el ciclo La noche de los nuestros–, y las expresiones vinculadas a la música clásica y la danza en sus distintas manifestaciones tienen un lugar más o menos consolidado.

Sin embargo, el jazz sigue brillando por su ausencia. Salvo esporádicos casos, como un recital de piano jazz que brindó Osvaldo Cirigliano hace algunos años, no abundan las posibilidades de acercarse a este género en la ciudad.

Pero el panorama comienza a cambiar. Tímidamente en 2016 y 2017 un ciclo de jazz en el Club Social o en la Peña organizada en la Cueva Cultural, (sede histórica del Círculo Católico de Obreros), marcaron un punto de inflexión. Las iniciativas, gestadas por un grupo de jóvenes músicos, lograron sostenerse en el tiempo, y demostraron que existe un público que tiene interés. Lo mismo puede decirse de la Jam de Blues organizada por la Asociación Litoraleña de Blues, agrupación que desde la salida a la luz pública, a fines de 2015, ha logrado instalar un espacio permanente para esta música en la ciudad.

En diciembre pasado, Paraná vivió un acontecimiento que merece resaltarse, porque marca la posibilidad de un giro definitivo que coloque nuevamente al jazz en el lugar que le corresponde. Se trata del la edición del Primer Festival de Jazz Paraná, que se desarrolló del viernes 8 al domingo 10 de diciembre en el CCC La Vieja Usina y convocó la participación de un auspicioso número de participantes, entre músicos y agrupaciones.

Mario García fue referente principal de la organización del encuentro. Entrevistado por EL DIARIO, el saxofonista destacó el éxito de la iniciativa y que, en función de la respuesta de músicos y públicos ya está en marcha la segunda edición del encuentro.
Por otra parte lo consultó para conocer su opinión sobre el panorama del jazz en la ciudad y las perspectivas de desarrollo y crecimiento.

- ¿Qué evaluación hacés del primer festival de jazz de la ciudad, que se realizó en diciembre?

- Considero que hubo cosas que realmente salieron muy bien y otras de las que yo particularmente aprendí mucho, pero con la satisfacción de haber dado el primer paso hacia un espacio que en ambiente jazzero siempre se soñó pero no se había podido concretar hasta el diciembre del año pasado.
La propuesta surge por una verdadera necesidad. Soy consciente que nuestra ciudad siempre contó con un nivel de músicos de Jazz y música popular muy alto, creo que se trata de darle un espacio bien merecido al jazz paranaense.
Es cierto también que marcamos una visión concreta con la cual pretendemos darle una proyección a lo largo del tiempo. A mi parecer es clave que el festival cumpla una función de “Disparador” de proyectos nuevos, de que los proyectos que ya existen puedan proyectarse a largo plazo ofreciendo un espacio anual y abrir el espacio a no solo la música, sino también a todas las disciplinas artísticas que lleven adelante el género del jazz.
Como logro importante fue realmente haber concretado una primera edición. En Enero del año pasado arranqué a trabajar el festival con la consciencia de que cada situación que se fuera dando iba a aportar la experiencia para la mejora de las ediciones venideras. Si bien es una experiencia única y que da una satisfacción muy grande también es tomar una gran responsabilidad de hacer lo mejor posible las cosas.
INTERMITENCIAS
- ¿Cuál es tu percepción en relación a la movida “jazzera” en Paraná en relación a una década atrás?

- De alguna manera la movida en Paraná siempre fue un tanto intermitente, surgía un club de jazz o una jam sesión y al poco tiempo se cerraba, aparecía un grupo que “la rompía” y se disolvía, pero siempre Paraná se las arregló para que no falte un poco de swing en los bares de la ciudad.
Es muy lindo saber que hace 10 años compartíamos clases y escenario con músicos que hoy están abriendo un camino en la escena jazzística a nivel local como nacional y que a demás algunos son excelentes maestros. Puede que una década atrás había en muchas mentes de aquellos chicos la fantasía de hacer algo que impactara positivamente a su ciudad desde su música y su arte o desde la gestión en mi caso…
Referentes hoy son muchos de verdad, y muy jóvenes. Y creo que 2017 ha sido realmente un año muy próspero para el jazz en Paraná porque paralelamente nacieron, no solamente el festival, sino que también se creó la primer Big Band de la ciudad a cargo de Martín Bustos, tremendo músico. La big band es un proyecto muy complejo porque, por un lado la formación no baja de los 18 músicos y por otro lado tocar un repertorio en una orquesta de jazz conlleva un trabajo de elaboración muy fino el cual lograron con mucho éxito.

