Colaboraciones

Cuando los gallos solían inspirar tangos

Juegos macabros: costumbres de tiempos pasados y prohibidos.
Agrandar imagen Celedonio Flores y Pedro Maffia.
Celedonio Flores y Pedro Maffia.
Pobladores del Buenos Aires de antaño eran aficionados a las riñas de gallos, que fueron un medio de vida para mucha gente. La música popular en particular el tango y sus derivados reflejaron en sus letras esta particular y violenta pelea en circo armados para el regocijo y el juego por plata, que se extendió a varias provincias argentinas.

Personajes de influencia social y política se dedicaron a la cría de gallos y su adiestramiento para una finalidad primordial: ganar dinero a costa -en algunos casos- de la muerte de uno de los contendores, estimulados para cada batalla. En los patios existían grandes jaulas hechas con cañas, en las que estaba el luchador encerrado con una compañera. El gallo era preparado para la lucha con un régimen dietético reglamentado por leyes severas y basado en principios científicos. En una balanza de precisión se pesaban los alimentos y luego a los animales. La cría y preparación de gallos de pelea provocaba entre la gente del suburbio una especial admiración. La limpieza, mantenimiento y preparación para la pelea la realizaba el dueño del animal. El entrenamiento era riguroso y el tiempo se controlaba con cronómetros, vigilando los saltos y los golpes con otro gallo. Los espolones estaban cubiertos con guantes de estopa o con una camisa de cuero, para que no pudiera herir. Según el comportamiento observado en estos simulacros, se calculaba el valor del candidato y se elaboraban planes sobre el porvenir o se vivía la desilusión más profunda.

Reñideros. Los gallos competentes eran llevados al reñidero, un teatro público por el que se pagaba una elevada patente anual. Se administraba de acuerdo con el Reglamento Oficial para Riñas de Gallos. Uno de los reñideros más importantes estaba ubicado en la calle Venezuela y Chacabuco y, en los días de reunión, se enarbolaba una bandera roja con dos gallos pintados. Se entraba por un zaguán que daba a un patio, en donde se instalaba un puesto que vendía refrescos solamente. En los fondos de la casa se encontraba el semiteatro con un redondel central. Tenía dos entradas, por las que se ingresaba a los gallos. Rodeando la pista se encontraban las plateas, los palcos y gradas altas, de acuerdo con lo que podían pagar los concurrentes. En la segunda fila se sentaba el juez, quien desde allí, dominaba la pista con toda claridad y movía una campanilla para dirigir la pelea. Antes de comenzar la riña, los gallos se pesaban en público y se informaba a los asistentes, en procura de que los contendientes fueran semejantes en tamaño y peso. Las armas eran los espolones naturales, u órganos postizos de latón o plata. El profundo silencio inspirado por la lucha, era interrumpido por los gritos de las apuestas, que eran sagradas. A medida que variaba la situación de los contendientes durante la lucha, las apuestas se modificaban. La riña duraba hasta la muerte de uno de los combatientes o hasta que uno de ellos cedía el campo y escapaba por una salida, siempre abierta, ubicada en una esquina de la arena. Al final se colocaban las plumas ensangrentadas en el centro del anfiteatro. Al coraje de los gallos, los ricos jugaban a veces enormes sumas mientras los pobres, lo hacían por unos pocos pesos. Las riñas de gallos fueron prohibidas por pedido de la Sociedad Protectora de Animales, en aquel Buenos Aires que se fue.
El tango. Existe una larga lista de tangos cuyos títulos nos hablan de gallos y gallinas que, además de las riñas, abordan distintas temáticas que motivaron a autores y compositores famosos a escribir y musicalizarlos. Mencionamos algunos títulos: ‘Bajá el gallo’ (de Ernesto de la Cruz y Manuel Alba); ‘Cacareando” (Delmiro Pereyra y Rodolfo Sciammarella); ‘¿Dónde está mi gallo?” (de Alberto Díaz); ‘El gallo’ (de Jorge Rica); ‘El gallito’ (de Roberto Firpo); ‘El gallito malevo’ (de Javier Mazzea y Joe Ríspoli); ‘En la cancha se ven los gallos’ (Antonio Corrado y Mariulo); ‘Gallo blanco’ (José y Adolfo Cáceres); ‘Gallo ciego’ (tango instrumental de Agustín Bardi); ‘Gallo de lata’ (Alberto Raval y Andrés Chinarro); ‘Gallo viejo’ (Juan Noli y Enrique Dizeo); ‘Gallo viejo’ (Francisco Bohigas y Enrique Cadícamo) y, con el mismo título hay dos tangos más: de Manuel Campoamor y el otro de E. Grimbercito; ‘Quiero ser gallo’ (de Juan Gabino Piñeyro); ‘Sin plumas y cacareando’ (de Antonio Fizziani); ‘Ya canta el gallo’ (de Ricardo Arancibia Rodríguez); ‘Caldo de gallina’ (de Ángel Pastore); ‘Gallineta’ (César Zagnolli y Federico Silva); ‘Gallinita’ (de Marcos Brizzio Córdoba); ‘Gallinito’ (de Tomás De Bassi); ‘La gallina’ (de Juan Mallada); ‘La gallina papanata’ (de Anselmo Aieta); ‘La gallineta’ (de Carlos Nasca); ‘La gallinita’ (de Vicente Loduca) y ‘Pucherito de gallina’ (de Roberto Medina).

