Colaboraciones

Todos los días son el Día de la Madre

El Día de la Madre se celebra en nuestro país cada tercer domingo de octubre. La conmemoración está reflejada en muchos temas de la canción popular.
Agrandar imagen Gardel mira el retrato de su madre, la adoraba.
Gardel mira el retrato de su madre, la adoraba.

El Día de la Madre se celebra en nuestro país cada tercer domingo de octubre. Es costumbre, en esta fecha, compartir la mesa familiar con regalos incluidos y es una conmemoración en recuerdo de todas las madres argentinas y su rol tesonero, importante y sacrificado, reflejado en muchos temas de la canción popular.

La madre argentina es guerrera incansable, luchadora fiel por sus convicciones, forjadora de hombres y mujeres componentes de su familia como lo más preciado de sus vidas. Los poemas por el Día de la Madre suelen ser algo muy especial en nuestro país, generalmente concebidos en tangos, valses y canciones. Algunos autores elaboran frases de su propia inspiración o prefieren inspirarse en poetas clásicos, mientras en el entorno familiar se suele optar por obsequiarle regalos, preferentemente flores que adornen el hogar materno. Ellas atesoran el más mínimo detalle amoroso de sus hijos o nietos, porque en buena parte de la Argentina se mantiene el gusto por la unidad familiar y el respeto a los valores adquiridos en el hogar. No todo es así en estos tiempos de confusión y desvíos ajenos a la tradición, pero es importante y saludable para la unión familiar estar en su día al lado de la progenitora, la mujer cuyas entrañas te acunaron y donde fuiste formado… Un bouquet de flores, una frase sencilla pero llena de amor, una canción de aquellas que hacen recordar a cada madre los días de la infancia de sus hijos, donde ella disfrutaba viendo sus primeras sonrisas y travesuras, suele ser lo más emotivo para cada madre, que desde este espacio homenajeamos y ¡que Dios las bendiga!

SIEMPRE DISPUESTA. La mamá es a quien primero acudimos cuando tenemos problemas. Ella, sin preguntarnos ya sabe lo qué nos pasa y que siempre estará a nuestro lado, en los buenos y en los malos momentos. No importa cómo y en qué forma le rindamos homenaje, lo importante es hacerlo. Ya sea con un beso, un abrazo, haciéndole un poema, un dibujo o ayudarla a preparar lo necesario para la reunión familiar. Lo importante no son los regalos; lo que realmente cuenta es que sepan, en este día tan especial, todo lo que significan para sus descendientes. Por eso, se merecen algo más: que cada día les demostremos cuanto las queremos.

Todos los días son el Día de la Madre, es acertada esa definición, pero desde hace muchos años está determinado en Argentina que el festejo sea en el tercer domingo de octubre de cada año, celebración que se cumplió ayer, domingo 15. También hay que tener en cuenta que las fechas del día de la madre son diferentes en otros países. Si bien es cierto que lo que nació como un homenaje a la persona que nos dio la vida, que nos alimentó, nos cuidó, nos empujó en nuestro incierto andar y nos insufló ánimos para enfrentarnos a las desdichas y los tropezones; también es cierto que se ha convertirse en un pretexto comercial. De todos modos, ¡qué mejor homenaje que hacérselo a la madre!

PRESENTE EN LA MÚSICA. Existen infinidad de tangos, valses y milongas dedicados al ser más maravilloso de la humanidad. Algunas letras encuadran lamentablemente en la cursilería, pero en cambio hay otras poesías de gran valor humano, reconocimientos y también lamentos de arrepentidos de hijos que no han sido buenos con el ser que los trajo al mundo y le hicieron pasar momentos ingratos e inmerecidos. Sobre esta última reflexión recordamos algunas estrofas muy profundas. Casi obligadamente empezamos con un tema emblemático: Pobre mi madre querida, iniciando este recuerdo de composiciones alusivas.

