Colaboraciones

La filosofía abriendo las rejas del encierro

Reflexiones de un grupo de estudiantes de la UADER en el marco de un taller de filosofía en la Unidad Penal Nº 1 de hombres “Dr. Juan José O’ Connor”.
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Este artículo es la experiencia de un grupo de tres estudiantes de Filosofía (me incluyo) de la Universidad Autónoma de Entre Ríos que vienen realizando en la Unidad Penal Nº 1 de hombres “Dr. Juan José O’ Connor” de Paraná un taller de filosofía. Dicho taller se desarrolla en encuentros semanales los viernes en el horario de 8.30 a 10.30 con la participación de ocho estudiantes privados de su libertad. El objetivo principal es que los estudiantes puedan adquirir/aprehender conceptos filosóficos fundamentales para pensar por un lado su situación de cárcel y por el otro el contexto sociopolítico actual. Las nociones estudiadas son por ejemplo las de Poder, Subjetividad, Derecho, Autonomía, Libertad, entre otras.

En un diálogo multidisciplinario, ya que se vinculan asuntos del Derecho Penal, la Sociología, la Ética o la Política, damos respuestas a las grandes preguntas filosóficas atendiendo a la vida cotidiana. ¿Qué es el bien? ¿Cómo sabemos que un acto es bueno? ¿Qué es la justicia? ¿Por qué un acto es injusto? ¿Existe la normalidad? ¿Es la ley la solución a los problemas sociales?

Todas son inquietudes que buscan respuestas en las reflexiones de aquellos que fueron más allá de la ley, más allá de las construcciones sociales sobre el delito.

Un estudiante que se sumó recientemente al taller dio cuenta de su interés en las siguientes palabras textuales: “Mi motivación para venir al taller de filosofía es porque siempre me ha gustado estudiar filosofía, ya que en ocasiones he leído sobre Platón, Sócrates y algunos más. Espero algún día aprender mucho sobre estos maestros y la filosofía. Desde ya le agradezco a sus amables profesores al llegar aquí para enseñarnos”.

Este hecho da cuenta de la necesidad de talleres culturales en las unidades penales, talleres donde se involucren los pensamientos de las personas privadas de su libertad con la formación académica de los profesores a cargo. Ser docente en contexto de encierro es posicionarse no como juez sino como “animador cultural” que viene a ofrecer herramientas conceptuales para habilitar nuevas formas de socialización. El derecho a la educación en las cárceles permite que los estudiantes se conecten con la cultura, con la palabra, con el conocimiento, para intervenir en lo social ya que tal lo anticipó Michel Foucault “el conocimiento es poder”.

PARA QUÉ SIRVE.
Enseñar filosofía en los contextos de encierro es desmantelar los mecanismos ocultos de poder, es atentar contra el sentido común social que dice “los presos tiene que morirse en la cárcel, son un gasto para la sociedad, no tienen cura”.

La filosofía subvierte los órdenes dados (normales), desacomoda lo acomodado, es una disciplina que provoca e incómoda, su tarea es hacer de la estupidez algo insoportable, diría Gilles Deleuze.

Ahora voy a transcribir textualmente las palabras con las cuales los estudiantes que participan del taller respondieron a la pregunta ¿Para qué te sirve el taller de filosofía?

Estudiante 1: “Me ayuda a pensar. Pensarse es útil por algo muy sencillo pero muy superador que es el hecho de que al entenderse un poco más también se colabora a entender la realidad cambiante en la que se vive. La amplitud del pensar supera casi todas las limitaciones”.

Estudiante 2:
“Es interesante porque te enseña en parte a entender cómo ubicarnos en el contexto social en el que vivimos. Ayuda a abrir la mente y tener otro contexto sobre la vida. Sin pensamiento no llegamos a nada en un futuro, pensando orientamos nuestras ideas más allá de lo que somos como seres humanos”.

Estudiante 3: “El taller me parece muy interesante, se aprende a ver las vivencias desde otros puntos de vista. También permite brindar nuestras propias conclusiones, es muy productivo”.

Estudiante 4: “El taller de filosofía es un lugar donde se puede dialogar, me sirve para pensar, analizar, reflexionar, hacerme una autocrítica. Me sirve para comunicarme con los compañeros y los profesores, me lleva a la búsqueda de la verdad, a tomar conciencia de la ética”.


Estudiante 5: “En el contexto de encierro en el cual nos vemos involucrados, el taller de filosofía nos brinda una herramienta muy útil porque nos da la perspectiva de poder analizar con otro punto de vista nuestra situación”.

Estudiante 6: “El taller de filosofía me ha ayudado en lo personal a poder prever mis errores y a concientizar mi realidad. Encontré que me ha sido importante para encontrar el origen de las problemáticas y reflexionar acerca de que existen múltiples caminos positivos. Me ha ayudado a elaborar desde distintas ópticas las realidades sociales y a repensar las cosas y las acciones, a adoptar hábitos que me ayuden a ser mejor persona y a ser un poco más tolerante con todo mi entorno. Cuando me sumerjo en los distintos ítems sugeridos encuentro múltiples soluciones a cada caso tratado y esto me demuestra que las salidas a situaciones difíciles son ilimitadas por donde se las busque”.

Los integrantes del taller tenemos como meta que los estudiantes se queden con una idea, con una palabra, con una inquietud, con una duda, con un sueño, con un deseo, con cualquier elemento que les permita afrontar la vida de otra manera. La filosofía en la cárcel se hace carne, se hace humana, se convierte en acción social donde el detenido grita sus sueños y también sus errores.

EN LA VIDA DIARIA. Como la filosofía no es más que la pregunta sobre la vida del hombre, esta letra de una canción de Silvio Rodríguez nos sumerge en la idea de que toda persona (también un detenido) en su vida diaria hace filosofía: “¿a dónde van las palabras que no se quedaron? ¿a dónde van las miradas que un día partieron? ¿acaso flotan eternas, como prisioneras de un ventarrón? ¿o se acurrucan, entre las rendijas, buscando calor? ¿acaso ruedan sobre los cristales, cual gotas de lluvia que quieren pasar? ¿Acaso nunca vuelven a ser algo? ¿acaso se van? ¿y a dónde van? ¿a dónde van? ¿en qué estarán convertidos mis viejos zapatos? ¿a dónde fueron a dar tantas hojas de un árbol? ¿por dónde están las angustias, que desde tus ojos saltaron por mí? ¿a dónde fueron mis palabras sucias de sangre de abril? ¿a dónde van ahora mismo estos cuerpos, que no puedo nunca dejar de alumbrar? ¿acaso nunca vuelven a ser algo? ¿acaso se van? ¿y a dónde van? ¿a dónde van? ¿adónde va lo común, lo de todos los días? ¿el descalzarse en la puerta, la mano amiga? ¿a dónde va la sorpresa, casi cotidiana del atardecer? ¿a dónde va el mantel de la mesa, el café de ayer? ¿a dónde van los pequeños terribles encantos que tiene el hogar? ¿acaso nunca vuelven a ser algo? ¿acaso se van? ¿y a dónde van? ¿a dónde van?”.


*Alumno de Filosofía de la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Uader.
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