Colaboraciones

Padre e hijo por la misma senda

Dos generaciones de importante aporte al tango: José González Castillo y su hijo Cátulo Castillo.
Agrandar imagen José González Castillo.
José González Castillo.

Este mes muestra una coincidencia en las efemérides tangueras: los fallecimientos de dos celebrados cultores del género en sus distintas facetas están registrados en octubre con tres días de diferencia, obviamente en distintos años. Ellos son José González Castillo y su hijo Cátulo Castillo.

José González Castillo nació en Rosario el 25 de enero de 1885 y falleció en Buenos Aires el 22 de octubre de 1937. Fue un reconocido dramaturgo, poeta, director de teatro, libretista de cine y letrista de tangos que grabaron numerosos intérpretes. Fundó en Boedo la segunda Universidad Popular de Argentina, donde estudiaron miles de alumnos durante más de 20 años. En su homenaje se le dio su nombre a la esquina de San Juan y Boedo, mencionada en el tango Sur, obra cumbre de Homero Manzi. Su padre era Manuel González, un gallego inmigrante que trabajó en Corrientes como cazador y vendedor de cueros; su madre, de apellido Castillo, era argentina. Adepto al ideario anarquista desde muy joven, José fue reportero de un diario rosarino y, ya en Buenos Aires se las rebuscaba como peluquero en el barrio de Boedo. Se inició como dramaturgo en una compañía integrada por panaderos -gremio copado por el anarquismo- y allí estrenó su primera obra: Los rebeldes. Ya siendo conocido su nombre, entre 1906/09 representó varias obras suyas la exitosa compañía de Pepe Podestá, en el Teatro Apolo (Entre bueyes no hay cornadas, El retrato del pibe, Luigi y La telaraña). En 1911, por sus ideas tuvo que emigrar a Chile donde desplegó actividad política y escribió La serenata, logrando el primer premio en el Teatro Nacional. Al regresar a Buenos Aires, desde 1914 produjo una seguidilla de obras y encabezó una compañía tradicionalista que representó en teatro a los célebres personajes: Juan Moreira, Santos Vega y Martín Fierro.

En 1918, José González Castillo estrenó el sainete Los dientes del perro, que marcó un hito fundamental en su carrera. El actor Elías Alippi armó una suerte de cabaret en escena, con actuación en vivo de la orquesta de Roberto Firpo -la mejor del momento- ejecutando tangos, entre los que incluyó Mi noche triste (de Castriota y Contursi) que Gardel ya había grabado. En este sainete la actriz Manolita Poli fue la primera voz femenina en interpretar el que sería un tango inmortal. La obra se mantuvo todo ese año en cartel, con Enrique Muiño y Alippi como principales protagonistas.

LETRISTA DE TANGO. El primero de González Castillo fue ¿Qué has hecho de mi cariño? en 1918, con música de Juan Maglio (Pacho) y que grabó Gardel en 1921. Le siguieron: Griseta (música de Enrique Delfino) y varios con su hijo Cátulo y Sebastián Piana: Sobre el pucho, Aquella cantina de la Ribera y Por el camino (música de José Bohr), más El Aguacero, Papel picado, A Montmartre, Envidia, Bandoneón, Como te quiero, El viejo vals (música de Charlo) y la ranchera El bichito del amor.

Con la letra de Sobre el pucho se afianzó en el género y marcó un nuevo rumbo, logrando el 2º lugar en el concurso de los cigarrillos ‘Tango’. González Castillo describió en sus letras clásicos elementos míticos del género: el callejón, el farolito, el organito, la calle de tierra y el malevo. En el tango Silbando, estrenado por Azucena Maizani en 1923, describió un escenario con mayor vuelo poético y apareció el cabaret en el tango Griseta (1924) usando personajes de novelas y de la bohemia francesa (Museta, Mimí, Rodolfo y Schaunard, Manón y Des Grieux...).

CINE Y CULTURA. González Castillo escribió los libretos de varias películas mudas entre 1915/19: Nobleza gaucha, Resaca, Juan sin ropa, Santos Vega y Fausto, con notable repercusión. Ya en la etapa del cine sonoro escribió los libretos del filme La ley que olvidaron (1938) con Libertad Lamarque y Santiago Arrieta, sumando en 1936 el argumento de Juan Moreira. En 1928, González Castillo y un grupo de visionarios fundaron la Universidad Popular de Boedo, que durante 20 años difundió cultura entre las clases menos favorecidas. Enseñaba un inglés de entrecasa, aprendido en Chile, cuando era corredor de vinos y trataba con ingleses. En 1932, en los altos de un café ubicado en Boedo fundó la Peña Pacha Camac, un centro de irradiadores de cultura de su época, donde se dieron clases de dibujo, pintura, música y declamación.
Cátulo y su amigo Troilo.


