Colaboraciones

Lesa Humanidad

Perplejidades y cuestiones. Cuando se habla de crímenes de lesa humanidad, i. e., de las injurias que laceran a la Humanidad, ¿qué norma o Ley es la que se quebranta y violenta?
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¿Por fuera de los pactos constitucionales, alguna ley del Derecho Positivo o un tipo bien determinado del Código Penal? ¿Qué sería lo criminal o cuáles serían las injurias que lacerarían a la Humanidad? ¿Con qué tipología de la acción social se dejan describir mejor esas acciones que son llamadas crímenes de lesa humanidad, v. g., la “aniquilación” y el “exterminio”? ¿Hay una ley que manda y obliga jurídicamente al respeto, la protección y la defensa de la Humanidad como un “bien jurídico”, que de violarse, merece el reproche penal, la activación de la maquinaria carnicera estatal del ius puniendi? Más aún: ¿existe una ley que mande a respetar la dignidad humana, la dignidad de ser-hombre, de modo que su transgresión pudiera significarse como un posible crimen laesae maiestatis?

Se sabe que la voz “humanidad” expresa una idea helenística estoica, resignificada en términos romanos y latinos. Ahora bien, cuando se habla de crímenes y de injurias contra la Humanidad, ¿qué queremos significar y cuál es el sentido del sintagma? Quien habla de Humanidad, ¿puede evitar el ecumenismo, el cosmopolitismo, el internacionalismo, la universalidad, la igualdad en el reconocimiento (Anerkennung)? Ante todo y dado que cuando se habla de ley, de violaciones a la ley, de crímenes y de injurias todo parece más comprensible, cuando hablamos de Humanidad, ¿a qué nos referimos, i. e., cuál sería el referente? ¿Acaso sería otro simple y problemático “colectivo singular” más o menos ideológico (Kollektivsingular) y nada más que eso? ¿Acaso nos hallamos ante un concepto “metafísico” como el de “naturaleza humana” (quizá pensable pero nunca cognoscible), uno de esos “universales” odiados por todo positivismo nominalista, incluido el iuspositivismo? ¿Acaso empero nos referiríamos al conjunto de los seres humanos de carne y hueso, incluso los del pasado y los posibles del futuro, i. e., una comunidad “ideal” de acciones y palabras? ¿O acaso al conjunto de las “personas”, personas o sujetos como sujetos humanos y, por tanto también, como sujetos de derechos? ¿O acaso, cuando hablamos de la Humanidad -al hablar de crímenes de lesa humanidad-, no estamos hablando, como cuando lo hacemos acerca de los Derechos Humanos, i. e., de normas o valores, más precisamente, de “normas postconvencionales”? ¿Acaso, en fin, existe contradicción entre estas posibles formas de entender la Humanidad, de modo que fuera posible considerar las relaciones empíricas entre seres humanos como sustraídas de la moral y de la Ética?