Fuente: Luis Alposta
Obsequio
Cuentan que antes de la Guerra del Paraguay, Bartolomé Mitre obsequió al General López con dos hermosos gallos de riña, adornados con cintas argentinas, a los que había bautizado con los nombres de ‘General San Martín’ y ‘General Belgrano’. De esos gallos se dice que murieron muy viejos y sin perder riñas. Y un gallo que no se quedó atrás ha sido, seguramente, el que le inspiró versos a Celedonio Flores, que dedicó a su amigo gallero, Juan Manuel Díaz y que, posteriormente, fueron musicalizados en tiempo de tango con el nombre de ‘Pobre gallo bataraz’. No confundir con el estilo del mismo título que compuso Pedro Maffia.
Enigma
Gallo Ciego era un macabro y tradicional juego de origen europeo (típico de la zona vasca) que fue modificado para adaptarse a las costumbres locales. En un patio se cavaba un hoyo en el que se colocaba un gallo vivo al que se lo cubría con tierra, dejando fuera sólo su cabeza. Sucesivamente se vendaban los ojos a los concursantes (colocados a unos cinco metros del gallo) y se le entregaba un palo a cada uno para que golpearan la cabeza del animal. El que lograba acertar era declarado vencedor y se le entregaba el gallo muerto como premio. Parece más que espantoso pero, en fin... se trata de respetar costumbres y culturas. La pregunta del millón sería: ¿Qué clase de inspiración tuvo un autor de la estatura de Agustín Bardi cuando compuso un tango con el nombre de ‘Gallo Ciego’? Resultó una de sus principales obras, que inmortalizó en el disco Osvaldo Pugliese con su orquesta el 23/7/1959. No existe letra sobre este tango.
Pobre gallo bataraz
Tango Estilo – 1920

¡Pobre gallo bataraz!
Se te está abriendo el pellejo,
ya ni pa’ dar un consejo
como dicen, te encontrás,
porque estás enclenque y viejo
¡Pobre gallo bataraz!

Pero en tus tiempos ¡Cuidao!
Con hacer bulla en la siesta,
se te paraba la cresta
y había en la arena un finao
y siga nomás, la siesta
porque en tus tiempos ¡Cuidao!

Si en los días de domingo
había depositada,
ya estabas de madrugada
sobre el lomo de mi pingo.
¡Había que ver tu parada
pocas plumas, el domingo!

Era de larga tu espuela
como cola de peludo
y a más de ser entrañudo
eras guapo sin agüela,
porque hasta el más corajudo
sintió terror por tu espuela.

Y si escaseaba la plata
o andaba medio tristón,
entre brinco y reculón
me picabas la alpargata,
como diciendo: “Patrón
ya sabe si anda sin plata”...

¡Pobre gallo bataraz!
Nunca te echaré al olvido,
pimentón y maíz molido
no te han de faltar jamás,
porque soy agradecido
¡Pobre gallo bataraz!

Letra: Adolfo Carlos Herschel.

Música: Gardel – Razzano.

Grabaciones: Carlos Gardel con el guitarrista José Ricardo (1920) y con Aguilar, Barbieri y Riverol el 29/4/1930. También lo registraron Roberto Goyeneche con acompañamiento de orquesta y Rubén Juárez con Roberto Grela, en 1977.

Estribillo: la orquesta de Ángel D’Agostino grabó en tiempo de tango ‘Pobre Gallo Bataraz’ (sello Víctor el 7/4/1942) con música de Pedro Maffia, pero no con la letra antes referida sino con un estribillo escrito por Celedonio Flores, que cantó Ángel Vargas (El Ruiseñor) y que dice así: “Parece que vos también/ estás mal del corazón,/ tal vez por combinación,/ también hayas sentido/ mi gran desesperación./ Andás callado y tristón/ No comés y no cantás,/ en fija que la extrañás,/ por eso estás tan triste/pobre gallo bataraz”.
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