Otra referente que lleva hace mucho tiempo su bandera en alto es Flopa Sukdorf, que hace muy poquito también grabó su primer disco “Afro Blue”, que es una joyita. Y no puede faltar un maestro que para todos los músicos es casi como nuestro padrino jazzístico que es el “Flaco” Viggiano. Particularmente creo que hay que nombrarlo como patrimonio vivo cultural de Paraná; porque a todos los músicos en algún momento nos volcó toda su sabiduría.

Otros referentes hoy, Alejandro Bravo que también en 2017 creó la Asociación Litoraleña de Blues. Él es una persona que siempre puso cuerpo y alma para generar una movida blusera en Paraná, y creo que lo está logrando muy bien.

- ¿De acuerdo a tu experiencia, en qué radica que el jazz no haya aún calado tan profundamente como otros géneros en la ciudad?

- Si el jazz hoy no ha calado lo suficiente considero que va más allá de una cuestión solamente artística y de formación instrumental o estudiar la disciplina que uno elige, sino que tiene más que ver con el emprendimiento. El hecho de aprender a gestionar, producir y promover hace que termine de dar forma a crear un movimiento, a que la gente aprecie y se entere de que algo está sucediendo con el jazz en la ciudad.
Si uno hace una revisión histórica, el jazz de los años 30 era furor no solo porque había artistas muy talentosos, sino porque esa música también era bailable y los “boliches” y disqueras de la época se encargaron de hacer de esa música contagiosa un mercado. Hoy tal vez el mercado se fue para el lado por ejemplo del regatón. Es por eso que hoy nos toca como artista también pensar en el rol de productores o gestores para hacer que nuestro arte continúe teniendo vigencia.
En mi poquita experiencia como organizador del festival me di cuenta que fue muy poco los dotes que usé como saxofonista (Se ríe). Pero soy un apasionado también del emprendimiento y ese aspecto fue el que me ayudó a concretar el festival.
PERSPECTIVAS
- ¿Qué perspectivas ves a futuro en relación a la vitalidad de este género musical en la ciudad?

- Mirando a futuro tengo la convicción que este movimiento va a tomar más fuerza. Creo que hoy como hace 10 años debe haber chicos con un sueño latente de hacer algo grande en el jazz de Paraná. Pueden ser bailarines, músicos, artistas plásticos... etcétera. Uno nunca sabe a qué personita puede estar inspirando cuando te subís al escenario y que diga “yo quiero ser como él o ella cuando sea grande”. Lo único que podemos controlar es el corazón con el que se hacemos las cosas.
MÚSICO Y GESTOR
Mario García tiene 26 años de edad y para organizar la primera edición del Festival de Jazz Paraná, se puso el proyecto al hombro. Le tocó estar de los dos lados del mostrador. Por un lado como gestor, organizador, productor y coordinador –junto a un equipo de trabajo–; por otro, como músico participante.

Su vinculación con la música se dio a los 9 años, cuando dejando de lado su inclinación por el karate, sus padres lo inscribieron a la Escuela de música “Constancio Carminio”, donde ya estudiaban sus hermanas.

“Para ingresar era necesario que eligiera un instrumento. En ese entonces –contó Mario a EL DIARIO– recordé que a mi casa había llegado un casette de la orquesta de Glenn Miller lo cual me atrajo tanto que lo escuchaba una y otra vez. Sabía que uno de los instrumentos solistas de esa orquesta era el Saxofón, así que ese casette me ayudó a definir mi instrumento y también mi primer acercamiento al jazz”.

Cursó el nivel medio en el establecimiento y a los 20 años comenzó a estudiar en la Uader la Tecnicatura en saxofón. En paralelo comenzó a formarse en jazz más profundamente con grandes maestros de Santa Fe. De ellos, dice, “aprendí prácticamente todo sobre el género y tuve la oportunidad de compartir varios escenarios”.

A los 21 años ingresó a la Banda de la policía de Entre Ríos como saxo tenor. Allí trabajó por tres años “hasta que tomé la decisión de tomar el camino del emprendimiento por mi cuenta”.

En 2017 fue aprobado un proyecto para ser parte del equipo docente en una nueva escuela de arte en la ciudad de Federal en la cual esta dando sus primeros pasos en la docencia, algo que, asegura este paranaense, “me encanta”.

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