Colaboraciones

Un taller de Filosofía en la Unidad Penal N° 1 de Paraná

El taller se realiza en encuentros semanales donde estudiantes universitarios y detenidos se sumergen en profundos diálogos sobre las problemáticas sociales que atraviesan a la población carcelaria.
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Ante el panorama que muestra que los índices de repitencia y abandono escolar son cada vez más altos y en suma con que la violencia y la delincuencia aumentan en igual grado, es necesario pensar en nuestra tarea como educadores en una sociedad donde abunda la marginalidad y la exclusión social. Esto nos obliga a pensar en la calidad de la educación que se ofrece y en el cómo y en el para qué de la enseñanza. ¿Qué pasó en el transcurso del proceso de enseñanza que hizo que una persona no culminase su educación? ¿Qué dejamos o no de hacer para ello?

En este contexto socio cultural en que pensar no está de moda sino que más bien se incentiva a lo contrario, a una naturalización inconsciente de la realidad, carente de sentido y profundidad, a una vida vacía, repetitiva, alienante; se hace necesario bregar por una educación en todos y cada uno de sus ámbitos. Educación entendida como el interés constante de una persona por aprender para la vida diaria.

Este artículo tiene por finalidad acercar a la sociedad una forma de educación muy vapuleada y criticada por la sociedad: La educación en cárceles.

ESCENARIOS. El pasado viernes 9 de junio se dio comienzo en la Unidad Penal N° 1 de Hombres de Paraná “Dr. Juan José O’Connor”, un taller de Filosofía a cargo de cuatro estudiantes de la carrera del Profesorado de Filosofía de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER). Dicho taller tiene por objetivos que los detenidos puedan hacer uso de la filosofía para pensar sus vidas cotidianas de encierro en conjunto con la adquisición de múltiples conocimientos para reflexionar sobre los problemas sociales que aquejan al mundo actual. Pero ¿a qué nos referimos cuando hablamos de tales objetivos? Estamos pensando en un estudio crítico y reflexivo de la realidad que analice detallada y pormenorizadamente la naturaleza, circunstancias y cambios de la condición humana. Es una reflexión que reconoce al detenido como un sujeto de derechos que, a causa de su judicialización (por determinado delito), esta privado de su libertad. Se busca en esto, visibilizar las concepciones filosóficas en el derecho penal sobre la justicia, la igualdad, la libertad y los derechos, todas ellas mediadas por las múltiples relaciones de poder que las avalan, condicionan y limitan.

El taller se lleva a cabo en encuentros semanales donde estudiantes universitarios y detenidos se sumergen en profundos diálogos sobre las problemáticas sociales que atraviesan a la población carcelaria. En un espacio donde prevalece la palabra (que no es poca cosa) se establecen múltiples opiniones, perspectivas y miradas de cuestiones vinculadas con el Derecho Penal y la vida en contextos de encierro. Se abren al diálogo preguntas como: ¿qué cárcel queremos?, ¿para qué y cómo la queremos?, ¿podemos abolirla?, ¿cómo entendemos a los sujetos que viven dentro de ella?, ¿qué esperamos de los detenidos? Se trata así de plantear otras alternativas allí donde el sistema penal y judicial no llega.

La cárcel se ha vuelto un “Depósito de carne”, un depósito de cuerpos dóciles que se adaptan a la “norma” del sistema penal. Por tanto, nuestro objetivo es dar cuenta de esa “norma”, de esa lógica totalizante/absorbente que prevalece en las cárceles. Se trata de problematizar y poner foco en las diversas situaciones que atraviesan o atravesaron quienes conviven diariamente en la institución carcelaria. Incluso también se busca descubrir, traer a la luz, des-ocultar, desnaturalizar el fundamento que justifica todas las prácticas en contextos de encierro. En todos los casos se defiende el derecho a la educación en las cárceles como derecho humano inalienable.