Por último: si consideráramos racionalmente fundada y normativamente justificada la norma oriunda del Humanismo, homo homini Deus, i. e., que los hombres son sagrados para los hombres, que los pueblos son sagrados para los pueblos, que el Hombre es el Ser Supremo para el Hombre, frente a los crímenes de lesa humanidad, ¿no nos hallaríamos ante un sacrilegio o una profanación? Quien perpetra crímenes de lesa humanidad, ¿no ha humillado y ha violado una norma aun superior incluso al mismísimo “contrato social”, v. g., la del recíproco “reconocimiento” (Anerkennung)?
Fenómenos o datos
¿No son peores y mayores (no cuantitativa, pero sí cualitativamente) los crímenes perpetrados por el Estado terrorista que aquellos cometidos “industrial y burocráticamente” por el nazismo, i. e., no son más in-humanos y aberrantes? ¿Fenomenológicamente, ante qué nos hallamos, cuando una banda de esbirros y de facinerosos cobardes se conjuran furtivamente, primero para programar, luego para ejecutar y en fin para ocultar dolosamente un minucioso plan sistemático de crímenes de múltiple naturaleza; cuando planean y ejecutan un “genocidio” ; cuando con la complicidad de otros facinerosos que “liberan una zona”, un autodenominado grupo de tareas (criminales) detiene ilegalmente, i. e., sin orden judicial y clandestina-mente, y así secuestra a uno o varios ciudadanos, i. e., sujetos de derecho; cuando hasta se les hurta y se les roba sus bienes y sus propiedades personales; cuando al secuestrado o a la secuestrada se los golpea, lacera, sodomiza, viola, i. e., cuando se los atormenta por odio, perversidad o pura sevicia, o para que hagan o digan algo que no tienen la voluntad moral ni la obligación jurídica de hacer o decir; cuando frenéticamente a mujeres embarazadas, tras secuestrarlas, se vejan, violan y sodomizan y luego se las hace parir clandestinamente y, tras su asesinato, se apropian de sus hijos y se los distribuye furtivamente; cuando se los tortura inhumanamente según patrones científicos y técnicos cuyo fin es des-humanizar; cuando se los veja y tortura para reificarlos o cosificarlos, i. e., cuando se pretende someter a un sujeto humano al proceso mecánico causa/efecto, para que el torturado se comporte involuntariamente como una cosa que funciona y produce los efectos deseados por ese torturador que quiere volverse causa mecánica de aquéllos; cuando tras drogarlos se los asesina echándolos vivos al río o al mar o cuando hacen “asados” con sus cadáveres o cuando se los entierra como NN en fosas comunes y todo esto se perpetra clandestinamente diciendo que han “desaparecido”; cuando ante lo siniestro (das Unheimliche) y ante el hecho perpetrado de acciones siniestras e inconfesables, se ven en la necesidad psíquica de recrear y de crear una jerga abyecta y un léxico semánticamente abyecto, v. g., chupar, chupadero, parrilla, asado, guerra, traslado, vuelo, etc.; cuando dando continuidad a sus delitos, no suministran las listas de las víctimas de sus crímenes y la de los niños secuestrados; cuando no pueden humanamente declarar con orgullo y abiertamente ante un público potencialmente universal de la Humanidad toda, lo que dicen que son “acciones de guerra”, de las que deberían poder enorgullecerse; cuando los curas bendicen las picanas y las acciones criminales, justifican los tormentos y los asesinatos, y convencen a los sicarios de que son parte de una “guerra santa de Cristo contra el Demonio”; cuando en la locura se autocomprenden como soldados de una “guerra sucia” y se autodenominan “cruzados” de una apócrifa “civilización occidental y cristiana” sólo existente en sus cabezas enfermas; cuando con criminal contumacia no manifiestan remordimientos ni la más mínima insinuación de arrepentirse y, por el contrario, con toda probabilidad volverían a secuestrar, violar, torturar, asesinar y hasta hurtar y robar furtivamente; cuando se presentan como víctimas y abusan de las garantías constitucionales del Estado de Derecho, como antes abusaron de la fuerza y la violencia; cuando no pueden mirar a los ojos ni a sus parientes ni a sus íntimos, confesando lo inconfesable? Es sabido que el hipotético “contrato social”, cuya metáfora es la Constitución, supone la igualdad en el reconocimiento (Anerkennung), la libertad, la conveniencia y la igualdad de las partes contratantes; es sabido también que el contrato social podría disolverse voluntariamente o que se disuelve de facto volviendo los hombres al Estado de Naturaleza, incluso a la guerra de todos contra todos, ¿no estaríamos ante una violación normativa mayor que el quebrantamiento del contrato social, pues hasta la guerra supone el reconocimiento del otro como humano (Anerkennung)?
Fracaso
Ante los crímenes de lesa humanidad, i. e., ante la voluntad consciente de perpetrarlos, nos hallamos ante un fracaso. Se propusieron des-humanizar, volver in-humanos, transformar en cosas, en materia inerte, cuya resistencia a la causa eficiente es la propia y específica del material que se trata técnicamente. No sólo no debieron actuar así por imperativos morales y jurídicos, sino que no se puede técnicamente. No eran cosas: unos resistieron; otros se suicidaron; otros se quebraron; otros murieron no por causa de la naturaleza. Frente a la voluntad cosificadora y reificante la reacción fue humana. Ni los cadáveres son cosas: son cuerpos humanos muertos, que siguen siendo humanos. Los “desaparecidos” reaparecen, no sólo de manera espectral como quiere el poeta, sino materialmente y sobre todo como reproche jurídico y moral.
¿Impunidad?
Sabemos que hasta la mismísima ley “edilicia” del 2x1 distinguía entre prisión y reclusión para administrar lo “benigno”; también excluía al narcotráfico. Sabemos, empero, que la Constitución (i. e., los pactos) prescribe que son crímenes imprescriptibles, extraterritoriales y que no son amnistiables ni indultables. ¿Es suficiente? ¿Es eso proporcional a la naturaleza del crimen? Sabemos además que la heroica Democracia de 1983, que se atrevió a juzgar a los crímenes inhumanos, debió refundar y hallar una justificación normativa original y originaria para juzgar al “mal radical” y al “mal absoluto” (Nino). Tras el fallo de la Corte y ante el que se avecina, ¿no nos hallamos en análogas circunstancias excepcionales?