*Pobre mi madre querida/ cuántos disgustos te he dado. / Cuántas veces escondida.../ llorando triste y vencida…/ en un rincón te he encontrado. (‘Pobre mi madre querida’, vals de José Betinotti, 1912).
*Madre.../ de los cabellos de plata/ que en tu regazo sublime tanto me hiciste soñar. / Madre.../ por la que siempre suspiro/ no quisiera verte lejos, / ni ver tus ojos llorar. (‘Madre de los cabellos de plata’ -tango de José Solano).

*Madre.../ Las tristezas me abatían/ y lloraba sin tu amor, / cuando en la noche me hundía/ con mi profundo dolor. / Madre.../ no hay cariño más sublime/ ni más santo para mí, / los desengaños redimen/ y a los recuerdos del alma volví... (‘Madre’, tango de Pracánico y Servetto).
*Hoy vuelves del recuerdo, madre mía/ envuelta en la penumbra del pasado, / trayendo la nostalgia de los días/ que en horas de placer hube olvidado. / Y al ver que fue tu amor, tu amor perdido/ el único cariño sin engaño, / te llora más el corazón vencido / y busca en el olvido tu palabra de perdón. (‘A su memoria’, vals de H. Manzi y A. Sureda).


MADRE MÍA…
Tango
Tu nombre sagrado
es como una estrella,
que alumbra la huella
de mi triste andar.
Por eso en mis noches
de duelos eternos,
cargado de inviernos
te suelo llorar...
Madre mía...!
en mi vida tormentosa,
fuiste la luz milagrosa
que me ha salvado del mal...
Madre mía...!
que me estarás esperando,
mientras yo vivo llorando
por mi destino fatal...
Aunque la distancia
quiere separarnos,
sabemos amarnos
con tierno calor.
Pero sé que un día
como ansiados lazos,
caeré en tus brazos
buscando tu amor...

Letra y música: Eduardo Moreno. Este celebrado autor, que le puso letra al tango Recuerdo (de O. Pugliese) entre muchas obras propias, falleció en 1997, hace exactamente 20 años.
Una historia
La celebración del Día de la Madre es una fecha especial para las familias en el mundo, pero su origen en América tiene una historia que lamentar. Se estima que nació en Estados Unidos en 1908 cuando Anna Jarvis quiso honrar la memoria de su madre Ann Reeves Jarvis, una activista de familias durante la Guerra Civil de Estados Unidos en el siglo XIX. Reeves Jarvis había fundado el Día de la Amistad Entre Madres con el fin de unificar a los bandos de Norte y Sur. La mujer era conocida por muchos como “Mamá Jarvis”. La activista murió en 1905 y su hija comenzó una lucha para que se declarara un día del calendario en su nombre. Una iglesia en Grafton, West Virginia, atendió el pedido con un servicio religioso. Anna Jarvis llevó claveles, que eran las flores preferidas de su madre. La mujer consiguió que el evento fuera apoyado por floristerías y otros comerciantes locales. El presidente Wilson reconoció el Día de la Madre como un festivo nacional a celebrarse los segundos domingos de mayo. Esto desató una oleada de comercialización que molestó a Anna Jarvis, quien inició demandar a compañías que usaran el Día de la Madre en campañas publicitarias. Más adelante, durante la presidencia de Roosevelt, la incansable luchadora Anna llegó a tener disputas con la primera dama Eleanor Roosevelt, que usaba la fecha para campañas de caridad. Anna Jarvis llegó a ser arrestada en 1925 cuando intentó evitar una venta de claveles en el día de la madre y 15 años después sería internada en un sanatorio cuando estaba agotada y sin dinero. Allí moriría en 1948 y los gastos médicos fueron pagados por las compañías de flores y tarjetas de felicitación. Hoy se calcula que en EE.UU. el Día de la Madre mueve unos 20 mil millones de dólares en cada celebración anual.
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