CONTEXTOS. En la sociedad actual donde predomina el confort y la comodidad por sobre las indagaciones o por sobre cualquier inquietud que pueda despertar el más mínimo asombro o desequilibrio, posicionarse desde un lugar filosófico implica comprender nuestro mundo, comprensión que en términos de Dussel significa prender, captar la totalidad de mi mundo, encontrarle un sentido a cada uno de los acontecimientos de mi vida. Sin embargo, pareciese que en este vivir cotidiano simplemente se vive sin más, las experiencias nos pasan superficialmente con un sentido que aceptamos naturalmente para nunca desligarnos de él.

Por tanto, llevar adelante un taller de filosofía en la unidad penal de hombres de Paraná comprende una ruptura con ese sentido común social que nos sumerge en la mentira de pensar que un detenido no puede cambiar sus conductas por medio de la educación. Fomentar el pensamiento, la reflexión crítica de la realidad abre a la posibilidad de desnaturalizar palabras como “preso” o “interno” que están ligadas a los prejuicios morales de la sociedad y a las condiciones económicas de un sistema capitalista que produce presos pobres.

Lejos de buscar juzgar o justificar las causas- condenas de los detenidos (para esto está el/la Juez/a), el taller de filosofía pretende ser un ámbito cálido donde llevar a cabo la tarea de desmenuzar la realidad social. Esto significa, buscar la esencia y el origen de los problemas sociales, de los actos humanos, de esa cotidianeidad que para algunos se aparece como evidente mientras que para otros es objeto de debate. Se pretende lograr de este modo, una transformación social, política y económica de la sociedad a partir de la independencia, autonomía y libertad del pensamiento.

Pues como sostiene Gilles Deleuze: “La filosofía no sirve ni al Estado ni a la Iglesia, que tienen otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para entristecer.

Una filosofía que no entristece o no contraría a nadie no es una filosofía. Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Sólo tiene este uso: denunciar la bajeza del pensamiento bajo todas sus formas. ¿Existe alguna disciplina, fuera de la filosofía, que se proponga la crítica de todas las mixtificaciones, sea cual sea su origen y su fin? Denunciar todas las ficciones sin las que las fuerzas reactivas no podrían prevalecer”.

SALIDAS. Esta búsqueda de la verdad nos llevará, como sostiene Guillermo Larigueta, a una búsqueda de identidad enlazada en ciertas dimensiones normativas. Debemos desentrañar la telaraña que tejen discursos muy bien elaborados que justifican actos de diferenciación para un público que elige ser engañado sin saberlo, que elige creer sin dudar en lo más mínimo. No debemos olvidar que “la educación es un derecho no una dádiva”, que debe ayudarnos a comprender que ni nuestra vida ni la de los detenidos está destinada a la fatalidad. Destacar que desde una postura política los integrantes del taller sostenemos que no se puede reinsertar lo que jamás estuvo inserto, que no se puede reinsertar un detenido cuando nunca la sociedad (el capitalismo) le dio un lugar. Por tanto, desde este lugar nos proponemos ponerle “el cuerpo” a una educación de calidad en las cárceles que trate en lo posible de cambiar la dura realidad que le toca vivir a las personas privadas de su libertad. Esto es lo que pretende generar el taller de filosofía que llevamos adelante.

Si bien la filosofía no pretende aquí posicionarse como la heroína que viene a salvarnos de las perdiciones, sí pretende guiar, acompañar, ayudar a concientizar sobre lo que nosotros somos en la sociedad. Es menester de este taller “tomar conciencia” de la responsabilidad ética que tenemos con las personas que “quedaron afuera” de un sistema económico excluyente. Desde la filosofía, siempre hay algo por hacer, siempre hay algo por aprender, pero es mucho mejor si ese hacer no es un hacer por el hacer mismo sino el resultado de un pensamiento autónomo y deliberado. La amenaza está latente entre nosotros: la falta de pensamiento propio.
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