LITERATURA INFANTIL

El arduo oficio de ir en busca de niños lectores

Un escritor, una valija y un auditorio es la conjunción perfecta para que el escritor Fernando de Vedia, cumpla su cometido: contar historias y abrir una puerta a la curiosidad para formar lectores.
Agrandar imagen A Fernando de Vedia lo animan dos pasiones desde que tiene memoria: escribir y hacer magia.
A Fernando de Vedia lo animan dos pasiones desde que tiene memoria: escribir y hacer magia.

Un escritor, una valija de magia y un auditorio de chicos es la conjunción perfecta para que el escritor Fernando de Vedia, autor del mítico inventor de cosas inútiles “Paco del Tomate”, cumpla su cometido: contar historias, entretener y abrir una puerta a la curiosidad para formar lectores.

Todas las mañanas De Vedia llena su valija con cartas, personajes, papeles infinitos que sacará de su boca y hasta un libro que se prende fuego al abrirlo con el fin de que los chicos conozcan sus historias, lean y se diviertan.

De Vedia acaba de lanzar “Paco del Tomate y sus nuevos inventos inútiles” (Atlántida), un libro compuesto de tres cuentos donde el personaje principal cuenta cómo conoció al amor de su vida siendo pequeño; el segundo cuento describe cómo Paco, con la ayuda de un amigo inventor, cumple el sueño de una pequeña y finaliza con la historia del reencuentro del inventor con ese amor de la infancia.

“La idea de hacer magia en las presentaciones es buscar un lector”, sostiene De Vedia. Y agrega: “Tengo dos pasiones, la escritura y la magia. Con ambas pasiones comencé a los 7 u 8 años. Empecé a escribir y al poco tiempo una tía me regaló una caja de magia y nunca más me separé de ellas”.

“Ya de grande, cuando comencé a publicar y a descubrir la importancia que tienen las escuelas para el incentivo de la lectura y en la formación de lectores, combiné ambas pasiones y desde mi lugar intento que otros colegas también encuentren herramientas artísticas para fomentar el amor a la lectura”, confiesa el autor de “El criador de dragones”.

“La magia me da un montón de beneficios. Los chicos de hoy tienen un montón de imanes que compiten con el tiempo que le pueden dedicar a un libro, salvo que ese libro lo tengan que leer por obligación. Pero si realmente querés formar un lector en serio no lo vas a conseguir con la obligación de leer”, sostiene el autor de “Hadas y princesas”.

UNO Y OTRO OFICIO. “La obligación lo que puede hacer es despertarle la curiosidad, pero cuando terminan se van a la pantalla. Con la magia compito un poco con eso y le doy un atractivo: primero en demostrarle que un escritor, a diferencia de lo que muchos chicos piensan, se dedica a hacer cosas terrenales, interesantes y divertidas. Después, porque la magia tiene una cuota de misterio y asombro, cualidades la tecnología no tiene”.

–¿Te ves escribiendo para chicos más grandes?

– Todo el tiempo estoy escribiendo y en esto tienen mucho que ver mis hijos. Tengo una nena de 17 y un nene de 8. Hasta hace poco tiempo mis hijos eran chicos y escribía para ellos. Ahora mi hija es adolescente y me entraron ganas de incursionar en la literatura juvenil, así que estoy en eso.

–Hay muchos escritores de sagas, pero casi todos extranjeros. ¿Por qué no se da el caso de autores nacionales que se inclinen a escribir sagas?

– Hay algunos... Se me viene a la cabeza el caso de Norma Huidobro. Lo que creo que no tenemos es la posibilidad de acceder al mercado como lo hacen los autores de afuera o los anglosajones, que no tienen fronteras. A los argentinos nos cuesta mucho acceder a otras lenguas. Muchos buenos ilustradores trabajan para medios extranjeros sin importar el idioma, y no sucede lo mismo con los autores. Cuando se habla de textos, de lengua, hay cierto no sé si llamarlo “nacionalismo”, en el mercado anglosajón o español son muy cuidadosos de sus propios autores, muy celosos. Son excepciones cuando se logra entrar en esos mercados. A eso hay que sumarle que nuestros libros como productos de exportación son caros. Una editorial multinacional prefiere que leamos los libros que ellos producen.

–¿El tema de la importación perjudicó al mercado nacional?


– Sí y no.... lo que critico es la cantidad de libros de literatura infantil que tenemos ahora. Hay una sobreabundancia. Yo apoyo la diversidad, eso de tener ofertas, pero el problema se plantea cuando dentro de esa diversidad hay gran cantidad de hojarasca porque traen de afuera lo que no pueden colocar en sus propios países. Ahí es donde se complica, porque recibimos mucha porquería. Somos un país de destino y no veo una política que impulse la difusión de la literatura argentina hacia el mundo.

–¿Y cuál sería la solución?

– Una propuesta interesante sería que nosotros, como escritores, nos pongamos las pilas y escribamos cada vez mejor, con historias que conmuevan a los chicos. Estoy convencido de que habría que comenzar por ahí.

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