VIDA ÍNTIMA. José González Castillo convivió con Amanda Bello (a quien prácticamente raptó de su casa) sin casarse porque la pareja no aceptaba el matrimonio civil. Tuvo tres hijos: Gema (después bailarina en el Teatro Colón), Carlos Hugo y Cátulo. En 1930 Amanda Bello falleció y a su hijo Cátulo el padre pretendió inscribirlo en el Registro Civil con el nombre de: Descanso Dominical González Castillo. Pero como la singular idea no prosperó, lo convencieron que lo anotara como Ovidio Cátulo y así quedó documentado. José González Castillo falleció en Buenos Aires el 22 de octubre de 1937 a los 52 años de edad, dejando un rico y amplísimo legado letrístico para el tango, la comedia teatral y la cinematografía. Sus tangos fueron grabados, desde Gardel para adelante, por calificados intérpretes.
EN LA SANGRE

El hijo, un continuador
Ovidio Cátulo González Castillo fue un reconocido poeta del tango, inspirado en la herencia que le transmitió su padre con quien convivió hasta su deceso. Quiso el destino que Cátulo también dejara este mundo en octubre, sólo tres días antes (en el calendario): el 19 de octubre de 1975, a los 69 años de edad. Cuando el tango volvió a su apogeo (1940/50) sobresalió como letrista junto a compositores destacados, con títulos siempre vigentes como: Tinta roja, el vals Caserón de tejas (ambos con Sebastián Piana); Anoche (con A. Pontier), Una vez (con Pugliese), María y La última curda (los dos con música de Troilo); El último café (con Héctor Stamponi) y. además: Desencuentro, ¿Y a mi qué? (con Troilo), A Homero, Arrabalera, Mensaje y Patio mío. Su letra del tango La Calesita con música de Mariano Mores, inspiró el filme del mismo nombre dirigido en 1962 por Hugo del Carril.

Cátulo pasó parte de su infancia en Chile, donde su padre debió exiliarse y regresó en 1913 a la Argentina afiliándose al Partido Comunista. Tenía 17 años cuando compuso su primer tango (Organito de la tarde), al tiempo que practicaba boxeo, siendo campeón argentino de peso pluma y preseleccionado para las Olimpíadas de Ámsterdam. En 1926 viajó por primera vez a Europa, donde armó y dirigió su propia orquesta. Durante la década del `30 obtuvo una de las cátedras del Conservatorio Municipal Manuel de Falla, siendo director en 1950, cargo con el que se jubiló.

También Cátulo se dedicó al periodismo en diversas revistas, publicó el libro Danzas Argentinas, hizo canciones para distintas películas, escribió el sainete lírico El Patio de la Morocha (con música de Troilo), fue secretario y presidente de Sadaic en distintos ciclos y en 1953 lo designaron presidente de la Comisión Nacional de Cultura de la Nación.

SIMBRONAZO. Con la caída de Perón en 1955, la “Revolución Libertadora” lo despojó de todo lo que Cátulo había conseguido. Su esposa, Amanda Pelufo, se refirió en estos términos a aquella época: “Lo teníamos todo y de pronto nos quedamos sin nada. Cayó Perón, llegó la Libertadora y a Cátulo lo echaron de todas partes. Ya no pudo tener cátedras, ni dirigir Sadaic, ni estar en Cultura. Ni siquiera pudo cobrar sus derechos de autor porque Sadaic fue intervenida. Hasta llegaron a prohibir que se pasaran sus temas por radio. No le perdonaron nada, ni que un tanguero estuviera en Cultura, ni que haya sido el primero en llevar el tango al Colón… Vendimos todo y nos recluimos”.

ETAPA FINAL. Cátulo recomenzó a escribir poesías y guiones radiales, trabajando en Sadaic. Publicó la novela Amalio Reyes un hombre, que llevó al cine Hugo del Carril y Prostibulario, mientras se carteaba con Perón. La obra cultural de Cátulo Castillo resulta indiscutible por el éxito de sus tangos, su defensa de los derechos de autores y el reconocimiento de la Comisión de Cultura de la Nación, entre otros logros. Ya con menor enjundia y deprimido físicamente, en 1974 recibió el galardón de Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. Al año siguiente, el 19 de octubre de 1975 y con 69 años de edad fallecía este grande de la cultura popular, cuyo nombre se repite en la interpretación vigente de sus más famosos tangos.
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