Pero sobre todo sabemos normativamente que el Estado de Derecho no tiene prerrogativas por fuera de la Ley; que debe devolver justicia a las injurias y a las injusticias perpetradas; que debe respetar la humanidad y los Derechos Humanos aun de quienes los han humillado y criminalmente perpetúan aun hoy la humillación; que el Derecho Penal pena acciones y no sujetos; en fin, que tiene prohibida la venganza.

En fin, sabemos históricamente además que los crímenes de lesa humanidad son “crímenes de Estado”, perpetrado sistémicamente por el Estado de clase y sus agentes, que tienen el “rol decisivo en una organización delictiva”, i. e., se trata de “crímenes de Estado” en su faz oculta del Criptoestado. Más precisamente: han sido perpetrados por esbirros, por sicarios que “indebidamente” han obedecido a instigadores y criminales “de escritorio”, de “autoría mediata”, que tenían “el dominio del hecho”, y que hasta ahora están impunes, pues al decir del sociólogo del Derecho, Martín Fierro, la ley es como el cuchillo, no ofende a quien lo maneja.
La dignidad del sujeto
Ahora bien, ¿qué significa ser-hombre? Ser-hombre es, en primera instancia, poder decir y decirse yo soy yo, i. e., I am I, je suis je, y luego it's me, c'est moi: sujeto de acción y de palabra, i. e., sujeto de la acción social y de los actos de habla. El Yo del hombre –y el fundamento de su “dignidad”– es el no ser-cosa, sino en ser-actividad autónoma, espontánea, auténtica (Cf. enérgeia, actus, Tathandlug); de ahí que merece reconocimiento y respeto. Pero, simultáneamente el sujeto no sería tal, si no se pudiera presentar intersubjetivamente como responsable de sus actos y de sus palabras, diciendo enfáticamente it's me, c'est moi. Libertad y Razón: no sólo ser, sino también consciencia y autoconsciencia: sujeto y no cosa. La subjetividad del sujeto, la humanidad del hombre, no es sólo el resultado evolutivo de la especie homo, sino una conquista lingüística, intelectual, moral y política de la especie: la humanidad del hombre es (sein) o, mejor y sin contradicción, debe ser (sollen) un fin moral, nunca un medio para nada; un fin para un posible reino de los fines como Ideal regulativo o hipótesis práctica. De ahí que los hombres no tengan “esencia”, sino historias: Libertad y Razón son conquistas que como tales, han sido ganadas, pero que también pueden perderse, dado que las conquistas evolutivas humanas (como el Estado de Derecho) pueden caer en abismos morales más inhumanos –como ya ocurrió– peores que la guerra.

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